miércoles. 01.02.2023
EL PARTIDO Popular afila navajas y cuchillos para la sesión del Congreso del próximo lunes. Será el momento en que el presidente Zapatero explique la situación de la lucha contra el terrorismo, y Mariano Rajoy espera, desea y hará lo posible para que sea algo más que una explicación de circunstancias. Para ello pondrá sobre la mesa al menos estas grandes cuestiones: cuáles han sido los compromisos a que se refería ETA en su comunicado; que diga que ya no negociará más con la banda ni sus satélites; que cierre definitivamente la puerta a la presencia electoral de Batasuna, y que el propio Congreso retire la autorización para negociar. Un programa completo, sí señor. Se supone que estará adornado, además, por la filosofía que conocemos: Zapatero ha sido un ingenuo que ha caído en las trampas terroristas, menosprecia el Pacto por las Libertades, y ha permitido que tanto ETA como Batasuna sean hoy más fuertes que hace nueve meses, cuando comenzó el alto el fuego roto en Barajas. Esta es la doctrina que el PP ha venido poniendo en circulación, y la sigue poniendo al mismo tiempo que todos hablan de la deseada unidad de los demócratas. ¿Y qué hará Zapatero? ¡Oh! No esperemos grandes sorpresas. Que nadie aguarde que el señor presidente del gobierno coja las tijeras y rompa todos los lazos. Que nadie espere de él el discurso grandilocuente del «hasta aquí hemos llegado». Eso no lo hizo don José Luis ni cuando estaba humeando todavía el aparcamiento de la terminal. Don José Luis quizá no se tome una caja de valium cuando se dispone a un debate a cara de perro; pero sí agota todas las existencias de temple que queden en los aledaños de La Moncloa. Ya pueden caer sobre su cabeza chuzos de punta, que él se pone la coraza y el paraguas y deja pasar el diluvio. Así ocurrió en todas las sesiones de control, y así tiene que pasar el próximo día 15. ¿Le recomendamos hacer otra cosa? No y sí. No, porque un presidente del gobierno no tiene por qué meterse a polemizar con una banda de asesinos que escribe papeles que nada tienen que ver con la lógica de la gente normal. No, porque él no debe romper el alto el fuego más de lo que está. Y no, porque él no debe romper tampoco el vínculo con cualquier esperanza de paz futura, por decaída que esté. Pero sí, por una única e importante razón: porque está en juego su liderazgo de este momento. Todo el mundo ha sido indulgente, incluso con el ridículo sobrevenido del «dentro de un año estaremos mejor». Pero lo que ahora se discute es su talla para ponerse frente al tigre terrorista. Y eso no se gana con palabras evanescentes, sino con seguridades de futuro. Y ése es el terreno al que, astutamente, le quiere llevar Mariano Rajoy.

Liderazgo en juego
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