jueves 22/4/21

Objetivo, los Pablos

‘Y los sueños, sueños son’. Primero Pablo Casado, después Pablo Iglesias. Ese era el orden, y la orden, a seguir para retirar de la política a los Pablos. Una operación de caza mayor. Había que dejar el camino libre al Faraón fanfarrón, a Pedro Bonaparte, a Napoleón Sánchez, al plagiador de tesis, al maniquí de escaparate de tienda de barrio, al egocéntrico y narcisista rompe espejos, al golpista mayor del Reino de España. Un plan pensado para mayor gloria del triunfito radical y sectario, y una estrategia diseñada por la fábrica de ocurrencias pirotécnicas dirigida por el mercenario monclovita. El fin último del Trump-oso de La Moncloa era «ir despegándose paulatinamente del llamado bloque de investidura con el objetivo de romper con ellos poco antes de la convocatoria de las próximas elecciones generales» (G. Sanz).

Pedro VIII quiere someter todos los poderes a su dictatorial voluntad: ejecutivo, legislativo, judicial, fiscalía, abogacía del Estado, poder territorial, financiero, sindical, medios de comunicación…, todo lo más parecido al ejercido por ‘su excelencia’ durante cuarenta años. El neofranquismo encarnado en Pedro Sánchez, que en vez de dirigir y coordinar la acción del Gobierno —máxima obligación del presidente—, se entretiene, en compañía de su necesario e imprescindible niñero, a maquinar planes encaminados a cargarse adversarios políticos que pudieran ser obstáculos para su permanencia en el poder. «Poder omnímodo cuya aspiración gira en torno a la eliminación, a derecha e izquierda, de todo aquello que entrañe un peligro para Su Persona. A Pedro Sánchez solo le importa acabar con la oposición. Lo demás puede esperar». (J. Cacho).

En vez de gobernar, desgobierna. En vez de sacar a España de la multicrisis que ahoga cada día más a los ciudadanos de toda clase y condición, se recrea preparando mociones de censura para cambiar presidentes autonómicos, presidentes de diputaciones y alcaldes de ayuntamientos, cuyo objeto es ocupar el poder allí en donde aún no lo ha conseguido. Las mociones de censura en Murcia han puesto al descubierto las malvadas intenciones de Su Sanchidad —«bombardear al PP a todos los niveles» (C. Cuesta)— y su obsesión enfermiza por acaparar todos los poderes del Estado, incluida la Jefatura, no desaprovechando interesadamente cualquier acto al que asiste su Majestad, bien sea en Cataluña bien en Castilla y León, para aparecer el ‘muñeco diabólico’ a chupar cámara y promocionarse con marcaje descarado a la figura del Rey.

El día que Pedro y Pablo se dieron ‘el abrazo del pesebre’, sus objetivos distaban bastante. Para uno, asegurarse el poder; para el otro, asegurarse el pesebre. Uno, que de listo no tiene nada, y el otro que de tonto tampoco, iniciaban un camino de previsibles consecuencias. Ya las tenemos. Eliminar adversarios políticos, los Pablos, objetivo del uno; y de nuevo intentar asaltar los cielos, objetivo del otro.

En vez de gobernar, desgobierna. En vez de sacar a España de la multicrisis que ahoga cada día más a los ciudadanos de toda clase y condición, se recrea preparando mociones de censura para cambiar presidentes autonómicos, presidentes de diputaciones y alcaldes

Sánchez ha sacado la apisonadora para reducir a escombros a la oposición y evitar que se consolide una opción alternativa y democrática a su desGobierno. Una alternativa de Gobierno constitucionalista, presidida por Pablo Casado, presidente del Partido Popular, único líder de la oposición capaz de sacar a España del hoyo en el que la está enterrando.

Primer objetivo sanchista: apartar a Casado. ¿Cuándo, cómo y con quién? En el plan tramado, el cuándo era de forma inmediata, sin esperar a que Casado pudiera recuperarse del revés catalán; olieron sangre y actuaron como las aves carroñeras. El cómo; dinamitando gobiernos en autonomías, diputaciones y ayuntamientos para restar poder territorial al PP y generar inestabilidad. Con quién; había que buscar un tonto útil, y al parecer lo encontraron; «esto te proyecta», susurró el obispo plurifuncional de la secta, e Inés mordió el anzuelo. La alocada maniobra consistía en «establecer una red de coaliciones con Ciudadanos a nivel autonómico y municipal desplazando al PP al frío exterior» (A. Vidal-Quadras). «‘Adiós PP, adiós Casado’, pregonaban las cacatúas del sanchismo desde micros y platós» (J.A. Vara).

Segundo objetivo sanchista: desprenderse de Iglesias. ¿Cuándo, cómo y con quién? El plan urdido, gestado hace varios meses, necesitaba tiempo; el cuándo no era urgente ni prioritario, pero la rana debía ir cociéndose sin que notase el cambio de temperatura. El cómo; tenía su complejidad al ser necesario constituir previamente y con carácter estable alianzas alternativas al modelo Frankenstein que facilitasen relevar a la rana por los renacuajos. Con quién; para no mancharse las manos, otros serían los que hicieran justicia. Sin embargo, Iglesias, que no es tonto —ni tan listo como se cree—, «percibió que el giro de Sánchez hacia Ciudadanos estaba diseñado para prescindir de él en cualquier momento» (abc.es). Lo dijimos en esta misma tribuna hace año y medio —el 6 de octubre de 2018— bajo el título El escorpión, la rana y los renacuajos. Hoy lo volvemos repetir. «Realizar el trabajo sucio a PS supondrá el suicidio político de PI. La incapacidad de PI para rentabilizar haberse convertido en el costalero de PS solo puede superarla con un cambio de estrategia. O la rana se desprende del escorpión abandonándole a su suerte o el escorpión le infligirá el aguijón definitivo. Rectificar o morir. PS o PI».

Hay quien empieza creyéndose el listo de la clase y termina siendo el tonto del colegio.

Objetivo, los Pablos
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