martes 18/5/21

¿Una movilidad de diez?

Una actitud plagada de torpes decisiones unas veces, ausencia de ellas otras y desconocimiento intencionado de la Seguridad Vial está generando un preocupante desconcierto entre los usuarios de las vías urbanas de nuestra ciudad, tanto en los peatones como en los automovilistas, los ciclistas y los usuarios de otros medios de movilidad personal.

Trayectos caóticos, señales improvisadas no reglamentarias, carriles de complicada circulación, sobre-señalización horizontal confusa (como en la avenida de Independencia en la confluencia con la plaza de Santo Domingo), señalización a 50, a 30 o a 20 km/h ininteligible, jeroglífica, carriles de uso exclusivo de autobuses, taxis, patinetes (en los que coexisten diferentes límites que confunden a los usuarios)…

O la sorpresiva desembocadura caótica e incompleta de la semipeatonalizada avenida de Ordoño II en la plaza de Guzmán que, si no se aclara señaléticamente, puede convertirse en un verdadero quebradero de cabeza, de peligro físico para los conductores y sobre todo para los usuarios de bicicletas o patinetes.

Más, carriles de circulación exclusiva pero compartida entre vehículos tan dispares como autobuses, taxis, bicicletas, patinetes y otros vehículos de movilidad personal, acompañados de señalización vertical que los corrigen, de los que se ha indicado que son de circulación potestativa y que alguno de ellos, si se cumple lo ordenado por las marcas viales (de color amarillo son antirreglamentarias) impiden el giro a la derecha para los vehículos no reservados. Y qué decir de ese radar en la avenida Real, de doble vía de circulación a la que la reglamentación nacional señala velocidad máxima de 50… ¿A 30?, ¿a 50?..., que con alta frecuencia sanciona si se supera la mínima de treinta, pero si se recurre se anula en gran cantidad de ocasiones… En fin, una sinrazón. O, para rematar, la reciente privatización del servicio de préstamo de bicicletas, carísima y con un alto coste para las arcas municipales y para el usuario, contradiciendo las tesis pregonadas anteriormente por el hoy alcalde.

Nunca se había vivido una situación de inseguridad vial como la que vivimos hoy día en León. A lo que se suma la ausencia de campañas de seguridad vial, que tan buenos resultados han dado en los años anteriores, llegando a obtener reconocimiento nacional para los que son los verdaderos valedores de la Seguridad Vial, los miembros de la Policía Local de León. Unos profesionales que cuentan con una probada, dilatada y reconocida valía en la docencia y en la concienciación ciudadana vial, que han quedado relegados por el totalitarismo del responsable político de la seguridad vial, que no es otro que el alcalde. A Diez tan solo le preocupa dejar su impronta improvisada, remedando e innovando la normativa de la Dirección General de Tráfico, que está haciendo que circular por el municipio de León sea lo más parecido a una yincana propia de una feria.

A lo anterior se suma el abandono de políticas de profundización en la Seguridad Vial, como la avanzada en años anteriores con la instalación de sistemas de iluminación especial en los pasos de peatones que tan buenos resultados han dado y, sin embargo, se adoptan —bajo presión política a cambio de apoyos— otras como los pasos de peatones simulados en 3D que podrían provocar mayor distracción que la que tratan de evitar.

A día de hoy se tiene un desconocimiento general acerca de las limitaciones de velocidad, que no han pasado de ser unas señales improvisadas olvidando que la potestad municipal debe estar en consonancia y armonizada con las normas generales de mayor rango. Señales algunas de ellas ilegales que provocan una sensación de absoluta inseguridad jurídica y que, como prueba de ello, han generado en el mes de diciembre pasado un 140% de aumento en los atropellos y de un 133% en los accidentes con heridos, cifras que deberían producir en el responsable último de la Seguridad Vial un profundo sentimiento de frustración por su incapacidad para afrontar la competencia vial, además de las propias de la Alcaldía.

Lejos de ello, sin sonrojo alguno, genera un comunicado pidiendo más atención y prudencia a los conductores, culpándoles —exclusivamente— de ese incremento en la siniestralidad; aumento en el que tienen incidencia directa las últimas y erráticas decisiones tomadas en materia de Seguridad Vial.

Y es que es cierto que hay que instar a los conductores, por supuesto también a los peatones, a respetar los límites de velocidad y el resto de las normas de circulación pero también lo es que hay que facilitarles e informarles de la correcta aplicación y el buen uso de todas las innovaciones que en las vías urbanas se van produciendo.

Estas circunstancias implican no solo a conductores, peatones, conductores de servicios públicos y/o servicios de emergencia, sino también, tal vez lo más penoso, a los excelentes miembros de nuestra Policía Local que siempre se han significado como uno de los más seguros y profesionales de los cuerpos de nuestro país.

¿Una movilidad de diez?
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