viernes 3/12/21

Han transcurrido 18 meses desde que empezó este pequeño-gran desastre en que se ha convertido la pandemia covid-19 y se nos empieza a olvidar los devastadores efectos que ha tenido, tiene y quien sabe si seguirá teniendo.

En la prensa, nuestros políticos se jactan del alto porcentaje de vacunación (se olvidan de que a pesar de ello, a lo largo de todo el verano ha habido centenares de ingresos, en planta y UCI y centenares de fallecidos).

En las últimas semanas se repite hasta la saciedad que la incidencia acumulada baja, pero no se dice que cada vez se hacen menos test de Ag y PCR, porque según los miles de protocolos ya no están indicadas hacerlas, en situaciones que hasta hace bien poco si se pedían (todo amparado en la famosa vacunación.

Y también nos dicen que la ocupación de camas hospitalarias decrece, pero nadie dice que se están dando altas a pacientes covid positivos para que sigan sus tratamientos y aislamientos en sus centros residenciales.

Esto último no es una crítica al sistema sanitario (considero que es un correcto uso de los recursos); todo esto junto genera una sensación de seguridad, una pérdida de memoria, que sólo puede tener malas consecuencias... fiestas populares y otras jaranas, que llevarán a empeorar las cosas como se está viendo en Galicia por ejemplo.

¿Nadie puede poner un poco de cordura? Cientos de protocolos de actuación, que no aportan nada.

Considero que restarle trascendencia a este bicho hace que la gente relaje la precaución y eso es malo.

Cómo es posible que otros países estén hablando de una tercera dosis de vacuna, que la propia EMA se lo este planteando, y aquí a nuestros políticos les cueste tanto hablar de que se puede plantear. ¿Por qué cada comunidad ha ido vacunado a los pacientes que han pasado el covid a diferentes momentos (al mes, a los 2 meses, a los 6 meses...) de que estamos hablando de bienestar social y sanitario o de temas económicos, estadísticos o votos...?

Memoria a corto plazo...
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