miércoles 22/9/21
TRIBUNA

¿Merece la pena dirigir el Colegio de Enfermería?

¿CUÁNDO dejaron de ser aquellas mujeres anónimas, que se ocupaban de cuidar y atender a los enfermos mientras los médicos aparecían y desaparecían como el Guadiana, para convertirse en protagonistas de altercados judiciales y luchas intestinas que nadie comprende muy bien?. Las enfermeras y enfermeros de hoy son profesionales de la sanidad que han evolucionado con el tiempo, ganando en conocimientos y competencia, en equilibrio con la sociedad en la que viven, pero inmersos en una estructura organizativa anacrónica, frustrante, incapaz de satisfacer las necesidades del colectivo profesional. Enfermería para la Democracia es una Asociación que agrupa a un centenar de profesionales de la enfermería leonesa. Surge frente a la latente apatía y falta de participación de las enfermeras en la vida institucional del colectivo, así como los escándalos que aparecen en prensa, las presuntas irregularidades y prácticas antidemocráticas de la estructura Colegial. Pobre democracia, con un retraso de más de tres años se celebraron elecciones a Junta de Gobierno del Colegio de Enfermería y con sospechosa sonrisa el 24 de Marzo de 2.002 la candidatura oficialista vencía a la renovadora encabezada por Honorino Martínez, dejando a sus seguidores un rictus de incomprensión e incredulidad . Y no les faltaba razón, pues tras comprobar que un cúmulo de presuntas irregularidades habían rodeado el proceso electoral y poniendo estas circunstancias en manos de la justicia, el magistrado ordenó a la policía judicial el registro de la sede colegial. Muchas enfermeras se sintieron horrorizadas ante un hecho sin precedentes que llevaba la indignidad de verse en tan triste situación. La presunta falsificación del censo electoral, era la acusación formulada. De las investigaciones se comprobó que habían votado por correo, presuntamente sin cumplir los requisitos para ejercer ese derecho y habiendo sido incluidos en el censo electoral de forma fraudulenta, más de 200 personas, que ni residían, ni trabajaban, ni estaban colegiados en León. Casi todos ellos resultaron ser directivos de juntas de gobierno de otros colegios provinciales, Autonómicos e incluso estatal (Ceuta, Cádiz, Almería, Asturias, Baleares, Orense, etcétera). Por otro lado todos estaban adscritos a un proyecto de investigación denominado NIPE, englobado en el ISEC, fundación presidida por Máximo Jurado, Presidente del Consejo General de Enfermería. Siendo curioso que casi todos los directivos colegiales de comunidades autónomas y provincias afines a la línea de Máximo Jurado eran miembros del NIPE. También es llamativo que con posterioridad a su victoria electoral, Olga Álvarez y su equipo directivo del Colegio de León, realizasen en el 2002 una donación económica de 4.080,46 euros al ISEC, en el que se encuentra el NIPE, cuyos votos por correo, presuntamente ilegales, le dieron esa victoria que permitiría realizar esta donación, fuera del presupuesto aprobado para ese ejercicio. Pero no fue esta la única irregularidad, dado que oportunamente los responsables colegiales decidieron destruir la documentación electoral referente al voto por correo después del escrutinio. Como en un buen circo Olga Álvarez declaró ante el juez que destruyó por orden del interventor/asesor Autonómico presente, éste declaró ante el juez que él no ordenó nada, ni nada destruyó, pero ante la prensa respaldó a la leonesa. ¿A quien engañó: al juez o a la prensa?. La presidenta del Colegio de León acepta ante el juez los hechos y los justifica diciendo que toda esa gente que votó en León, pueden votar aquí y donde quieran por gloria de un acuerdo que nadie conoce, ni ha visto nunca. Por muchas pistas que tenga este circo, una cosa es cierta, alguien se cargó la democracia en León. El Colegio de Enfermería es una Corporación de Derecho Público con más responsabilidades económicas -75 millones de pesetas al año-, personales (2.500 colegiados) y profesionales que muchos ayuntamientos, y hasta la fecha ¡no hay democracia!. Si esto es descorazonador, a tenor de las declaraciones de Olga Álvarez ante el juez, podríamos concluir que esta práctica electoral es moneda de cambio habitual, pero claro esos votos trashumantes tienen una etiología, son afines a unas tendencias de gobierno, y consiguen mantener en el poder las líneas conservadoras que respaldan a los directivos autonómicos, y estos a los estatales. Por lo que sin duda son de una comodidad increíble, no cumplen ningún requisito y pueden, por su volumen, dar la victoria a cualquier candidatura electoral, en cualquier parte del país, que interese al bloque de poder que representan, garantizando la estabilidad de las Juntas de Gobierno Autonómicas y Estatal. Con lo cual no solo se traiciona a una democracia provinciana, que aunque pequeña, no lo es en importancia, sino al más amplio concepto del término. Alguien preguntó entonces sobre la verosimilitud de un complot, de una trama en un colectivo profesional como el de enfermería, corporación de derecho público por medio, y alguien contestó: «¿Quién lo sabe?» Lo único cierto son algunas cifras, las que mueve la estructura colegial de Enfermería: más de 36 millones de euros al año, osea 6.000 millones de pesetas. Después de cerrar la boca ante tantos ceros seguimos sospechosamente hablando de dinero. Desde el proceso electoral la Dirección del Colegio Provincial ha tenido serias dificultades. Salvo en una ocasión, en todas las asambleas generales de los colegiados de León, la mayoría ha discrepado con la junta de gobierno presidida por Olga Álvarez, y una y otra vez han manifestado su rechazo, tanto a presupuestos, como gestión. En el verano pasado -junio- donde tras debatir ampliamente se rechazó la gestión económica de la Junta de Gobierno. El 22 de diciembre se volvió a rechazar esa gestión y los presupuestos para el 2004 por un 62% de las enfermeras. No se dieron cuenta que una vez terminado el proceso electoral no iban a estar en León los 300 votos, «de pata negra», para poder dirigir el colegio. Sin embargo el rechazo a la gestión económica y los presupuestos no nace simplemente de la confrontación por sí misma, sino de la discrepancia con la forma y el fondo de gastar. Salarios excesivos -lo de sin ánimo de lucro, ya no existe-, gastos sin justificar, donaciones fuera de presupuesto, honorarios profesionales y a empresas por conceptos malamente aceptables, absoluta falta de explicación sobre el gasto autonómico y estatal -más de 3.000 millones de pesetas-, y por supuesto el rechazo ético a que el contable del colegio sea socio fundador de la empresa auditora de su misma contabilidad. El hecho de que a Olga Álvarez y su junta directiva les dé lo mismo que los colegiados de León, en su máximo órgano de representación, la junta general ordinaria, rechazasen su gestión económica y presupuestos, verse ante la justicia repetidamente y tener pendiente el presunto delito de falsificación y manipulación del último proceso electoral, no parece que les preocupe demasiado, aunque cualquier otro en su lugar temblaría como una hoja. Debe merecer la pena dirigir el colegio profesional de enfermería, ¿no les parece?.

¿Merece la pena dirigir el Colegio de Enfermería?
Comentarios