jueves 26/11/20

La ‘mesa camilla’ por León

He esperado unos días para intentar hacer una crítica desapasionada con el ánimo de que sea constructiva, pero veo que ya sólo falta el brasero para pasar el largo invierno echando partidas de tute esperando el maná.

En anteriores Tribunas he pretendido explicar el modelo de agencia que se implantó con éxito en las Highlands (5 de marzo de 2020) y manifestado mi parecer acerca de la composición de la Mesa, abordando tres líneas o ámbitos de negocio para las que considero que León reúne más que condiciones (7 de septiembre de 2020). Creo que después de 8 meses desde la multitudinaria manifestación que tuvo lugar en la capital y otras importantes ciudades de la provincia cabe ahora, después de una tercera reunión de la Mesa el 29 de septiembre, analizar lo llevado a cabo. Máxime cuando empiezan a surgir impaciencias y desavenencias, con muchas críticas en medios físicos y digitales, especialmente abundantes en las redes sociales.

—El hecho de que una vez nombrada la persona coordinadora el 26 de junio, aparezca 3 meses y 3 días más tarde y aún así pasaran otros 10 en hacer sus primeras manifestaciones en los medios locales, es sencillamente inaceptable. No son estos manejos de tiempos, propios del sector público, lo que se necesita en este momento,

—Tardar tantos meses para presentar un bonito logo, anunciar sin fecha una web y un email sin poder pasar de la tercera parte de la presentación porque, según parece, se acepta mansamente que el delegado del Gobierno levante la Mesa no es muy edificante.

—Invocar a la situación de pandemia para justificar tan pobre resultado es desconocer cómo están funcionando las empresas privadas, pese a las dificultades del momento y la absoluta ineficiacia de la administración pública. No es tan difícil contactar por Zoom con Alastair Dodds, director del Highlands and Islands Enterprise, para que cuente su experiencia.

—Parece que se opta por un sistema híbrido para la agencia al contar con un comité de expertos formado por profesionales y empresarios y unos técnicos de la administración pública. En las Highlands se prescindió expresamente de funcionarios, dado que otro perfil laboral sería mucho más flexible, ágil y sustituible en caso de bajo desempeño. No pongo en duda la valía de las personas sino a nuestro anquilosado sistema que perpetúa el bajo rendimiento y desincentiva el mérito.

—Tienen razón los empresarios al exigir las inversiones repetidamente prometidas e incumplidas, pero hace falta algo más, aparte de buscar inversión privada, la cual mencioné en la anterior Tribuna. Debe abordarse el problema de forma integral, como así se hizo en Escocia, además teniendo en cuenta que muy probablemente no lleguen las deseadas por el hecho objetivo de ser el país de Europa con los peores datos económicos desde que empezó la pandemia y las peores perspectivas. Además, los apoyos para aprobar los Presupuestos están muy justos y buscados en caladeros no muy recomendables. Sería más eficaz que los dos diputados provinciales del PSOE se rebelasen para conseguir algo a cambio de sus dos necesarios votos. En cuanto a las administraciones cercanas, la Diputación es la única que tiene un importante remanente, mientras que poco se puede esperar de un Ayuntamiento que estando entre los primeros de España en deuda y gasto de personal ve lastrada su capacidad desde hace muchos años. Respecto al dinero de Europa está por ver cuándo, cómo y en qué.

—Nada se dice del ámbito tributario y para ello la Junta de Castilla y León tendría que contemplar en su parte del IRPF (50% de la base imponible) incentivos para el emprendimiento en pequeñas poblaciones, suprimir Patrimonio y Sucesiones. Para ello y dado el descuadre de las cuentas por efecto de la pandemia, urge una jibarización del gasto estructural, donde lo que no sea estrictamente necesario debe ser laminado. Sería deseable que el Estado también legislase en concordancia en su parte del IRPF (50%) e Impuesto sobre Sociedades, pero poco se puede esperar de un gobierno con poco afecto a lo privado.

—Es necesario, al igual que se hizo en Escocia, fomentar el emprendimiento desde la escuela, así como inculcar que tenemos que ser nosotros mismos quienes salgamos adelante, sin estar echando continuamente la culpa a otros.

Por tanto, parece que se fía todo a que alguien, ajeno por supuesto, haga algo y debemos pensar qué podemos hacer por nosotros mismos de forma inmediata. Sin ánimo exhaustivo, añadí en la anterior Tribuna ideas diferentes a las típicas, en relación al capital riesgo, startups, servicios deslocalizados de grandes compañías o la Universidad, en la que insisto en su papel crucial, tanto que en Escocia, la agencia está radicada en el mismo campus de la University of the Highlands and Islands en Inverness. Me gustaría añadir en este momento algunas reflexiones en relación al turismo y la gastronomía:

—Debemos cuidar nuestro turismo cultural, siendo deseable ofrecer un programa de verano conocido de antemano con la posibilidad de adquirir entradas online. La gestión de los bienes Patrimonio de la Humanidad es claramente mejorable en el caso de las Médulas, mientras que a la Cuna del Parlamentarismo no se le da la importancia debida, degradándose otorgando su nombre a un Festival de Jazz, en el que un cartel de poco nivel se anuncia horas antes y no se pueden adquirir entradas anticipadas, así como la falta de explicaciones en otros idiomas en el Palacio del Conde Luna, careciendo hasta de trípticos.

—La Catedral y San Isidoro, gestionadas privadamente, merecen un desplazamiento por su contenido, facilidades, horario e idiomas, pero debemos reflexionar si en la capital se puede decir lo mismo de algunos museos y centros públicos y si las webs del Ayuntamiento, Diputación y Turisleón están a la altura e incitan a una visita a nuestra provincia o a lo contrario.

—León reúne las mejores condiciones de nuestro entorno para ser puntera en el turismo idiomático, sin embargo, sólo es capaz de recibir al 2,47% de los estudiantes que han venido a la Comunidad. La asociación «León destino en español» compuesta por el Ayuntamiento, la Universidad, EOI, Cámara de Comercio, Fele y CEL, no ha valido para nada, mientras Salamanca se lleva la mayoría de las visitas.

—Cabría contemplar también el turismo de salud. Hay clínicas privadas que están haciendo una apuesta de inversión en medios técnicos y humanos que ya empiezan a atraer a usuarios de tratamientos u operaciones con prestigiosos especialistas.

—No hay nada que fije más población en el medio rural que el sector agroalimentario y especialmente si se une con la transformación. Gastar dinero en promoción interna cuando somos un mercado decreciente, avejentado y con poco poder adquisitivo no es la mejor manera de manejar los recursos. Hace falta promoción exterior y no centrada solo en grandes superficies, ya que, en general, carecemos de tamaño.

—Pese a tener potencial para ello, no somos un destino gastronómico ni hemos aprovechado la compra del «premio» de la capitalidad para conseguirlo. Es más, corremos el riesgo de ahuyentar ese turismo, como está pasando ya en alguna ciudad, al perseverar en un modelo de bajo ticket basado en la abundancia y no en la calidad, que por otra parte hace un flaco favor para poner en valor lo que de historia y monumentos podemos ofrecer. El carecer de un mercado de abastos cubierto digno de tal nombre tampoco ayuda.

—Debemos adaptarnos a los tiempos, ya que no es usual el wifi o idiomas en los establecimientos, donde muchos desconocen el tax refund para turistas extracomunitarios, ni está extendido el pago electrónico en bares para cualquier tipo de consumición.

Me gustaría equivocarme, pero aunque sólo sea por la inercia demográfica, compartida con Zamora, Orense, Lugo y Asturias, provincias vecinas de tres comunidades autónomas diferentes, no hemos tocado fondo todavía. Menos romerías por la provincia, céntrense y muévanse en la dirección correcta.

La ‘mesa camilla’ por León
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