miércoles. 08.02.2023

Nunca fueron buenas, y ahora menos. Pero especialmente son malas si se tiene un volante entre las manos, porque las posibilidades de sufrir un accidente o de cometer alguna irregularidad (no sólo más o menos punible, sino que de ella se deriven daños) aumentan de forma alarmante.

En los últimos años ha disminuido sensiblemente el tráfico, sin duda a causa de la crisis y del elevado precio de los carburantes, lo que se nota en el día a día de las ciudades, pero muy especialmente en las carreteras. Esa creo yo que es la causa de que haya disminuido tanto el número de muertes en las vías interurbanas, porque logicamente si hay menos coches circulando también se reducen las posibilidades de accidente. Por desgracia no somos tan cívicos como para que una campaña de la DGT nos induzca a levantar el pie (de eso se valen también los cazamultas y radares) o a imprimir a nuestra conducción ademanes versallescos.

Pero volviendo con el tema que me preocupa, lo cierto es que en los últimos meses he sido protagonista de tres altercados que no han llegado a más gracias a que frené para dejar pasar al que tenía que esperar pero no le daba la gana hacerlo.

Curiosamente en las tres ocasiones ha ocurrido en una rotonda, por lo que quiero conjurar desde aquí el posible maleficio. Imaginen que llegan a una rotonda y esperan para salir a la misma a que pasen los vehículos que vienen por su izquierda porque ya estaban girando en dicha plaza. Cuando dejan de venir salen ustedes y al llegar a la siguiente intersección creen que los vehículos que están en ella le dejarán pasar, como usted hizo antes y como manda el Código de Circulación. Pero resulta que un conductor con mucha prisa (imagino) sale y no le deja pasar a usted, que tiene que frenar con el consiguiente riesgo si viene otro vehículo detrás. En las tres ocasiones tuve suerte y nadie me seguía, porque se hubiera estampado contra mí, al no esperar que yo frenara cuando estaba girando en una rotonda.

No sé lo que me durará la suerte, ni las prisas que tendrán los conductores con los que me cruzaré en el futuro, pero creo que deberíamos recapacitar un poco sobre las prisas, y aquí tengo que entonar el mea culpa, porque soy la primera que siempre va a la carrera. Pero ¿de verdad pasa algo si perdemos tres segundos para dejar pasar al que le corresponde?

Las prisas
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