miércoles. 30.11.2022

No sé si somos conscientes pero el hecho cierto es que Jesús Quintero nos ha dejado en silencio, ese silencio que tanto él dominaba y que, con mucha probabilidad, formó parte de su tremendo talento para casi todo. Era un hombre con una imaginación envidiable y una creatividad que nacía en él. ¿Qué era raro? Claro, como todos los genios, y Quintero lo era de arriba abajo.

Era espectacular en su vestir y espectacular en su hablar. Un timbre de voz característico que hacía volverse si se le oía cuando lo teníamos a la espalda.

Pero, de ninguna manera estaba loco. Si se estudia con detenimiento el legado que Quintero deja, nos damos cuenta inmediatamente que estaba muy, pero que muy cuerdo. Él lo sabía y él lo explotaba. Como artista genuino y singular que era, le gustaba ser el centro de la reunión o de la noticia. Disfrutaba con ello. Se sentía en su salsa.

Convirtió la entrevista en un verdadero espectáculo. Y él, porque era así, seguía en la entrevista mucho tiempo después de haber terminado aquella. Eso es síntoma, dicen los expertos de tener unas dotes magníficas para ser actor. Personalmente creo que Jesús Quintero, lo era.

¿Qué era raro? Claro, como todos los genios, y Quintero lo era de arriba abajo

Y, siendo tan genial y tan creativo, ¿cómo se le escapaba el control económico y financiero de todos sus proyectos? Era era la única pero importante tara que podía tener, no controlaba bien sus inversiones. Sin embargo la idea de las mismas, era siempre genial. Creaba un proyecto y se metía en él hasta el fondo, como hacen los grandes, y él, sin duda lo era.

Quería mucho a su Andalucía y muchísimo a su ciudad natal, San Juan del Puerto (Huelva). Han declarado sus hijas en ese día tan triste para ellas que, a la vez es también un día de celebración, ya que les ha dejado un legado, sobre todo de amor. Él era así.

Bohemio toda su vida, pero bohemio con mucha personalidad y transmitiendo su creatividad a las preguntas que lanzaba a todos sus invitados.

La radio y la televisión conocieron, las que más, la creatividad que él derramaba sobre ellas. La gente no elegía tal Radio o tal canal de Televisión. La gente escuchaba y veía a Jesús Quintero, estuviera donde estuviese. De nuevo un comportamiento de un grande.

Necesitaba vivir mucho para contarlo a su estilo que, era lo que le gustaba a él y a sus seguidores. Nunca pasaba desapercibido. Siempre dejaba un sabor que querías volver a disfrutar.

Desconozco si la gente lo sabía pero Quintero era un magnífico y galardonado periodista con una especialidad enormemente difícil como es la buena entrevista. Y él la bordaba. Llegó a decir en una ocasión que él se sentía asesino si entrevistaba a un asesino y santo si la entrevista era con un santo. Su dedicación al trabajo era total. Siempre estaba pariendo ideas o programas o entrevistas o libros. Una máquina non stop.

Cierto es que seres así, llegan a parecer que son inmortales. Son capaces de dejar un legado par ser estudiado durante años y años.

Es curiosos que nuestro país acoge entre sus hijos muchos con una enorme categoría, personal y por ende, profesional. Enamorado siempre de sus trabajos y dejando una huella difícil de olvidar.

En esta ocasión ha sido un hombre-genio que en su intento de transmitir cosas bellas y trabajos bien hechos, se le ha pasado la vida sin disfrutarla él mismo y su familia, lo que de verdad merecía.

Sus hijas, ahora, deben alimentar ese legado de oro que han recibido de su padre y que debe permanecer vivo años y años y años.

Durante su historial profesional, el apelativo más famoso con el que era identificado fue el de loco. Pero, él mejor que nadie, sabia que su actitud era muy cuerda. Y como su inteligencia era preclara, sabía que al lado de la palabra loco debía haber algo más, que la suavizara. Y surgió «de la colina». Detrás de todo eso, había un genio. Jesús Quintero. Descanse en paz.

Ni estaba loco, ni había colina
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