viernes. 27.01.2023

León huele estos días a lo que olió toda la vida, antes de que la vida se convirtiera en algo aséptico que no huele. Una cosa inodora e insulsa, como el agua pura, la cerveza sin alcohol, los sujetadores de relleno y la mierda de pavo, que ha resucitado con el descenso a la calle del aroma que los leoneses llevan apegado a la punta de la nariz desde que salieron del pueblo. El pueblo que acumula siglos de supervivencia parida del abono que el ganado convierte en huerta, la huerta en mesa y la mesa en familia.

Un leonés a quien le extrañe el aroma a estiércol resulta tan paradógico como un francés a quien le tire para atrás la esencia de un queso. Pero el hedor nos ha metido en los telediarios nacionales, que son esa cosa que aparece por la ciudad con los crímenes, las indemnizaciones millonarias de ex alcaldes y las acumulaciones de cargos en los bolsillos de presidentas de la Diputación. Rarezas que toman lo tradicional por variopinto. Una perversión de la herencia de esta tierra, justo en la época en la que los paisanos de los pueblos toman en la ciudad los palacios de invierno que compraron con los ahorros que les dejó toda una vida atada a la rutina de ordeñar por la mañana, guardar el turno en la vecera por las tardes y poner los sueños de los hijos a resguardo de las pacas del pajar por la noche.

El olor entretiene las conversaciones que ha dejado huérfanas la nieve del invierno, mientras en los partidos políticos se preparan para el cambio de ciclo. La renovación en el PSOE se ha iniciado con el ventilador puesto para que la mierda salpique en todas direcciones, para que se extienda el hedor de las carencias que se habían cubierto con el maná de las inversiones de Zapatero y la abundancia que dio para repartir sueldos y puestines a casi todos los soldaditos que tuvo el capitán general cuando era sargento. Ahora, en la escasez, todos miran para otro lado con cinismo, como cuando Cela se tiró un pedo en el ascensor y calmó a su acompañante: «Tranquila, señora, diremos que fui yo».

Al otro lado, la fermentación del PP se mantiene soterrada por el aroma del triunfo. El perfume que a Isabel Carrasco le ha empezado a enturbiar López Riesco desde Ponferrada, listo para ser el músculo que Morano pretende reforzar con Silván y redondear el golpe de estado que revierta la autoridad en el congreso provincial.

Ya se huele. Mucha mierda a todos.

Mucha mierda
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