lunes 19/10/20

Marlaska, incompetente. Sánchez, deshonesto

Fernando Grande-Marlaska, nacido en Bilbao en 1962 como Fernando Grande Gómez, «euskaldinizó» en cuanto pudo sus apellidos con un guión y una «k». Su padre, policía municipal en Bilbao y su madre, costurera, de segundo apellido Marlasca con «c», eran una familia trabajadora de la época. El padre, ante la cortedad del sueldo de policía se pluriempleaba de peluquero para sacar adelante a la prole. Igual que cientos de miles de españoles afanosos de mediados del siglo XX.

Aquel joven Fernando Grande Gómez, luego Grande-Marlaska, decidió ser juez. Y lo consiguió. Pasó de destinos locales a «juez estrella» por su apreciable trayectoria como magistrado de la Audiencia Nacional. Pero Marlaska resolvió tirar todo por la borda y coquetear con el veneno de la política. Primero con el Partido Popular, que le presentó a vocal del GCPJ y le valoró después como posible Defensor del Pueblo y fiscal general.

La cosa no prosperó del todo y, al poco, llegó Pedro Sánchez al poder. Sí, ese hombre que le dio recientemente el pésame en el Senado a los herederos de la banda asesina ETA por el fallecimiento de un terrorista que decidió suicidarse. «Lo lamento profundamente», les dijo el presidente del Gobierno desde el escaño con el rostro compungido. Las víctimas de ETA aún están retorciéndose de dolor. Entre ellas, la familia de Miguel Ángel Blanco, secuestrado y asesinado en 1997 por el sanguinario comando Donosti del que era miembro activo el terrorista, al que la justicia condenó a 20 años de prisión. Y Marlaska, por mor de Moncloa, lo logró finalmente: se convirtió de «juez estrella» en ministro del Interior… estrellado. Es evidente. Un ministro que en comparecencias públicas llama sin rubor «ley mordaza» a la Ley Orgánica 4/2015, de Protección de la Seguridad Ciudadana, que, sin embargo, aplica día a día.

Verbigracia, la última de Marlaska, una más, hace un par de semanas cuando los narcotraficantes del Estrecho de Gibraltar lanzaron sus coches homicidas contra varios radiopatrullas de la policía y de la Guardia Civil. Al ministro no se le ocurrió otra cosa que «humanizar» en rueda de prensa a los narcos explicando literalmente la «desesperación» que sufren los delincuentes por la presencia de las fuerzas de seguridad. Tal cual. Luego intentó arreglarlo ampliando datos. El daño ya estaba hecho. Hace unos días los narcos kamikazes de la zona de Algeciras volvieron a las andadas acometiendo con un todoterreno cargado hasta el techo de fardos de hachís al vehículo oficial de la Guardia Civil; hirieron a tres agentes. Suma y sigue.

Fernando Grande-Marlaska, la historia de un ministro sin capacidad para el cargo. Pedro Sánchez Castejón, presidente del Gobierno a cualquier precio. Cooperadores necesarios. Política pancista. País de penas.

Marlaska, incompetente. Sánchez, deshonesto
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