lunes. 05.12.2022
EN EL ser humano socializado hay una serie de conflictos sin fecha de caducidad, que de toda la vida hemos visto como procesos comunes y naturales, pero que el cientifismo abracadabrante se empeña en demostrarnos lo cazurros y poco letrados que estamos. El ejemplo más claro es el de la guerra de sexos. Los conflictos entre hombres y mujeres, no sólo a nivel de pareja sino en el enfrentamiento y la falta de entendimiento entre los géneros han creado guerras y alimentado a las industrias farmacéuticas. En los años noventa comenzaron a aparecer los primeros estudios que señalaban que los cerebros de ambos sexos eran distintos, tanto en la forma de adquisición de información como de su manejo. Otro ejemplo es el de jefes y empleados, para el que la ciencia también ha aportado recientemente unos condicionantes mentales: los tira y afloja tradicionales se deben a impulsos primitivos relacionados con la época en que nuestra especie aún no se había bajado del todo del árbol. De algún modo relacionaron la figura del patrón con la del macho alfa característica de las familias de gorilas. El último y estupendo ejemplo nos lo dio el viernes pasado la revista norteamericana Nature Neuroscience . Un estudio del doctor Sulloway, neur ólogo de la universidad de Berkeley, afirma que los cerebros de la gente de izquierdas y de derechas son distintos. Al parecer el cerebro humano tiene una zona llamada control de conflictos, cuya actividad regula nuestra forma de enfrentarnos a distintas situaciones. Siempre según el estudio, los conservadores tienen un perfil estructurado que se adapta mal a los cambios, mientras que la gente de izqui erdas tiene más flexibilidad y es más maleable. Así que ya saben, cada vez que discutan con su mujer por los platos del fregadero, no se entiendan con su jefe sobre los días libres, o sean incapaces de consensuar su política antiterrorista con el partido contrario, no se agobien. El sentido común, la generosidad y la humildad no tienen nada que ver con el asunto. Es sólo que tienen cerebros distintos, y lógica mente así no hay quien se aclare. ¡No se esfuercen!

¡No se esfuercen!
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