jueves 17/6/21

La mesa vacía/cuatro de diez

Los más de cinco mil leoneses que en 2020 desaparecieron del asiento del padrón municipal chocan, como un tren desbocado y sin rumbo, contra la virtual Mesa por León que, desde hace décadas, retrata un espléndido futuro para la provincia a base de argumentos vacios.

La fábula comenzó a finales del pasado siglo en el Hostal de San Marcos. Allí, en aquel escenario idílico (un marco incomparable, según la terminología política de entonces) se selló el acuerdo que parecía que iba a convertir a la capital del viejo reino en el nuevo Silicon Valley. A la rúbrica asistió el entonces poderoso Javier Arenas, como digno fedatario de la importancia de aquel documento que hablaba de una lluvia, tal vez una tormenta, de millones de pesetas que nunca llegaron al puerto de destino.

Desde entonces, desde aquella primera cita, la Mesa por el futuro de León resurge cada cierto tiempo cargada de pomposas declaraciones vacías, que no conducen a nada. Al frente del escaparate aparecen los encargados de la escenografía y el maquillaje que afrontan —en nombre de la sociedad leonesa— interminables jornadas de debate que al final enfilan un camino sin salida, sin propuestas serias. Y mientras la provincia se achica, los jóvenes, preparados para acometer el futuro y emprender el relevo generacional, no encuentran hueco en un mercado laboral sin opciones y tienen que buscar el sustento fuera de León.

El tiempo corre en contra y evidencia cómo esta tierra se consume en silencio, pese a la reacción de la sociedad, que no ha encontrado eco. En febrero del pasado 2020 ochenta mil leoneses poblaron las calles de la capital leonesa y de algunas de las cabeceras de comarca más significativas de la provincia para clamar, poner el grito en el cielo y reiterar, una vez más, que basta ya.

No podemos olvidar que todos formamos parte de una cadena ahora con muchas fisuras. En especial en el segmento de la pequeña y mediana empresa, la empresa familiar, que son, somos, la columna vertebral de la economía de esta provincia

Pero aquella exigencia multitudinaria no encajó en los presuntos debates de la Mesa por León, que hizo oídos sordos a la demanda de miles de leoneses.

El foro que debía chequear, diagnosticar y luego aplicar la terapia adecuada a una economía como la nuestra, con una necrosis productiva preocupante, no ha hecho nada para frenar el descalabro del censo. No nos equivoquemos, son cinco mil personas menos que ya no forman parte de la cadena que permite generar expectativas, empleo, riqueza, futuro.

Y no ha hecho nada porque las discusiones de fondo no han pasado de los reproches de tú tienes la culpa y poco más. Resulta curioso que todos los presentes, pese a ser plenamente conscientes del fracaso, no quieran dar el paso y abandonar un escenario que lleva con el telón bajado desde el pasado mes de febrero. Tienen miedo a que les señalen con el dedo y les culpabilicen de la situación extremadamente delicada de la provincia, que pide seriedad para evitar la hecatombe.

Tampoco las reivindicaciones en la red, como las de este pasado mes de febrero, han servido para agitar sus conciencias.

No podemos olvidar que todos formamos parte de una cadena ahora con muchas fisuras. En especial en el segmento de la pequeña y mediana empresa, la empresa familiar, que son, somos, la columna vertebral de la economía de esta provincia.

Un primer avance de datos sobre la evolución o, para ser más precisos, sobre la destrucción de empresas y empleo anuncia un panorama muy duro. Dos de cada cinco empresas, o lo que es lo mismo cuatro de cada diez están destinadas a desaparecer. Esta pésima advertencia se traduce en que más de mil empresas que han echado la trapa desde que la pandemia ha cambiado nuestra forma de vida. Y claro, esta caída del tejido empresarial en un 20 o un 25% tiene una correlación directa con la pérdida de más de mil doscientos puestos de trabajo, que León no se puede permitir.

Los incontables anuncios de cierre o traspaso que pueblan la capital son un espejo de la realidad que tenemos que trasformar. En la provincia el panorama inmediato es aún más oscuro, porque al deterioro empresarial y laboral se une el goteo de cierres de dependencias públicas imprescindibles, consultorios médicos, colegios etcétera.

Con todos estos ingredientes es posible que ya esté en marcha la cuenta atrás de la bomba de relojería que puede dinamitar nuestro futuro a corto y medio plazo: despoblación imparable año tras año, destrucción de empresas y empleo a un ritmo apabullante, emigración de las generaciones mejor preparadas ante un panorama laboral sin opciones.

Y si a este cóctel añadimos la guinda envenenada de quienes durante años han propiciado el ruido sin nueces y añadimos una pizca de clase política ensimismada en sus personalismos, el camino que hay que emprender se adivina cargado de obstáculos.

Ante un tiempo tan incierto solo queda proclamar alto y claro que basta ya. Quienes integran la susodicha mesa por el futuro tienen dos opciones, o se comprometen de forma seria con el porvenir de miles de familias, ahora mismo en el aire, o bien se van y facilitan que personas con ideas y con ganas de trabajar tomen el relevo.

El Gobierno de Castilla y León, ausente y ajeno al desastre que nos asola debe ponerse de inmediato el mono de trabajo para legislar medidas y recursos que frenen y cambien el panorama actual. Además tienen que negociar con quien deba, con el Gobierno de España, para que parte de los fondos estructurales que la Unión Europea ha aprobado contemplen partidas expresas y directas para las pymes.

Los mandatarios de esta Comunidad bicéfala no deberían perder ni un minuto porque los leoneses somos pacíficos y tranquilos, es cierto, pero tenemos claro que unidos y sin ismos políticos manipuladores, podemos cambiar el actual mapa territorial.

La propia Constitución establece el cómo. León necesita un giro de 180 grados y para ello es vital el respaldo de un Gobierno que hasta ahora, al menos con León, no ha sabido, no ha podido, o no ha querido estar a la altura de las circunstancias.

Con todos estos agentes, necesarios para diseñar cómo debemos afrontar la vuelta a la denominada nueva normalidad, el tablero de operaciones aún está incompleto. A la sinergia de las instituciones públicas y de las organizaciones profesionales debe sumarse la inversión privada. Imprescindible. La experiencia de anteriores desastres económicos nos recuerda que la unión de intereses y objetivos entre la inversión pública y la privada nos permitirá remontar a un mayor ritmo la desaceleración económica y la caída del PIB como la que nos asola, en distinto grado, a todos los europeos.

La economía leonesa, desgraciadamente, no es una excepción. Al contrario, necesita mucha inversión para restablecer los medios que frenen la destrucción de empresas y empleo y para reactivar el círculo de interdependencia y confianza que genera riqueza. En esta carrera contra reloj, insisto, la entrada en escena de recursos privados es más necesaria que nunca.

Y para conseguir este objetivo, que todos los agentes implicados rememos en la misma dirección y podamos convertir en un simple recuerdo esta pesadilla, debemos estar en permanente alerta, porque nadie vendrá a sacarnos las castañas del fuego.

La mesa vacía/cuatro de diez
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