jueves 6/8/20

La pandemia no acabará mientras sigamos teniendo este carácter

Todos muy contentos por haber entrado en la casi normalidad o haber salido de la Pandemia que ha sido nuestra acompañante durante más de tres meses. No nos engañemos; no hemos vencido aún a ese covid-19. Interiormente puede parecer que sí pero la realidad dice que de ninguna manera. Creo a la realidad.

Cuando se han terminado los aplausos, cuando las imágenes del Palacio de Hielo de Madrid, ya no existen, (por cierto, de muy mal gusto la campaña de publicidad de la DGT, mostrando el Palacio de Hielo con nuestro campeón Javier Hernández patinando por allí). Me cuesta mucho pensar que esa idea haya salido de un creativo profesional. Más bien parece que los propios ejecutivos de la DGT, han debido participar, como suele ocurrir a menudo con los anunciantes que quieren ellos ser creativos. Cuando nos hemos vuelto locos intentando conocer con exactitud la cifra de compatriotas fallecidos, debido a las cuentas elaboradas por el gobierno y su Don Simón, siempre facilitando datos y cifras inexactas, cuando todo eso y alguna cosa más ya lo hemos superado, debemos ponernos serios y llevar a cabo un ejercicio de disciplina para que ese covid-19, sea definitivamente desterrado y la sociedad respire, nunca mejor dicho, tranquila.

Se dice que tenemos una juventud muy bien preparada, excelentemente preparada, comparándola con aquellos viejos rockeros que nunca mueren. Bien, seguramente es cierto en cuanto a la formación que se obtenga en las Universidades españolas. Pero me van a permitir disentir del sentido común que puedan tener nuestra pujante juventud. ¿Como es posible que en esta etapa que estamos viviendo ahora, veamos las aglomeraciones inmensas esparcidas por toda España para celebrar cualquier acontecimiento, y esos participantes, ellos y ellas, hagan caso omiso a las normas que dictan los profesionales de la medicina que, se supone, sabrán más del virus que esos imberbes que son muy valientes cuando están en grupo y con una copa de alcohol en la mano y más de una en el estómago o en la cabeza que ya no lo se.

¿Esa es la juventud mejor preparada y que va a llevar a España por el camino correcto y que le preocupa de verdad ayudar a esa recuperación que tanto necesitamos, a partir de ahora, para que nuestro país consiga el lugar que siempre le ha correspondido y que además por su trabajo siempre ha merecido? ¿Es esa nuestra juventud?.

Estamos jodidos. Fuimos los últimos en actuar de acuerdo con el problemón que teníamos encima con el virus y, si no cambian las cosas, que no cambiarán, seremos los últimos que empleen las soluciones universalmente aceptadas para vencer a este puto monstruo que todavía no para de matarnos. Naturalmente el gobierno no tiene la culpa de nada. Somos nosotros los culpables, cuando no la derecha, cuando no Aznar.

Basta ya de derechas, de izquierdas y de medio pensionistas. ¿También en esto tenemos que ponernos al día? De verdad, qué carácter el nuestro, que forma de actuar en política, que falta de aprendizaje nos inunda, pero somos tozudos, somos antiguos, actuamos erre que erre, sin dedicar un pensamiento profundo a los problemas para encontrar soluciones viables y lógicas y además consentimos que nos mientan día sí y día también. ¿Pero hasta cuando? ¿Hasta adonde vamos a llegar? Nos estamos jugando nuestro futuro, más que nunca y todavía hay quien se dedica a denostar a nuestro Rey o a estudiar si hay que poner el nombre de Fernando Simón a una plaza de una localidad española. Por favor, hombre.

Quiero terminar provocando una sonrisa que me parece viene a cuento. Se cuenta que en Sevilla, un hombre iba paseando por la ciudad y de repente entró en un bellísimo zaguán de la capital andaluza. Miró que no hubiera nadie y, tan tranquilo, se puso a orinar sobre una pared. No había concluído,cuando apareció allí un Agente de la autoridad y le dijo:

—Pero hombre, ¿sabe usted lo que está haciendo? ¿No tiene usted vergüenza? ¿Le parece bonito el espectáculo? ¿Ha pensado usted que este lugar es un urinario?

A lo que el hombre replico;

—Ni lo es ni lo será nunca mientras siga usted teniendo ese carácter...

Pues sí, tenemos además un problema de carácter.

La pandemia no acabará mientras sigamos teniendo este carácter
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