jueves. 18.08.2022

La Mocro Maffia, red de grupos criminales de origen marroquí, se dedica fundamentalmente al narcotráfico, sin desdeñar el sicariato o los secuestros. Estos clanes del crimen organizado transnacional, con cuartel general en los Países Bajos y Bélgica, tienen sin embargo su médula espinal en el Magreb.

Hace tiempo que la Mocro Maffia se instaló en España, cabeza de puente estratégica entre Europa y África. La policía localizó recientemente contenedores vacíos en Málaga, preparados para inmovilizar con grilletes y anclajes a secuestrados en espera del pago del rescate, una de las «industrias» de los hampones de la Mocro.

La Costa del Sol es, al mismo tiempo, campo abonado con infinitas posibilidades para los mafiosos holandeses-magrebís en el tráfico de cocaína, de hachís y de síntesis. El capo hegemónico hasta hace una temporada era Ebrahim Buzhu, alias El Carnicero, de padres marroquís. Era, porque recientemente le han picado el billete; lo ejecutaron a tiros un par de sicarios a jornal en Chiclana de la Frontera.

La cercanía de Marruecos, el mayor cultivador de hachís del mundo, con más de 40.000 toneladas de producción al año empujó al Carnicero y su clan a instalarse en el sur de Andalucía. España es la principal puerta de entrada de hachís al continente europeo y por consiguiente al espacio Schengen de libre circulación. El negocio está asegurado. Una tonelada, trapicheada al menudeo en la calle, alcanza un valor medio de seis millones de euros si tomamos la referencia del mercado negro donde el gramo oscila de 5 a 7 euros.

Mocro Maffia no es una simple ‘multinacional’ provisoria de drogas y extorsión. Los narcos y sus sicarios tienen en la Península Ibérica una poderosa base de operaciones fija

Los cárteles potentes de la droga son la aristocracia del crimen sin fronteras; muerto el titular se impone el relevo sin pérdida de tiempo. Al Carnicero lo reemplazó en España el lugarteniente de Ridoaun Taghi, máximo líder de Mocro Maffia en Europa, acusado de ordenar el asesinato del periodista televisivo Peter R. de Vries, el reportero de investigación más célebre de los Países Bajos, al que acribillaron los sicarios sin apenas despeinarse en el centro de Ámsterdam, una ciudad que en materia de seguridad sigue entontecida en el candor buenista del Sant Denís francés hasta que la sangre empiece, ya lo ha hecho, a salpicar los trajes de Armani de la clase política rentista del poder, como ocurrió, y así hay que repetirlo una vez más, en el País Vasco con los crímenes terroristas de ETA.

Mocro Maffia no es una simple «multinacional» provisoria de drogas y extorsión. Los narcos y sus sicarios tienen en la Península Ibérica una poderosa base de operaciones fija. La policía les acaba de incautar dos submarinos no tripulados, de 20 metros de eslora, construidos ex profeso para navegar el Mediterráneo, y una flotilla de drones de 12 motores con autonomía para varias horas de vuelo. Su plan es convertir la Costa del Sol en una narcorregión. No tardarán en aliarse con las bandas españolas del hachís que operan violentamente en el estrecho de Gibraltar.

En resumen, la ley de Murphy en estado puro; si algo puede salir mal, saldrá mal…, con posibilidad de empeorar si quien tiene la obligación de gestionarlo no está ni se le espera. ¿Oído, Marlaska?

Mocro Maffia: narcos y sicarios en España
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