miércoles 14/4/21

Las cosas claras

Sacerdote de la zona de Fabero y valle de Fornela

El 15 de agosto es la fiesta de la Asunción de la Virgen. Día grande en tantos pueblos y ciudades; día muy grande en este valle de Fornela en torno al santuario de Nuestra Señora de Trascastro. Día de fe y devoción, de tradición y danzas, de fiesta y jolgorio, de fortalecer relaciones de vecindad y amistad; día de acogida de devotos y visitantes, etcétera. Este año todo afectado por la situación pandémica que nos toca vivir.

15 de agosto de 2020. Día para mí de mucha pena y tristeza. El más triste de mis 37 años como sacerdote. Después de once días de dormir menos (casi nada), rezar más (falta me hace) y reflexionar mucho, muchísimo, redacto y envío una carta al director del periódico en el que el pasado día 4 de agosto se me ha insultado gravemente, ofendido, difamado, calumniado, mancillado, etcétera. Soy conocedor de la larga historia de desencuentros y enfrentamientos, casi cruentos en alguna ocasión, que han padecido pueblos de este valle por motivos relacionados con el santuario, la fiesta del 15 y las ancestrales danzas. Era conocedor por cercanía vecinal, por amistad con varios protagonistas, alguno ya fallecido; y ahora, por ser el sacerdote del valle y escuchar a la gente y estudiar la documentación existente. Por ello, cuando después de las celebraciones de mis dos primeros años, me preguntaban ¿qué tal había ido todo? Yo respondía: firmo porque sea así para siempre. ¡Qué ingenuo, Eugenio! ¡Qué ingenuo!

Desgraciadamente, en mi tercer año, apareció un maldito virus que ha sembrado de dolor y muerte la humanidad. Un virus que nos ha cambiado la vida a todos. Un virus que sigue teniéndonos sumidos en el miedo y la angustia. Este año las celebraciones festivas han sido suprimidas en todos los lugares. Como no podía ser de otra manera, nuestras autoridades locales hicieron lo propio, suprimiendo todos los actos de su competencia.

Y, ¿el cura? ¿En el guindo? Pues el cura había programado celebrar tres eucaristías (otros años eran cuatro) los días 15 y 16, para que unas poquitas personas que ya están en el valle y que quisieran celebrar su fe y, especialmente su devoción a la Virgen, en días tan señalados, pudieran hacerlo. Celebraciones, como ya estamos haciendo en el santuario desde primeros de julio y en otras parroquias desde el primer día en que el proceso de desescalada nos lo permitió: con el aforo limitado (sesenta personas) y señalado como todos ya sabemos y cumpliendo las demás normas de prevención sanitaria. Y, también, haciendo una desinfección después de cada celebración. Todo esto fue explicado de palabra y puesto por escrito en los tablones de anuncios de varias parroquias el día 25 de julio. En ningún caso iba a ser una romería, como otros años, con gentes venidas de otras comarcas (que no iban a venir, porque la gente responsable ya sabe cómo están las cosas). No había rosario en el exterior, ni venta de objetos de recuerdo, (únicamente si alguna persona quería una vela la tendría que coger ella misma de las cajas) ni novena, ni procesión, ni loas… Nada.

El virus que causa la covid-19, parece que también atacó (yo no me enteré) a este pobre e indefenso sacerdote. Gracias a Dios y a la Virgen de Trascastro gozo de buena salud y, salvo esporádicos catarros, no suelo estar enfermo. Pero los días 7 y 8 de febrero (sí, de febrero) me encontré mal y tuve que ir a urgencias el día 8. Gastroenteritis, me dijeron. Pero a finales de mayo, cuando los sacerdotes de la diócesis nos hicimos la prueba, resultó que yo había pasado la enfermedad y tenía anticuerpos. En las últimas fechas otros virus me han atacado. Para éstos solo tengo los anticuerpos de la verdad. El virus de la desinformación (muchas veces interesada), el virus del trasnochado anticlericalismo, con todos sus ridículos tópicos (otra cosa es la crítica racional a todo lo malo y negativo de lo que, desgraciadamente, en la iglesia tenemos bastante) y el virus de la maldad. Un mal que algunos causan inconscientemente, un mal que para otros parece ser la fuente de su felicidad y el sentido de su vida. Uno puede ser licenciado en historia o tener una industria nabal, como mi abuelo; ser rojo, azul, verde, morado, naranja…; ser ateo o creyente; ser monárquico o republicano, o ninguna de las dos cosas… lo importante es vivir en la verdad. Y si el ser o pertenecer a cualquier opción te impide alcanzar este objetivo, mejor dejarla.

El fuego de los virus enumerados anteriormente alimentado con la mala leña de algunos, sobre todo en alguna red social, desencadenó que el regidor del municipio se lanzara al vacío buscando la solución al inexistente problema en la Subdelegación del Gobierno, a la par que en su periódico (dos artículos del martes 4 a la 1.32 horas) se vertían sobre mi insultos muy graves y acusaciones tremendas, alguna hasta podría ser denunciable. Insultos y acusaciones que dan por supuesto una conversación anterior entre el alcalde y el párroco. Conversación que nunca ha existido.

Si a estas alturas, a alguien le queda la duda de que soy un irresponsable o me creo por encima del bien y del mal y que en mi obrar ha habido cualquier otra oculta o mezquina intención, me rindo. Espero pocas peticiones de perdón, porque pedir perdón está al alcance de pocos. Sí espero más de una rectificación.

Si al periodista correspondiente, a la redacción y dirección del diario de León le preocupara mínimamente el daño que se puede hacer a una persona o en su línea editorial tuviera cabida, total o parcialmente, el título de este escrito, igual hasta hubieran hecho el sobrehumano esfuerzo de levantar un telefóno para contrastar con la otra parte antes de publicar. Los dos artículos de referencia, especialmente leídos en la distancia y sin un mínimo conocimiento de las circunstancias y de las personas, habrán llevado a más de uno a imaginarse una irrisoria lucha de poderes o una versión actual y Fornela de don Camilo y Pepón. Nada más lejos de la realidad. En los casi tres años que llevo como sacerdote en Fornela mi relación con Vicente ha sido muy cordial, ni el más mínimo roce, y, por mi parte agradecido porque ha colaborado magníficamente, cuando, como alcalde, le he solicitado ayuda para algunos temas de los pueblos. Entiendo la preocupación de Vicente, la tenemos todos, yo también la tengo, pero creo que ha puesto el punto de mira de su preocupación en el lugar equivocado, y se ha pasado tres pueblos, mejor siete pueblos, los siete pueblos de Fornela.

Las cosas claras
Comentarios