jueves 21/10/21

Malos tiempos para el ahorro conservador

El stock de ahorro mundial ha aumentado de forma inédita en el último año, debido a dos razones derivadas de la pandemia. Preventiva por temor al futuro y forzosa, por la imposiblidad de gastar en sectores de la economía clausurados o restringidos, como el turismo y el ocio o el retraimiento en gastos por el teletrabajo y la menor movilidad e interacción social. De acuerdo con los datos de las asociaciones patronales españolas del textil (Acotex) y de los concesionarios de automóviles (Faconauto), llama la atención la bajada de ventas en los dos primeros meses de 2021 dentro de un rango del 40-50%, respecto al mismo periodo del año anterior, incluso teniendo en cuenta que se trata de dos sectores que ya se veían debilitados por un cambio de hábitos o incógnita sobre el futuro combustible que sustituirá al petróleo. El nuevo impuesto de matriculación tampoco ayuda.

Según datos del Banco de España, el efectivo y depósitos bancarios de los españoles se incrementó en 40 mil millones de euros entre marzo y junio de 2020, esto es, coincidiendo con el confinamiento duro, llegando a la cifra record de 967 mil millones de euros en septiembre, el 82% a cero interés. Sin embargo, aunque parezca contraproducente, el aumento en este tipo de productos ha sido una constante en los últimos años de tipos de interés cero o negativos, en vez de buscar alternativas más arriesgadas, precisamente por la cronificación de esta situación. Un ejemplo lo clarificará. Ante un ahorro finalista, como puede ser la compra futura de una vivienda, no es lo mismo apartar 100 de ahorro periódicamente cuando nos produce 5 al año, que rentando cero. En este caso, nuestro esfuerzo para llegar a la cantidad que nos haría falta y suplir la reducción de rentabilidad sería mayor.

Los tipos de interés están intervenidos artificialmente por el BCE (Banco Central Europeo) desde la anterior crisis con el objeto de relanzar la inversión. Baste recordar la firmeza de las palabras de su Presidente, el ex-Goldman Sachs Mario Draghi, whatever it takes (lo que haga falta). Sin embargo el hoy primer ministro italiano tecnócrata, para escarnio de nuestro nivel patrio, albergaba la sana intención de generar inflación, «el impuesto de los pobres», para que los gobiernos realizasen las necesarias reformas estructurales de forma espaciada en el tiempo, consiguiendo que su deuda fuese relativamente menor, lo que se llama deflactar la deuda, hecho ya experimentado después de la II Guerra Mundial.

Otro ejemplo clarificará lo antedicho. Si ganamos 1.000 al año y debemos 100, nuestra deuda es el 10% de nuestros ingresos anuales. Si al año siguiente ganamos, por efecto de la inflación 1100 y gastamos 1.105, la deuda habrá aumentado en 5, será 105 en términos absolutos, pero en relación a los ingresos habrá bajado al 9,54% (105/1100). Y esto es lo que hicieron bastantes países, incluso con superávit presupuestario, como nuestro vecino Portugal, que es capaz de financiarse más barato que España, tozuda en la política presupuestaria de dejar hipotecado el futuro a quien venga, hasta que la realidad se acabe imponiendo dolorosamente y el ajuste sea ineludible. Avergüenza y nos recuerda a Argentina la idea lanzada por la Presidenta del PSOE y el responsable económico de Podemos pidiendo la condonación de la deuda para seguir gastando sin fin.

Para mantener los tipos bajos, el BCE ha actuado comprando deuda pública de todos los países, especialmente de los más endeudados, llegando a tener en su poder el 25% de la española, 295 mil millones de euros, 50 mil millones más de lo que nos correspondería, pudiendo entenderse como un rescate porque el gobierno no podría financiar tal cantidad en los mercados, ya que el 45/50% de los bonos españoles está en manos de no residentes y el 15% de la banca nacional.

Habrá quien piense que estos tipos de interés son jauja, pero en realidad se trata de una «represión financiera», de un expolio al inversor conservador quien no recibe nada por su dinero, tratándose en realidad de una transferencia de recursos de la comunidad inversora al sector público, un impuesto al ahorro, situación que tiende a empeorar por dos razones:

—Los bancos no pueden funcionar sin repercutir a sus clientes los tipos negativos ya que el BCE les grava con el 0,50% el dinero que no destinen a crédito o compra de activos, como deuda pública, ayudando a mantener los tipos bajos. En España el mayor banco por capitalización ya cobra el 0,4% a clientes de banca privada, siguiendo la estela de los suizos UBS, Credit Suisse y Julius Baer. El siguiente en tamaño cobra a cualquier cliente poco vinculado el 0,3% por depósitos de más de 100 mil Euros. Otros, lo cobran de forma subrepticia, a través de todo tipo de comisiones, como el tercero en la lista, 240 €/año sólo por tener cuenta. Fuera de España la situación es incluso peor, planteándose el danés Jyske Bank cobrar por los depósitos de 100 mil coronas (13 mil euros), cobrando Nordea el 0,75% por los de 250 mil coronas (33 mil euros). En Alemania está normalizado el cobro del 0,50% por 100 mil euros y ya hay bancos que directamente no admiten dinero de clientes nuevos sin vinculación con otros productos.

—Hasta ahora hemos gozado de un largo periodo de baja inflación, gracias a la tecnología y la globalización. Sin embargo todo apunta a que en algún momento este año se puede disparar por la demanda contenida y la subida de un 30% en lo que llevamos de año del petróleo y otras materias primas. Además, otros países revertirán las bajadas de IVA que se utilizaron para ayudar a sectores como la hostelería, caso de Alemania, aunque cabe precisar que era sólo para la comida, no para la bebida, que sigue en toda Europa gravándose el doble que en España, como el 23% de Portugal, comparado con nuestro 10%. También está por ver el efecto que tendrá una masiva creación de dinero que hubiese aterrorizado a Milton Friedman. Pero en todo caso, al no poder subir los tipos de interés rápido, porque habría países, como España, que no podrían pagar, los tipos reales seguirán siendo negativos durante lustros de forma estructural, es decir, menores que la inflación, por lo que el ahorrador conservador verá que su dinero pierde valor a pasos agigantados.

Por tanto, la conclusión es clara, la inversión con riesgo puede llevar a ganancias o a pérdidas, pero la conservadora llevará ineludiblemente a pérdidas de poder adquisitivo, no hay alternativa sin riesgo, el llamado TINA (there is no alternative). Y en este punto me gustaría enlazar con León, provincia que ha sido muy ahorradora en estos productos y como mucho en acciones de la vieja economía, sobre todo bancarias, viendo que el valor de éstas ha bajado de media un 80% en los últimos 12 años, además de haber cancelado temporalmente el pago de dividendos. Ese ahorro ha estado dedicado en una gran parte a financiar inversión fuera de León, como se desprendía de los balances de nuestra quebrada Caja de Ahorros, la cual carecía de una cartera industrial digna de mención. Nos hemos dedicado a vivir de las rentas, ahora finiquitadas esperando al maná europeo, que me temo va a ser mucho menor de lo esperado porque hacen falta proyectos y fuera de algunos ligados al sector energético, no veo otros en áreas de futuro laboral interesante en cantidad y calidad.

Lo bueno es que no hace falta mirar solo Europa, porque hay enormes cantidades de dinero buscando destino, ejemplo reciente el de IFM, gestora de fondos de pensiones autraliana invirtiendo en España cantidades milmillonarias en infraestructuras, área donde se están creando varios fondos españoles que buscan generar flujos de caja estables a largo plazo y del ciclo económico, que no sean tan dependientes del sector inmobiliario por la grave falta de seguridad jurídica y ofensiva contra la propiedad privada de una parte del actual gobierno de «colisión».

También están muy activos los fondos de capital riesgo que están levantando dinero para invertir (veáse la web de la patronal Ascri) con más acierto y volumen que los fondos gestionados por la Junta de Castilla y León a través de ICE y con muchos menos recursos humanos.

Pero para eso hacen falta proyectos, mejor si son nuestros. Y lanzo una pregunta, ¿dónde están las startup leonesas, en cuántas rondas de financiación han intervenido empresas en la órbita de la Fele o la Universidad y las patentes de esta última? O nuestro marketing es tan pésimo como el de la Mesa por León o simplemente no existen. Apelar a un pasado glorioso omitiendo referirnos a siglos de vida contemplativa excepto el periodo de Eldorado del carbón no nos va a servir para nada. Presentar informes carentes de rigor con la cuenta de la vieja y sesgados torturando las estadísticas para que salga cara en vez de cruz, tampoco.

Malos tiempos para el ahorro conservador
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