viernes. 03.02.2023
Perdonazme. Hoy no quiero hablar de Jiménez de Parga ni de Cuiña, ni de la pasión de Rodrigo Rato, ni del Consejo de Ministros de A Coruña. No quiero mirar al eje París-Berlín, ni siquiera atender a los tambores de la guerra. Es que apareció muerto un niño. Era un niño llamado Dónovan, que estuvieron buscando sus padres durante meses. Repartieron miles de carteles con su imagen. Llamaron a instituciones y empresas. Contaron con la colaboración de medios informativos. Una marca de yogur difundió su foto en ocho millones de envases. Todos hemos aprendido su nombre cuando no sospechábamos su triste final. Y ayer apareció su cadáver, en una depuradora de aguas residuales, muy cerca de su casa. Su propia madre reconoció el cadáver. No sabemos, no tenemos ni idea de qué ha ocurrido, si fue un asesinato como teme su familia, si murió por un descuido, si ha sido un suicidio. Lo sabremos un día de estos. La noticia es, simplemente, que ha muerto. Con el hallazgo de su cadáver se extingue la tímida esperanza de que hubiera emprendido un viaje o -¡con qué poco nos conformamos!- hubiera sido secuestrado. Desaparece la esperanza del mal menor, termina trágicamente la angustia de sus padres. Comienza el misterio de su muerte. No tengo, por tanto, ninguna tesis que mantener. Esta es una crónica sin argumento. Sólo tiene dolor, porque hay una España que se escapa de las manos cuando se produce una noticia así. Hay muchos padres que están despiertos hasta altas horas de la madrugada en noches como la de este viernes, esperando oir la cerradura de la puerta, y sólo entonces respiran tranquilos. Para todos ellos, Dónovan es hoy un nombre que aumenta sus miedos. Para todos nosotros, Dónovan es el nombre de una infinita tristeza. Y el dato más triste es que demasiadas veces, cuando escuchamos que se ha perdido un niño, ya no pensamos que se ha extraviado. Pensamos que lo ha raptado alguna mafia.

Noticia de un niño
Comentarios