jueves 9/12/21

¡Cuánta certeza muere por pura inanición!, cual si fuéramos arte y parte externa de lo sacro-santo en nuestro propio e intangible pensamiento individualizado e indivisible, y cuántos de nuestros propios inmediatos piensan en idéntica forma como forma cuestionable de nuestros errores cuál miedo retenido, pero nunca enfrentado por el que ciertos, tantos seres humanos, son esquivos e intrincados en su tratamiento, tal que su defensa parte desde una ofensa ineluctable y primigenia en cuanto a su propio pensamiento, palabra, dicho o acción, tornándose en dislate u ocasión deserrada y egoísta.

En idéntica forma que enseñando se aprende, y cuasi por el corto e inconmensurable tiempo de intentar, inclusive conseguir algo velado a esa forma de lenguaje ofendido al que todos somos partidarios y despachado en cualquier tipo de ámbitos distantes o interesados, nos acogemos a la cerrazón de la no enseñanza, dando ya por constituido nuestro saber, enseñando al fin nuestras fobias o filias acrecentadas por ese bagaje egotista y sin un trascender a nuestro propio yo.

Somos una mayoría de docentes diletantes, con tan solo admitir o sonreír a esa vanidad que nos administran de forma dosificada y pautada en el autoconvencimiento de que sentimientos inconfesables van a permanecer ocultos hasta el final

El «estar de moda», como un sentir el prestigio falso e hipócrita y que se nos manifiesta necesario para con nuestras carencias inconfesables, pero dirigibles a una totalidad, que nos auto-eximirá de ellas. Yo Acuso (A. Dreyfus, E. Zola), me vale como un todo de crítica personal y peyorativa en sea la cultura, sociedad o situación egoísta vívida y vivida, con el tan solo apelar a nuestra errónea conciencia imperfecta y partidista, que nos hace adeptos a una totalidad espuria. ¡Cuan cierta es la herencia que nosotros como humanos intentamos manipular a nuestro arbitrio! Esa herencia psicológica del animal, no humano... conocimiento, conducta y lenguaje no verbal, pues nuestro deseo y anhelo irá por siempre dirigido hacia nuestros análogos, dado que el primigenio animal nos ha aportado los fundamentos y nosotros queremos continuamente ser propietarios de los fines; y así nos va, en la pretensión de ser dueños de todo lo visible e invisible, dueños de la enseñanza mal aprendida y ofensiva en tantos casos; es el todos contra la mayoría, cual rebaño tan de moda en estos espacios, cuya exasperación es excelente, no en la concordia de pensamiento, sino en el no querer cada cual propugnar el suyo propio, en la negación del mismo, desde su zona de confort, ¿nos estaremos negando a pensar en forma propia?, sin importar velas inalienables en templos inventados, fundamentos axiomáticos o tan solo relatividad en lo cierto, verdadero o veraz.

Somos una mayoría de docentes diletantes, con tan solo admitir o sonreír a esa vanidad que nos administran de forma dosificada y pautada en el autoconvencimiento de que sentimientos inconfesables van a permanecer ocultos hasta el final, pero, ¿para qué? ¿por qué?¿de quién?, etapa o vida, en la que ya nos hemos encontrado con él, ese lenguaje ofendido muy anterior a nuestros propios ancestros, pero cada día más actualizado en el alentar tanta historia esencial en tanto sea conforme a nuestros propios afanes, miserias cuasi añadidas, por la adicción al sufrimiento, a nuestro propio sufrimiento, pero, continuamos y pretendemos al menos ser mejores, sin importarnos el ofender a tantos de por sí ofendidos en años pasados.

El lenguaje, la literatura o cualquier forma de expresión verbal, es y será el más mortífero de los instrumentos romos, si el qué ! o los qué los manejamos sabedores de los mismos, no hacemos acopio de humildad pasada, presente y futura, pues se me antoja que la vigente, se va nutriendo día a día de ese participio inseguro, del que solo tenemos ausencia u olvido. ¿Es y será personal o generalizado, de boca a boca o tal será intransferible?

La propia psicología cognoscitiva nos va indicando en cada trance, su singularidad; ese ego frecuente, colectivo o común al cual todos somos partícipes; ¿No estará la propia literatura universal, llena de entes o elementos ineptos, vacuos o inútiles? ¿censurables? ¿criticables? ¿debatibles? Tal vez, pero me permito la «bula» de manifestar no obstante, que irremediables, pues jamás terminaríamos de iniciar el camino, sin ellas y sus detractores vanidosos. Si, tan solo el dolor, el mal, el sufrimiento son positivos (A. Schopenhauer), serán por tanto axiomáticos, reales y verdaderos, tal que nos hacen en igual forma sentir o desear la felicidad, al igual que ella misma será por tanto negativa por oposición al deseo y final a la pena y sufrimiento, por tanto es bien cierto que las alegrías son escasas y la entidad histórica del ser humano, aparejará el propio sentido de la misma, pero como vemos, nos aboca al estar invariablemente sobre nuestra propia historia, nuestra vida, nuestros semejantes al fin, en formato de suprema vanidad con fecha de caducidad, es más, lo que ya está muriendo en nosotros mismos en ese lenguaje inclusivo y ofensivo, en el homo dialéctico prepotente, cual desde su origen, regreso y tiempo actual, será o seremos «animal político» (totalmente de acuerdo con el Estagirita), que va perdiendo su veracidad o incluso, remarcándola. (Sería necesario por tanto, dosis de lectura de M. Foucault, concretamente, Las palabras y las cosas).

El esplendor del ser humano y como tal adquirido hace tantos siglos, se va diluyendo en contenido por su propia decisión desinformada o ignorada, a la vez que entendida; formamos y añadimos día a día nuestros deseos insatisfechos, cual impureza a la sociedad de la que nos aprovechamos y nos convierte al fín en más esclavos día a día, pero eso sí, nos aprestamos a poner en tela de juicio, la emociones, sentimientos, afectos, pasiones... etc... cual maestros del todo y sabedores de nada, dejando no obstante nuestros propios encumbramientos.

Mi deseo y el de tantos, sería por tanto y tan solo la expresión que de nuestro corazón salga, pues jamás los latidos del mismo serán mezquinos y convertidos en lenguaje, literatura, expresión, poesía y admiración, sin la mínima dosis de vanidad en nuestras comunicaciones y relaciones, pues tal son de personas tan vacías, como las que están llenas de sí.

El lenguaje ofendido
Comentarios