miércoles. 17.08.2022

Será o habrá de ser como un todo al fin, pese a que ciertamente me siento abocado de una forma socialmente falsaria, pero forzada hacia la adquisición de esos matices extemporáneos pero reales en su conclusión, ya que los mismos, nos están haciendo a todos, cómplices en modos, comportamientos y actitudes falsarias, hacia el destino compendiado en continente y contenido de ese gran libro ( por qué no !), que no obstante se valoró en su día en comparación con El Quijote.

Y ciertamente que es ahí, donde han de ser en los mundos nuevos y cercanos, que han de tener existencia ante todo y sobre todo elocuentes y será en las presentes sociedades y aledañas, para ser explicados pero sobre todo entendidas en y hacia su corta andadura; el aludido entendimiento, rezuma tal saber, en idéntica forma que como forma intrínseca pudiera ser, tal cual cual regla nemotécnica y actualizada. Y es donde mi referencia se aglomera en el pasado, ¿cierto o incierto? o presente tal vez... en deriva hacia la lectura y análisis pormenorizado de la analítica de ser, ante todo y sobre todo, valorados y vívidos no obstante, para ser explicados y sobre todo entendidos.

Pero en su corta andadura, el citado entendimiento rezuma saber tal que nemotécnico y actualizado y mi referencia se aglomera en el pasado y presente, en la lectura y análisis de La conjura de los necios (John Kennedy Toole, 1982) que con el paso del tiempo, corto pero tiempo al fin, notificamos e identificamos en esas pirámides tan bien analizadas y definidas por el gran Leonardo de Pisa (Fibonacci) en sus proporciones áureas y pasante del tiempo en el que vivimos todos, aunque tal vez, disparatado en el abundar hacia lo utópico y surrealista por y con matices geométricos abonados, pero creíbles y así lo entiendo finalmente.

Ahora bien, será por ello el que yo y tantos experimentamos nuestro mundo en idéntica forma que el actor principal del mencionado libro (Ignatius Reilly), tal que vio el suyo, de pensamientos estrambóticos con excepción de preparación académica, y en su molondra y a la par que en la tantas sociedades actuales a través de su escritor, con la manida perspectiva feliz, sin obligaciones más allá de un existencialismo inconforme y contemporáneo, a la vez que exento de un trabajo remunerado y de acorde a lo impuesto por la sociedad y a parejo en la de tantos en sociedades actuales, sin principios ni finales, solo existían dictados amorfos y utópicos en la posibilidad fantasiosa de cambio, sin la propia de permuta pretendida o extensión de formas y modos necios hacia los mismos, (tal lo vemos y vivimos hoy en día, sin ambages).

Su manejo de tiempos, actitudes y aptitudes por su autor derivados hacia su actor, Ignatius Reilly, nos traslada de alguna forma, nimia, cierta y contextual en la pretendida medida asignada por Cervantes, hacia El caballero de la triste figura, ahora bien, ni en tiempo ni hechura comparable, cual pretensión en su día por ciertos literatos, escritores y críticos, tanto en su extensa obra, como en su doble tonalidad de vida y aunque la existencia de J.K. Tolle, fue ciertamente corta en tiempo y obra, no me cabe duda que está latente en este nuestro siglo y subsiguientes y, ¿de qué y por qué? Aquí me adhiero a su sobrio y argumento visionario en la suma de nuestra sociedad simultánea, analítica, tramposa e idealizada, pero sobre todo creciente en su propia ínsula cervantina, por la sutileza manifiesta y argumentada en sus más de cuarenta años de su publicación en igual formato de atemporalidad literaria en cuanto a la gran novela de Cervantes, de armas y letras, cual nuestra memoria tardará por herencia el olvidar.

Decía William Shakespeare «que no hay nada serio en el destino humano» y muy cierto si tal lo tomamos como medida o, y tiempo, la verdad será por pura obviedad cambiada por la productora de bienes materiales en cuanto que la misma ha perdido su valor connatural y ético cambiante hacia el negocio del infundio la patraña y mentira, en ese contexto manifestado y actual sobre la conjura de necios, trepas y corruptos.

Lo analítico en el notario del propio pensamiento personal sin supeditarse a opiniones espurias por el negocio y hacia él mismo, está creando un caldo de cultivo social que deriva día a día hacia una sintomatología de aceptación y asentimiento hacia la conjura puesta de manifiesto y título del presente art. pero... ¿cuál será el considerando final de la especie humana, como tal?, pienso y todos debemos meditar, que será definitorio su alumbramiento hacia un proceso de vida conjurado hacia lo conjuntado sobre opiniones generalizadas y asumidas por ausencia de propios pensamientos impropios y sin medida. Si nosotros, los seres humanos, solo utilizamos nuestra capacidad de razonamiento hacia el sometimiento de lo natural —animal, vegetal y mineral—, a cada instante seremos ese eslabón arancelario en deriva a nuestra propia aniquilación, partiendo del cimiento, que ninguna conducta, táctica o comportamiento humano, está genéticamente definido, ahora bien, en cuanto a su capacidad de discernimiento, entre lo bueno y lo malo, somos y nos hacemos cómplices confesos en lo que vemos hacia una lógica simulada de pretensión parcial y en la adopción de no ser, ni pretender ser menos hacia la búsqueda de un reconocimiento y manutención del status a la sombra de tanta deformidad personal. Anatole France (Premio Nobel en 1921 de Literatura), afirmaba y con muy buen criterio, actualizado ya hace un siglo, como podemos leer, « que sin mentiras, la humanidad se moriría de desesperación y aburrimiento», curioso, triste y real, pues no lo hemos tomado al pie de la letra (sic). Finalizo, espoleándoos a todos en la lectura o ratificación del libro La conjura de los necios, pretexto del presente art., en ese exhumar conclusiones pasadas, presentes y obviamente futuras.

Las comparaciones son odiosas (según Fernando de Rojas, dicho en La Celestina), no obstante, es y será de recibo, al margen del genio de Cervantes, considerar el todo del mencionado libro, tan actual, como tundente en esta nuestra adulterada sociedad.

Y la necedad conjurada, ¿hasta cuándo?
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