martes 17/5/22

No piense el lector que voy a hablar de fútbol esta vez, aunque sería interesante hacerlo por la gran cantidad de dinero que genera. Se trata más bien de un símil de la evolución económica de Madrid y Cataluña a lo largo de los años, cuya tendencia parece va a llevar a una goleada histórica, por el declive lento pero imparable de ésta y la explosión económica de la primera.

Basten unos datos públicos recogidos por el INE. Cataluña tiene 7,7 millones de habitantes y la Comunidad de Madrid 6,7. El PIB de ambas llega a coincidir momentáneamente en 2012 y a partir de la fallida proclamación de una república independiente el 27 de octubre de 2017, la diferencia se agranda a favor de Madrid, cuya economía genera 1 de cada 5 Euros de toda España (19,2%) mientras Cataluña crece por debajo de la media del país. Su renta per cápita es equivalente a la media europea y la de Madrid un 15% superior. Cataluña pasa de concentrar en 2013 el 21,2% de toda la inversión extranjera en España al 12,5% en 2020, mientras que Madrid pasa del 62% al 75%.

En mi opinión, esta realidad se debe principalmente a dos razones. La primera es la falta de seguridad jurídica que genera invertir en una región en la que o bien el marco legal estatal se conculca repetidamente o bien se legisla navegando hacia una idílica ínsula Barataria. Se trataría del efecto Montreal. Quebec celebró dos referéndum de secesión (legalmente, no a las bravas) en 1980 y 1995. Ello provocó graves repercusiones económicas, con la fuga de empresas, talento e inversión a otras zonas del país, especialmente a la angloparlante Toronto, hoy centro financiero de Canadá. Un calco de ello es lo acontecido desde 2012 a raíz del llamado procés, que implica convertirse en un paria financiero sin capacidad de acudir a los mercados y tener que depender del oxígeno del Estado. A este respecto existe un demoledor informe del prestigioso London School of Economics, así como referencias en el mismo sentido de «biblias» como The Economist o Financial Times. Hasta el Cercle d’Economia de Barcelona teme que Cataluña entre en una espiral de irrelevancia, «una decadencia lenta pero inexorable». Y francamente eso no es bueno para nadie.

A ello se une que su principal ciudad, Barcelona, lamentablemente se conduce por la vía de la radicalidad asfixiando la iniciativa y propiedad privada. Claro ejemplo es una normativa que ha conseguido mermar la oferta inmobiliaria, coartar el turismo (horarios, inseguridad, okupación, guerra a los cruceros, rechazo al Hermitage o proyectos turísticos paralizados) y estar en contra de todo lo que huela a libre mercado. Incluso puede mencionarse el tiro en el pié de la Generalitat respecto a la ampliación de El Prat.

La segunda razón, no menos importante, es la fiscal. Como es sabido, las comunidades autónomas se financian no sólo a través de impuestos propios sino de aquellos en los que tienen cedida una cierta capacidad normativa, participación en otros estatales, fondos de compensación interterritorial y deuda.

Los impuestos propios, que suponen una mínima parte de sus presupuestos, conllevan efectos perversos rompiendo la unidad de mercado legislando cada uno como le apetece y haciendo tributar por las cosas más peregrinas, pero especialmente con tintes medioambientales (70% de la recaudación total) como residuos, gases, agua, emisión de partículas a la atmósfera, pero también grandes establecimientos comerciales, viviendas vacías, alimentos ultraprocesados o activos no productivos de las personas jurídicas. Así hasta 85, un auténtico galimatías para las empresas, que esperemos, con la recomendación de la Comisión Europea, se armonice de alguna manera con la oleada estatal de impuestos verdes que se avecina. Tenemos los más bajos de Europa y la llamada «transición justa» no va a ser precisamente gratis, como estamos empezando a comprobar. Cataluña con 18 impuestos propios (4 más fueron declarados inconstitucionales) y una recaudación de casi 700mn de Euros anuales es la campeona de esta liga, mientras que Madrid los ha suprimido totalmente desde el 1 de enero de 2022 con la justificación de reducir trabas.

En cuanto al IRPF, las Comunidades Autónomas tienen capacidad de fijar una serie de parámetros como deducciones o tarifas en lo que respecta al 50% de la base imponible. La más baja de España es la de Madrid, criticado por otras regiones, cuando en realidad éstas están subiendo sibilinamente el impuesto al no deflactar las tarifas y por tanto hacer tributar la misma capacidad adquisitiva a tipos mayores. Se notará especialmente este año, ya que el IPC del 6,7% en 2021, el mayor de los últimos 30 años y el más alto de Europa hará que ante subidas de sueldos las «agraviadas» regiones ocultarán que le están sableando.

En relación al Impuesto de Patrimonio, España es el único país de Europa que lo mantiene. Fue suprimido por el gobierno Zapatero aunque lo reinstauró provisionalmente al final de su mandato. Curioso que recaudando tan poco pueda ocasionar tanta deslocalización.

Por último me referiré a Sucesiones y Donaciones. La desfiscalización de Madrid ha sido copiada ya en otros sitios como en Murcia, Andalucía o Castilla y León (a regañadientes), pero sólo para padres a hijos. Para el resto, el tipo marginal puede llegar a exceder el 80%. En Madrid se reduce el 15% por ciento entre hermanos y el 10% entre tíos y sobrinos. En proyecto está bajarlos más todavía, pero siguen siendo desproporcionados.

El Gobierno tutela una comisión de 17 expertos para que antes del 28 de octubre elaboren un informe acerca de una reforma fiscal, que no duden, afectará especialmente a las clases medias con el IVA y los impuestos verdes. La intención es colar una llamada armonización que en realidad supondría establecer un mínimo, pero no un máximo, a Patrimonio y Sucesiones. Resulta irónico que entre los «ofendidos» esté el lehendakari Urkullu quien goza de un sistema fiscal a la carta con el concierto vasco. También los navarros se quejan del «dumping» fiscal, cuando disponen también de un convenio con cupo. Pero hay más territorios en España con privilegios fiscales, como Canarias, pues el IGIC grava al 3% y 7% lo que en IVA tributamos los demás al 10% y 21% o la bonificación del 50% que tienen en el IRPF los residentes en Ceuta y Melilla, entre otros.

Madrid, con la supresión de Patrimonio y Sucesiones, marginales en las cuentas de todas las Comunidades Autónomas, que tienen también capacidad normativa para hacerlo, pero sobre todo con una política «business friendly», la ausencia de veleidades identitarias y liberalización de trabas administrativas ha conseguido no sólo aprovechar la situación catalana sino también absorber la economía de otros territorios que no se han adaptado a las circunstancias. Otra vuelta de tuerca es la reciente Ley de Mercado Abierto, por la que una empresa de cualquier parte de España puede operar en Madrid sin necesidad de nueva licencia.

Estas diferencias también pasan entre países, así en el período 1982-1996 el gobierno socialista de González redujo muy significativamente la brecha con Europa, igual que el liberal conservador de Aznar de 1996-2004. Zapatero logró la «hazaña» de volver atrás una década, Rajoy en un Gobierno de ideología indefinible mejoró levemente y con el actual socialcomunista hemos vuelto a la casilla de salida, siendo rebasados en renta per cápita por 16 estados europeos, entre los cuales están Lituania, Chipre, Eslovenia o la República Checa y empatados con Estonia, según Eurostat. Como se comprueba, el populismo del signo que sea sale carísimo.

Los que arremeten contra Marta Ortega como presidenta de Inditex no propugnan la misma meritocracia para las empresas públicas o cargos políticos. El presidente del Gobierno y el jefe de la oposición o los candidatos de los dos principales partidos para las próximas elecciones a las Cortes de Castilla y León, presentan un perfil ramplón en lo acádemico e inexistente en lo profesional. Qué diferencia en Italia con Mario Draghi, ex gobernador del BCE y alto ejecutivo de Goldman Sachs con una política radicalmente contraria a la que peores datos económicos presenta de toda Europa, la española. En Castilla y León, la mansedumbre, falta de ambición y visión, gestionando durante 3 décadas como si de una plácida abadía se tratase, han hecho que obviásemos la atracción de talento e inversión a través de política fiscal y desregulación. La supresión hace años de Patrimonio y Sucesiones hubiese tenido un efecto significativo. Creo que con la bancada de enfrente del actual gobierno bi-regional hubiese sido incluso peor. Y afortunadamente las veleidades identitarias, no pasan de humildes obstáculos en la Ordoño II pintada como cancha de deportes y cuatro letreros de calles.

Madrid 1- Barcelona 0 (y otros por el estilo)
Comentarios