sábado. 03.12.2022

No hay rencor más duradero que el de los que se consideraban amigos hasta que se rompió el vaso delicadísimo de su amistad, más frágil todavía que el del amor.

Los socios, cuando se separan son implacables. Si les diera a escoger algo el acreditado duende que vive dentro de una botella, a condición de que su mayor enemigo disfrutaría del doble, elegirían quedarse ciegos. Yo, que no creo en las monedas, porque la mortaja no tiene bolsillos, creo en que hay odios más duraderos que el amor y y cenizas que siguen teniendo el último sentido, no solo los cinco presuntos anteriores, más allá de la muerte.

Mis teorías son confusas, pero si conociera al exsocio de Urdangarin, Diego Torres, podría aclararme algo.

No he tenido el disgusto de contarle entre mis amigos, pero como nada humano debe sernos ajenos, incluso la inhumanidad, me intriga su conducta.

Este señor prosigue en su estrategia de implicar a la Casa del Rey en los negocios del duque o ex duque de Palma. Pero pierde el tiempo, porque esa casa está por barrer desde hace ya algún tiempo.

No han sabido ser amigos en el reparto del pillaje y no hay por qué pedirles que sean cómplices, que es una relación más delicada. Los que se llevaban muy bien, a las mil maravillas, rompieron sus relaciones cuando hicieron cuentas y quisieron llevarse 500 maravillas cada año.

No dio para tanto el atraco y ahora hay grandes trifulcas en el puente de mando. Como en las peores páginas cortesanas abundan las meciones a las infantas, a los cortesanos, a los validos y a los bufones, pero sobre todo hay más exsocios que nunca. Pululan por tierra y por mar, incluso por Pescanova, que está en preconcurso de acreedores y admite que enmascaró 1.000 millones de deuda. Nada por aquí, nada por allá.

Es el milagro de los panes y de los peces, solo que al revés, pero los fogoneros de la Capilla Sixtina tienen prevista la fumata blanca. Saldrá hoy, si el tiempo no lo impide.

Los ex socios
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