sábado. 03.12.2022

El otro día estuve tirando papeles propios, cientos de ellos. Antaño me habría limitado a lo que estaba arriba ponerlo abajo, pero esta vez no me anduve con remilgos. He aprendido a tirar. No deseo darle argumentos a mis nietos para que exclamen: «¿Y el abuelo no podía habernos dejado una cuenta en un paraíso fiscal en vez de un arcón con treinta mil columnas?» Ya que no me tiro al monte, me tiro a mí mismo. Fuera viejas columnas. Fuera viejos artículos. Fuera esta carpeta y aquella que llevaban años sin ser abiertas. Salvé de la criba algunas cosillas, más por sentimentalismo que por justicia. Entre la pluma ajena, cartas. Por ejemplo, la que me remitieron —a finales de los ochenta— Esteso y Pajares, para agradecerme la cobertura informativa dada a su espectáculo en León. El primero escribía: «Es muy gratificante ver que un periódico lleva el humor a su primera». Pues ahora, maestro, dan para poca guasa. Y con las páginas de dentro, ríe uno por no llorar. Para muestra un botón: la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía ha puesto en vigor las pautas contra el sexismo en las aulas. Vale. Bien está tomar medidas en tan importante cuestión, pero las mismas resultan estrambóticas. A partir de ahora en la educación pública no debe decirse «los andaluces», sino «la población andaluza». Tampoco «los políticos», sino «la clase política». Y así chorrada tras chorrada. Sin gracia.

Cuánto mejor esforzarse por inculcar, desde los primeros cursos a los últimos, enseñanzas eficaces que conciencien contra la violencia de género, en vez de tanto empecinamiento con que las oes son machos y las aes hembras.

Pero volvamos al papeleo. He leído este titular: «El leonés Imanol Arias, en los papeles de Panamá». Tuvo activa una sociedad entre noviembre de 1998 y julio de 2000. Don Pablo fue muy mala influencia. En cambio, Pedro Almodóvar se estará preguntando qué ha hecho él para merecer esto. Papeles por todas partes. Vivimos sepultados por ellos. Y por lo que habitan en los discos duros. Ayer, en la reunión de PSOE, Ciudadanos y Podemos cada uno llevaba el suyo aprendido. Pero hoy las primeras habrán vuelto a arrinconar el humor. Qué remedio. Otro siglo será, don Fernando.

Otro siglo será
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