martes 20/10/20
LA VELETA

Mas, un ludópata

En realidad, los ludópatas no tienen adicción patológica a los juegos de azar. Su esclavitud es el riesgo extremo. No juegan para ganar sino para perder. Necesitan llevar el riesgo hasta el extremo en donde es metafísicamente imposible salir victorioso. Todo esto viene a colación del muy honorable presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas. Lo ha tenido todo. Fue el delfín de Jordi Pujol cuando se creía que era una persona honesta y un patriota comprometido. Ahora sabemos que sus patrias eran Andorra y Suiza. Mas ganó las primeras elecciones por mayoría absoluta y disolvió anticipadamente el Parlamento para perder 12 escaños y depender de Esquerra Republicana. Convocó un referéndum ilegal y cuando se dio contra la pared del Tribunal Constitucional transformó la consulta en una bufonada sin pies ni cabeza. La ludopatía política de Artur Mas, como es consustancial a esa patología, sobre todo en quienes no se ponen en tratamiento severo, le conducirá a la ruina total de su patrimonio político del que ya no queda mucho. Pero él insiste.

Veamos. La independencia de Cataluña es un anhelo político legítimo, pero carece de cualquier base legal. La independencia es imposible salvo por un acto de fuerza o guerra. Primero, porque el derecho de autodeterminación, contemplado en la carta de Naciones Unidas, no encaja en Cataluña, puesto que se refiere a situaciones bélicas y a colonias. En segundo lugar, no está contemplada esa posibilidad en la Constitución Española. Y, en tercer lugar, porque esa hipotética e imposible salida de España convocaría un Cataxit, es decir, una quiebra de esa comunidad autónoma, su salida de la UE y de la zona Euro y la necesidad de inventar y poner en circulación una moneda propia.

Las charlotadas fueron y son un remedo bufo de las corridas de toros para que pudieran acudir los niños en vez de ir al circo. Y la convocatoria del 27-N es una charlotada que además secuestra la democracia en Cataluña convirtiendo las elecciones autonómicas para formar gobierno y sacar adelante un proyecto político en una hipotética consulta plebiscitaria para salvar la ensoñación ludópata de quien fue ungido por Jordi Pujol, del que se procura hablar lo menos posible.

Resumiendo, el president de Convergencia Democrática de Cataluña y del gobierno de la Generalidad irá en las listas de esas elecciones como número cuatro. Desde esa posición de camuflaje gobernará y encabezaría la secesión. Confieso que la ludopatía del señor Mas me tiene agotado. Estoy deseando que no le dejen entrar en ningún casino político y que sus familiares políticos le incapaciten para que no pueda seguir dilapidando ese maravilloso país que es Cataluña, que fue lugar de gente emprendedora que supo sacar provecho de su situación geográfica y de la mano de obra barata que le llegó de los lugares más pobres de España.

Mas, un ludópata
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