martes 17/5/22

Allá por los años 70, la cantante Mina Mazzini denunciaba con su canción Parole, parole, parole… soltanto parole la situación política que vivía Italia en las múltiples campañas electorales. Pues bien, tenemos que reconocer que eso mismo que criticaba Mina hoy está sucediendo en nuestro país, y no sólo en las campañas electorales. Estamos viendo con desasosiego cómo en la política se han impuesto las palabras, solamente palabras, que cantaba Mina. Y cuando solamente son palabras, éstas se convierten en mentiras. Y cuando la mentira es continua, se pierde la confianza en los líderes y surge la sospecha. La falta de confianza proporciona un terreno fértil para las teorías de conspiración tanto de la izquierda como de la derecha.

En los años de mi infancia, hace ya muchos años, los libros de historia estaban llenos de historias positivas sobre España. En su mayor parte, los libros fomentaban el amor y el respeto por los líderes e instituciones políticas. Donde había puntos negros, y todos sabemos que los había, se presentaban como acciones de los individuos, no como problemas sistémicos. Se trató de superar el enfrentamiento entre las dos Españas, la «vencedora y la vencida». Luego llegó la transición y con ella el desarrollo económico y la convivencia pacífica. La homofobia y el sexismo no eran palabras en nuestro vocabulario, aunque existiesen a nuestro alrededor. La cultura fomentó el esfuerzo, el auto-sacrificio y el compromiso con los valores sociales.

Para muchas generaciones el cinismo político llegó con el conflicto de Irak y sus supuestas armas de destrucción masiva. Nos mintieron constantemente sobre por qué teníamos que estar allí apoyando a Estados Unidos, qué estaba sucediendo y qué pasaría si nos íbamos. Creímos esas mentiras por mucho tiempo. Pero luego vinieron mentiras y más mentiras, que, aunque se repitan hasta cinco veces, nunca se convertirán en verdad.

Cuando solamente son palabras, éstas se convierten en mentiras. Y cuando la mentira es continua, se pierde la confianza en los líderes y surge la sospecha

Entre nuestra clase política se ha impuesto como norma de juego lo que ya denunciaba Mina Mazzini: Parole, parole, parole… soltanto parole. Esto hace que resulte difícil creer en la palabra de los políticos, porque solamente son palabras y no sabes cuando están hablando en serio y cuando te están mintiendo. De aquí nace la sospecha y la renuncia a la colaboración ciudadana. Desde el poder se está cambiando constantemente de mensaje; lo mismo te dicen so que arre, hasta tal punto que es difícil creer nada de lo que te dicen, incluso aunque sea verdad lo que te están diciendo. Muchas veces han prometido soluciones fáciles para problemas complejos sin decir honestamente cómo se realizarán. Restaurar la confianza no es fácil. La transparencia total puede ayudar, porque los encubrimientos siempre empeoran las cosas. Incluso la sospecha de un encubrimiento hace que la confianza sea imposible.

No estoy sugiriendo que haya que volver a la ingenuidad de los años sesenta. Pero tampoco podemos permanecer en esta situación de división y enfrentamiento continuos, donde simplemente unos se dedican a lanzar insultos y mentiras contra los otros. El diálogo es fundamental. Escuchar es necesario para el diálogo. A menos que comprendamos la perspectiva de los demás, no podremos encontrar un terreno común para la acción. Con demasiada frecuencia, ponemos la interpretación más negativa en las declaraciones de una persona y presumimos mala voluntad si la vemos como un oponente. Como cualquier familia, los políticos tendrán que aprender a buscar el consenso aunque discrepen en sus planteamientos iniciales. A menos que eliminen las mentiras, construyan puentes y creen confianza, el Estado no tendrá mucho futuro. Que el año recién estrenado 2022 traiga sosiego y paz a nuestros políticos y a toda la sociedad.

Las palabras de los políticos en campaña electoral
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