viernes 25/9/20

León y Valladolid de +38.809 a -61.575

En 1983 la provincia de León tenía 526.439 habitantes y representaba el 1,38% del total de España. Ello suponía 38.809 más habitantes que la provincia de Valladolid. En el 2020 los habitantes de León son 459.141, mientras que en la provincia de Valladolid viven 520.716. Es decir Valladolid supera en 61.575 habitantes a la provincia de León (que pasa a representar menos del 1% de la población española). Es decir en ese tiempo, el diferencial negativo de la provincia de León con la de Valladolid ha sido de -100.384 habitantes. Si nos referimos al conjunto de la Región Leonesa tenemos que en 1983 eran 353.989 más los castellanos, pero es que ahora ese diferencial ha pasado a ser de 477.590, es decir se ha incrementado en 123.601. 


Pero claro, hay que tener en cuenta que de ese incremento, 100.384 se corresponden a Valladolid. En definitiva tenemos que esta autonomía beneficia casi de modo exclusivo a Valladolid (mientras que León y Zamora estarían especialmente perjudicadas).    


¿De verdad creen que con esos datos alguien pueda venir a decir que «nos sentimos cómodos» en Castilla y León? O también que la Región Leonesa es simplemente «el oeste de esta Comunidad». No parece que se pueda entender que con ese tipo de discursos además se planteen ganar votos. 


Esos son los datos objetivos. A partir de ello pueden venir las interpretaciones. Para unos será algo así como una maldición divina y para otros es producto de que gobierna el PP y no «nosotros». Pero claro el PP también ha gobernado durante esos años en Murcia y sin embargo allí han ganado más de 500.000 habitantes y ha aumentado su peso sobre el conjunto de la población española. En otro reciente artículo mencionaba el diferente comportamiento de la provincia leonesa respecto a Navarra (de tener +14.611 habitantes a -197.346), La Rioja o Cantabria.


 El discurso del alcalde de Valladolid con su propuesta de centralizar aún más las inversiones en esa ciudad, no está precisamente en línea con los que mantienen que el único problema es la política del PP en Castilla y León. Desde esa posición su argumento se sustenta en que un cambio político en la presidencia del gobierno en Castilla y León acabaría con la marginación de la Región Leonesa. 


Las manifestaciones de Oscar Puente (PSOE) vendrían estar muy en la línea de las que hacía su antecesor en la alcaldía de Valladolid, León de La Riva (PP). 
Sin embargo son muchos los socialistas leoneses que disienten de esos pronunciamientos. En definitiva la condición de vallisoletanos une mucho más que lo que pueda ser la identidad ideológica. 


No deja de ser significativo que ese discurso que dice «es tirar el dinero el invertir en otros provincias» haya sido aplaudido por el auditorio al que se dirigía en su ciudad mientras ha levantado ampollas en León.


Diría que las posiciones de Óscar Puente en nada tienen sintonía con un partido de izquierdas que en teoría defiende la igualdad social y territorial. El decir que «la forma de emplear bien los recursos sería apostar muy fuerte por una ciudad como Valladolid» y evitar que esos recursos vayan hacia los territorios más degradados económicamente tienen poco o nada que ver con un planteamiento socialista. Los datos vienen a decir a quien ha beneficiado esta autonomía y lo dicen con rotundidad.


El centralismo de Valladolid es asfixiante y escasamente democrático. Con los dineros de los leoneses y de los castellanos se nutre el centralismo vallisoletano. 


Dineros ya sea vía impuestos con los que se paga el funcionamiento de las instituciones, los centros informativos que allí se ubican, pero también los aeropuertos, la orquesta sinfónica o el casino (por poner sólo algunos ejemplos). 


Diría que las posiciones de Óscar Puente en nada tienen sintonía con un partido de izquierdas que en teoría defiende la igualdad social y territorial

La centralidad de Valladolid se sustenta en la existencia de la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Es una evidencia que si la España de las autonomías hubiera dado un reconocimiento político a la Región Leonesa por un lado y a la Región Castellana por otro, Valladolid hubiera dejado de tener esa centralidad geográfica y con toda probabilidad Burgos hubiera podido ser la sede de los gobiernos castellanos.


En definitiva pensamos que la solución pasa por el reconocimiento de la identidad leonesa y favorecer su desarrollo económico y social, no pasa simplemente por un cambio de partido en el poder. Ya hemos visto la identidad de los discursos de dos alcaldes de Valladolid de signo político distinto. 


Más allá de los cambios coyunturales (de partidos), se hace necesario un cambio más estructural. Hay que ver el modelo político que se propugna para la actual autonomía y en qué medida se corresponde con las declaraciones comentadas. 


Este vendría a ser un ejemplo más, de aquellos que defienden un modelo uniformizador frente al que los leoneses siempre hemos defendido la «unidad plural». El «todo para mí» es profundamente egoísta y promueve las desigualdades económicas, sociales y culturales. 

León y Valladolid de +38.809 a -61.575
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