domingo. 26.06.2022

Un nuevo golpe para la economía de los españoles con atragantamiento del café mañanero. Comenzaron no hace mucho tiempo los expertos a barajar cifras sobre la capacidad económica disponible de los españoles destinada al ahorro para 2022.

Algunos manejaban encuestas sobre intenciones de parquedad en gastos, pero al final la realidad se ha ido imponiendo a las estimaciones, ya que las supuestas y añadidas probabilidades de ahorros pasarán a menguar nuevamente el abanico de alimentos necesarios, según se desprende de los resultados acabados de conocer.

La Cámara de Comercio de España ya preveía una realidad cercana a que el consumo de los españoles descendería por los efectos inflacionarios y los probables datos del INE sobre gasto final de los hogares,(por conocer), corroboren este carácter menguante cara al cuarto trimestre. Así viene ocurriendo con las energías, donde el español medio ha tenido que recurrir al freno de mano. Obvio, la existencia de un mercado «bajista» en estos momentos, desde luego, pero no el inflacionario, sino el contenido del bolsillo de cualquier ama de casa o jubilado/a que acude casi a diario a un supermercado tipo low-cost a cubrir las necesidades diarias más perentorias y observa con mirada incrédula el alcance real que tendrá el billete que guarda su cartera. Pero, por el contrario, existe el mercado «alcista», que no solo comprenderá los incrementos de precios de todo tipo susceptibles de ser incorporados, sino también los de carácter impositivo gubernamental soportado igualmente por el mismo cliente final, aunque las recaudaciones de Hacienda batan récords.

Pacientemente hemos ido conservando desde el pasado mes de diciembre 2021, alrededor de un centenar o dos, de los comprobantes de pago de productos adquiridos para consumo del hogar, consecuencia, que al igual de la mayoría de los españoles de vivir en forzada austeridad, haciendo ejercicios de equilibrios en al alambre del euro.

Existe un axioma o verdad evidente cuando un personaje o institución insinúa o alude públicamente a una situación determinada, soliendo mencionar el dicho popular «cada vez que habla, sube el pan». De estos existen y han existido muchos. Hemos escogido como modelos de referencia en esta ocasión un producto básico y tradicional como es el pan, en dos modalidades, el típico «pico» en Andalucía, o denominado «colín» en Castilla y otros lugares, de forma estrecha y dura, y, por otro, la clásica barra de pan en bolsa de tres unidades con la opción de congelar el sobrante para un mayor ahorro. Ambos, siempre adquiridos en gran superficie de notable conocimiento.

El primer producto, (142 gramos) de peso, se encontraba marcado en su fecha de compra (14.12.2021), a 0,82 cts. y con fecha 05.02,22 a 0,90 cts. El segundo producto, (bolsa de pan 3 Uds. 600 gramos de peso) 1,30 euros al 22.01.2021 y 1,45 euros al 12.02.22. Un incremento aproximado de un 10%, que ha sido, sin comprobación exhaustiva, la tónica general en dicha gran superficie en la subida de precios.

En resumidas cuentas, con el respeto que merece el INE y demás profesionales que manejan estos datos, pero el cliente medio, observa en los precios de la cesta de la compra, demasiados «respingos» que inducen a pensar que continuaremos rondando cerca de los dos dígitos durante la mayor parte del segundo semestre.

Por otro lado, ya conocemos las autorestricciones que nos hemos impuesto inexorablemente respecto al consumo de las energías, mediante exigentes recortes domésticos, recordando aquel Artículo publicado en el otoño pasado titulado: a un paso de la palmatoria, como se intuía que ocurriría.

Finalmente, volver a comentarles la regeneración política inexcusable que necesita España, provenga de donde provenga, y que debe comenzar ahora mismo cara a las elecciones de 2023, mediante una remodelación gubernamental de profundo calado, la cual permita afrontar las malas previsiones que se nos presentarán a corto-medio plazo.

Dispone el electorado hasta entonces para valorar los comportamientos políticos en general, y, en el supuesto de empecinada continuidad, existe una forma tan democrática como la que más en forma de respuesta: «no acudir a depositar el voto como muestra de rechazo a los comportamientos políticos».

España suele tener entre un 30-35% aproximadamente de práctica de esta modalidad.

Reflexionando el autor, probablemente se preguntarían los partidos políticos ¿qué estamos haciendo mal, si en lugar del anterior porcentaje, ascendiera el rechazo a un 50%?, significado que el «voto en blanco» cuenta para ellos como acto de votar.

Nuevo impacto a los hogares de la inflación
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