lunes 01.06.2020

León rugiente

El 3 de marzo se ha conformado una nueva mesa, Mesa por el Futuro de León, ¡una más!, pues varias se han organizado desde el siglo pasado con intenciones salutíferas bien para la región leonesa bien para la provincia de León en concreto, como sucede en este caso. Es frecuente que cuando existe una situación crítica se suelen formar «Comisiones de…», «Foro contra…», «Plataforma para…», «Encuentros sobre…» o «Mesas por…», etc. Tras la riqueza de nombres se va disponiendo el elenco de preposiciones disponibles. Ante la nueva, Mesa por el Futuro de León, compuesta por 25 miembros, 3+22 (tres mujeres más 22 hombres), —¡ojalá no sea una más, por el bien de León!—, pero, de entrada, y ya que fue convocada bajo el amparo de siglas empresariales o sindicales conocidas y de entidades institucionales, llama la atención, —y bien recuerda otras anteriores—, que los representantes acuden parapetados bajo los mismos logotipos y lo primero que traen a la mente, si bien los nombres de los asistentes son otros, —¡válgame Dios responsabilizarlos de inicio!—, es la inanidad e incapacidad de acción de todas las previas; además, los anteriores representantes en mesas pasadas y también amparados bajo estas siglas, han sido parte del problema de la situación grave en la que se halla la provincia. Se cambian los nombres, se repiten las siglas y las instituciones, se crean comisiones, continúan los problemas y no se ofrecen soluciones reales y... León sigue herido.

Si prontamente no se ofrecen soluciones tendentes a cambiar esta dramática tendencia, concluiremos que la mesa, —¡una más!—, pudiera ser un nuevo escarnio para sociedad leonesa

Por otra parte, aquí delato mi tendencia, —¡perdóneme el lector!—, mas la intentaré explicar. En la citada mesa se echa de menos la presencia de instituciones educativas y gentes de la cultura. Llama la atención esta carencia. De acuerdo con mi experiencia defiendo que uno de los veneros de riqueza y empleo, luego de futuro para León, pasa por las bondades materiales e inmateriales que proporcionan las diversas expresiones culturales. Larga y prolija sería una relación detallada, a la vez que evidente; no obstante cito algunas de fácil reconocimiento: la presencia singular del arte románico y del gótico, las leyendas y tradiciones, los espacios naturales sobresalientes y únicos, la rutas ecoturísticas o culturales, la gastronomía, etc., y, sobre todo, la gran generosidad y hospitalidad leonesa donde al viajero que accede a León se recibe como huésped y nunca como extraño, una actitud arraigada que enriquece las expresiones culturales citadas anteriormente.

No debiera ser necesario recordar la riqueza y fortaleza que poseen estas singularidades; a modo de ejemplo, ninguna provincia dispone de tantos kilómetros del Camino jacobeo (ruta cultural) o de kilómetros de cauces fluviales, así como la extensión significativa de hectáreas de Picos de Europa (espacios ecológicos) y ni… de otras fortalezas con posibilidades de futuro. Estas fortalezas son una oportunidad que, además de su especificidad, significan y señalan el modo de ser de un pueblo. ¡Es la cultura!, el barro acumulado y heredado que identifica y que permite sustraer riqueza y empleo, ¡tan necesarios para el porvenir de un pueblo!

No deseo descalificar ni desconfiar de la potencialidad futura de la mesa citada, pero de momento deseo señalar que no conocemos proyectos ni partidas presupuestarias necesariamente vinculadas a estos. Sólo conocemos unanimidad declarativa de intenciones: «impulsar proyectos en un horizonte de diez años con acciones ya inmediatas». Esperamos que lleguen, que en breve se expongan y prontamente se materialicen; de lo contrario regresamos a la pérdida de otra oportunidad, a una ocasión fallida, a respuestas no reflexionadas o a la programación de actividades, —léase activismo fútil—, devenida por la presión ejercida por parte de la sociedad leonesa que se ha explicitada a través de manifestaciones, acuerdos de juntas vecinales o por decisiones municipales solicitando un nuevo status quo para León diferente del actual, al que mayoritariamente se evalúa negativo. ¡Disculpen los negacionistas y nihilistas, los inhibicionista y los críticos sin alternativas, los acomodados y ganapanes!, pero los datos socioeconómicos y su evolución en las últimas décadas son tozudos, son contundentes.

La actual situación de la provincia se asemeja a un prototipo neocolonial: se recoge materia prima que se transforma en otro espacio en el que la manufacturación aporta más riqueza que la explotación a la vez que se provoca el traslado de mano de obra, casi siempre joven y cualificada, —lo que supone un doble empobrecimiento que se añade al anterior—; mientras, para una pretendida y mayor humillación, se desarrollan ideologías justificadoras ( o pretendidamente atontadoras) de lo que en realidad se ejecuta: convertir a un ecoespacio demográfico pleno de riquezas en cazadero colonial, lugar donde se recogen bienes y se llevan. Y muchas administraciones locales, organizaciones culturales o sencillamente leoneses del común, —en los Decreta alfonsinos de 1188 se les denominaba «hombres buenos»— exclaman: ¡¡Basta!!, mientras que muchos, algunos de los anteriormente citados, no quieren leer ni entender ni atender, además hasta osan expresar amenazas. Presumo que para ellos la historia les reserve un angosto rincón.

Si prontamente no se ofrecen soluciones tendentes a cambiar esta dramática tendencia, concluiremos que la mesa, —¡una más!—, pudiera ser un nuevo escarnio para sociedad leonesa. Ante esta iniciativa, y a las bienintencionadas que lleguen, ha de afirmarse con contundencia, — el León rugiente lo hará—, sí hay tempero. Sí hay tierra y manos para bregar por un futuro propio. Si nuevamente no se encuentran proyectos razonables y de futuro más las dotaciones pertinentes estaremos ante un nuevo emplaste-enjuague-cataplasma con pretensiones de ocultar heridas del viejo león a fin de poder rematarlo con más «a-plomo». Es frecuente, sobre todo en enfrentamientos dramáticos y, a veces, fratricidas que cuando el perdedor se halla herido, y ya condenado, se le trataba de curar las heridas para poder ejecutarlo con más circo; de este modo, la victoria era más celebrada, más concluyente; pero también más humillante para el perdedor. Deseo recordar que los perdedores también poseen voz y memoria.

Sabemos que León se halla herido, pero también sabemos que las calles y los concejos iteradamente demuestran que permanece rugiente. De toda crisis, también de esta, se sale. Hay tempero y hay esperanza; y quien espera no desespera. Esta circunstancia los leoneses la recogen y reposan en su memoria, el paraíso del que nunca nos podrán arrojar, y una vez más los negacionistas, los inhibicionistas o los demagogos sufrirán el rugido de León al que de continuo se pretende jibarizar. ¡Fatua pretensión!, pues si bien se halla herido aún continúa rugiente. Así lo demuestran las expresiones de diversos colectivos, las manifestaciones en la calle (16-F) o en los medios, las propuestas de varias juntas vecinales y de numerosos ayuntamientos seguirán dejando su sentir, a sabiendas de que cuando abunda el peligro crece lo que salva (Hölderlin). León exige tener su propia palabra pues la experiencia concluye que el pasado reciente, administrado desde otra región, no es pluscuamperfecto. León reitera su disposición a disponer de tu tiempo, el presente continuo, el futuro. Y, al menos en esta ocasión, sea para recordar que sería deseable que esta fuera la última «Mesa», la de «última cena», en la que sería deseable que no asista Judas como comensal, pues a los leoneses no les gustan quienes no les representan. Prototípica es la paciencia de las «buenas gentes leonesas» mas no siendo ignorantes saben y reconocen a quienes no recogen sus sentires. La historia, según Chesterton, es la narración nunca terminada de contar, y la de León, preñada de siglos, aún dispone de largo recorrido. Las diversas expresiones constatan que los leoneses reconocen la situación apuntada, pero se preguntan si sucede lo mismo en las mentes y entornos de las personas e instituciones que afirman que los representan.

León rugiente
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