martes 11/8/20

¿Y si llegó el momento?

Llevamos años, décadas, asumiendo que el destino de esta tierra es ir despoblándose poco a poco, quizá empujados por la secuencia ritual de una queja tras otra, convenciéndonos los unos a los otros de que aquí no hay futuro, amparados unas veces con razón y otras sin ella por no encontrar lo que necesitamos o porque no nos dan lo que queremos y merecemos.

Cuando echas la vista atrás, muy atrás, y ves lo que fue y lo que es hoy León, es normal que muchos, casi todos, no se vean reflejados por el paso del tiempo. Reconocerse en estas épocas ,cuando León abarcaba territorios, dominios y grandeza, no es fácil. Pero si retrocedemos sólo unas pocas décadas atrás, León como el resto de territorios se ha visto penalizada por la despoblación rural que aquí castiga más y con mayor fuerza por su extensión y por las muchas poblaciones que componen esta provincia. Pero tampoco la capital o las zonas de mayor importancia son atractivo para los lugareños y tampoco es un atractivo para poder asentar aquí su vida y la de sus familias, en demasiadas ocasiones se aconseja a los propios hijos a marchar de aquí para ganarse la vida allí. Hace unos cuentos meses León se llenaba por miles en una manifestación para demandar un futuro mejor, reclamar inversiones y atender las necesidades que acucian muchos sectores. El objetivo era unir la voz para que sonase más fuerte. Esto demuestra que no vale acostumbrarse.

La riqueza rural de León debería ponerlo a la cabeza del desarrollo de los sectores más importantes como ganadería, agricultura, patrimonio, turismo, gastronomía, naturaleza... y generar esos entornos de calidad de vida que sea atractiva

No era el momento de rendirse, nunca lo fue, pero sí era el momento de mostrar esa fuerza con una voz única y unida. La fuerza siempre está en el argumento, y cuando se peleaba por esa Mesa por León apareció un invitado que nadie esperaba y llegó con la fuerza de un terremoto y la insignificancia de ser invisible. La Mesa por León dio paso a la mesa por la salud y todos vivimos en primera persona la fragilidad de nuestro mundo, la importancia de lo sencillo, el valor de lo que teníamos y el riesgo de nuestra propia vida. En este tiempo, tres largos meses, hemos aprendido y desaprendido a ritmo vertiginoso y los más inteligentes reconocerán que el futuro es más emocional que racional. Por eso hemos echado de menos abrazos y besos, hemos sufrido con la distancia entre nosotros y hemos dado aplausos en ventanas y balcones para que les llegaran a los más desconocidos. Hoy hemos cambiado, tapamos casi toda nuestra cara en espacios públicos con mascarillas, guardamos distancia entre unos y otros, evitamos el contacto y nos miramos con recelo por miedo a contagiarnos. Apenas han pasado un puñado de días y las relaciones entre nosotros ya no son las mismas. ¿Y ahora qué? ¿Y si pensamos ¿que quizá ahora a León se le abre una oportunidad? ¿Y si en lugar de reclamarla, trabajamos por hacerla realidad? ¿Y si ahora trabajamos juntos por hacer de nuestro mayor patrimonio el germen del futuro de esta tierra? Si caminamos por Caín, si viajamos hasta la Cepeda, si recorremos el Páramo o nos desplazamos por el valle de Sabero, nos daremos cuenta del tesoro que tenemos, y como éstos cada uno de los rincones innumerables de esta provincia, extensible también a nuestras zonas limítrofes. Teniendo este tesoro, las preguntas son obligadas: ¿qué podemos hacer para conquistar a los que se han ido y que vuelvan?, o ¿a los que están y no se marchen?, o ¿para atraer a quien quiere hacer su proyecto de vida y hacerlo aquí? Durante estos últimos meses hemos aprendido palabras que nos pueden dar claves, confinamiento, teletrabajo, espacio, videollamadas ...y si ahora nos preguntamos ¿dónde mejor que confinarse que en Sobrepeñas, o en este tiempo estar en Babia? ¿Y dónde mejor que teletrabajar desde Riaño o Castrillo de los Polvazares, o respetar esa distancia social paseando por el valle del Tarna o la ribera del Torio?, o ¿dónde hacer videollamadas desde el atardecer de Cabreros del Río o viendo el amanecer desde Utrera con el fondo del embalse del Porma? ¿Y qué hace falta? Primero creérnoslo, segundo unificar acciones y criterios, tercero ir todos a una y cuarto elaborar un plan de desarrollo que permita generar ilusiones, proyectos e ideas que nos atraigan primero a nosotros mismos y después a los demás. La riqueza rural de León debería ponerlo a la cabeza del desarrollo de los sectores más importantes como ganadería, agricultura, patrimonio, turismo, gastronomía, naturaleza, etcétera, y generar esos entornos de calidad de vida que pueda atraer a familias de todos los sectores que desarrollen su trabajo en la distancia. Familias y personas que huyen de las aglomeraciones, de las colas y colas para todo, de los atascos y de las casas de 50 metros cuadrados. Hace unos cuantos años en un encuentro en la montaña de León para analizar el futuro de las zonas rurales se respiraba un ambiente de pesimismo y en la parte que me tocaba traté de mostrar un escenario distinto, crear un entorno de esperanza y pensar que el futuro no podía dar la espalda a rincones y territorios como este, simplemente por lógica. Quizá ahora se abra esa oportunidad, quizá ahora se cambie ese escenario de pesimismo, quizá ahora apreciemos tener a los nuestros cerca, quizá ahora las cosas simples de la vida adquieran más importancia, y si es así León tendrá una oportunidad. Los datos ya dicen que se venden más casas en los pueblos, que en verano las vacaciones las pasaremos en zonas rurales, que nos empezamos a interesar por lugares que hasta ahora no lo hacíamos, que valoramos la tranquilidad y que el tiempo de calidad es más importante que las prisas con las que vivíamos. Construyamos puentes, caminos y carreteras, creemos proyectos vinculados a esos sectores estratégicos, facilitemos inversiones rurales y potenciemos a los que desde hace mucho ya lo hicieron, trabajemos infraestructuras de comunicación, internet y cobertura, apostemos por los servicios básicos en comarcas y pueblos, potenciemos los espacios atractivos naturales, mejoremos las ofertas de nuestro entorno, vivienda y suelo y sobre todo valoremos lo que tenemos para conseguir lo que queremos . Hagámoslo sin prisa, sin quejas y sin excusas, unidos, confiados y decididos, un reino no se creó en un día, ni en dos, un reino se creó luchando, sufriendo, conquistando, hoy ya no se conquista con armas y sangre, hoy conquistamos con argumentos y razones, no pidamos con una mano que crezca León y con la otra la ahoguemos con fuerza. Sí, ya sé que muchos de los lectores llegados a este punto dirán «¡qué fácil, no!». Algunos hasta desarrollarán un largo e interminable argumentario en contra, otros señalarán un sinfín de excusas y culpables, otros hasta caerán en el negacionismo justificado con mil y un ejemplo. Sí, lo se, pero nadie construyó nada rindiéndose antes, nadie ganó ningún partido sin jugarlo y nadie superó nada quedándose quieto. Es hora de creer, es hora de trabajar, es hora de apostar, es hora de imaginar, es hora de León! Es ahora!

¿Y si llegó el momento?
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