jueves. 02.02.2023

España es sin duda alguna un país variopinto, original en modos y maneras y, según en qué momentos y circunstancias, auténticamente disparatado. Las formas de comportamiento cotidiano, las posturas y acomodos de los políticos de todo signo y muchos de los hechos de cada día, no encuentran encaje en la forma de ser y sentir de nuestros socios europeos del sector noroccidental. Esto es: de Alemania hacia el Oeste y de los cuatro países nórdicos hacia el Sur, hasta el eje Roma-Milán para ajustar distancias. Nuestro país, dividido en mala hora en diecisiete reinos de taifas (un lujo que realmente nos es imposible de sostener dignamente) es escenario cada día de hechos sorprendentes que se ajustan a la idiosincrasia de cada región. Así, puede suceder que gobernantes sin ética ni dignidad, empresarios poco escrupulosos y sindicalistas de corte gansteril, se repartan dinero a espuertas hurtándolo a los fines a que esos fondos estaban destinados. El asunto de Mercasevilla o de los EREs falsos en el reino del Sur, es prueba evidente de que allí el robo de guante blanco, a costa del siempre sufrido ciudadano, es moneda de cambio de uso diario. Las tropelías de los caciques del noroeste, de Porriño a Betanzos, de Corcubión a Ortigueira, sin citar las atrocidades de otro signo con la ría de Arosa como lugar de hechos, nos acercan a la Sicilia más rudimentaria. La enumeración de acontecimientos donde el poder político está embarrado hasta la médula, implicaría el uso incuestionable de varias docenas de folios. El rememorar el dislate gigantesco que ha sucedido y que sigue sin pausa ni demora en Cataluña, se acomoda en el ancho túnel del aburrimiento, pero lamentablemente el sainete sin fin nos salpica a todos queramos o no. Es, en definitiva, la antología del disparate protagonizada por una caterva de gente sin moral, que no ha dado palo al agua en su vida y, que en no pocos casos ha robado a manos llenas. Lo peor del asunto, es que el Gobierno ha consentido en innumerables ocasiones que unos pocos pisoteen la dignidad de la mayoría.

En nuestro país nieva en esta época del año desde antes del Paleolítico. De 50 años para acá cada vez menos y, precipitaciones como las que ocurrían en los años cuarenta y cincuenta ya no se recuerdan. Pero sí es verdad, que en el curso de los últimos quince años, los conductores han entablado una dura batalla con la nieve en diversas ocasiones y a veces hasta las maniobras de aterrizaje y despegue de aeronaves han sufrido alteraciones (Barajas 2009). Que en plena era digital con los adelantos tecnológicos a nuestro alcance, en un país del pelotón de adelantados de la Europa Occidental, una nevada discreta colapse el centro del país a poco más de 50 kilómetros de la capital del Estado, es inconcebible

Sin género de dudas, algo malo debemos de haber hecho los españoles para merecer estas plagas en forma de gobernantes. Indudablemente España es «otra cosa».

Que Rodrigo Rato es un hombre inteligente, hábil parlamentario, echado para adelante, socarrón, burlón, altanero, mordaz y hábil en el arte de retorcer la realidad manifiesta, es algo que muchos ya sabíamos. Que al mismo tiempo ha resultado ser bastante chorizo, a la luz de los sucesivos descubrimientos de las autoridades, intransigente, falto de moral y rotundamente paralelo a la desvergüenza y la sinrazón, quedó de manifiesto hace escasos días en su comparecencia en la Sesión de Investigación del Congreso. Desgraciadamente, también quedó probado que los partidos políticos por los emisarios que mandaron a interrogar a Rato (de un nivel deplorable) no tienen demasiado interés en que las verdades y las burlas al ciudadano salgan a flote y tengan su merecido. Al menos hasta el momento. Rato y muchos como él (Monedero, Errejoncín, Blesa, Correa, Camps, Rita, El Kichi, Ribó, Santiesteve, Ignacio González, Mas, Millet, Bárcenas, Chaves, Griñán..... y así docenas y docenas de políticos y mandamases carentes de moral, vergüenza y dignidad) conforman un panorama social de una España prototipo de país bananero y medieval en muchos aspectos de la vida diaria. Zapatero fue un desastre sin paliativos, y a lo largo de dos legislaturas dejó a España literalmente para el arrastre. Mariano, en no pocos casos, ha seguido la senda del otro y ha rematado la faena por omisión. Lo suyo es dejar pudrirse los problemas esperando que el genio de Aladino arregle los desaguisados.

Pedro Solbes es un tipo honesto y cabal. Hace días, en el curso de una comparecencia parlamentaria sobre la crisis (años 2007-2009) Perico reconoció que las tesis defendidas por Manuel Pizarro en aquel mano a mano televisado poco antes de las elecciones de 2008, se cumplieron. Aceptó una tímida autocrítica, pero si se echa mano de las llamadas «15 predicciones bochornosas» hechas por él entre 2007 y mitad de 2009, se llega a la conclusión, de que aun estando en desacuerdo con un Zapatero absolutamente analfabeto en temas económicos, lo que él argumentaba en aquellos días eran auténticos disparates. Finalmente, Solbes aburrido de un Zapatero que lo trataba como a un díscolo iletrado, acabó marchándose. Puedo atestiguar, ya que lo sé de primerísima mano, que el bueno de Solbes terminó su singladura política absolutamente harto de un presidente temerario e inepto que vivía en una nube de algodón fabricada por él mismo.

Nieve y políticos, Rato y las memorias de Solbes
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