Diario de León

El Papa, en Sudán del Sur en busca de la paz

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El papa Francisco, después de cumplir con su apretada agenda en el Congo, realizó la visita largamente esperada a Sudán del Sur. La visita tenía su origen en un momento evocador. El 11 de abril de 2019, el Papa Francisco, junto con Justin Welby, arzobispo de Canterbury, y John Chalmers, exmoderador de la Iglesia de Escocia, organizó un «retiro espiritual» en el Vaticano para líderes de facciones rivales del gobierno de Sudán del Sur. Francisco les pidió que encontraran la manera de hacer las paces entre ellos y mantener sus desacuerdos a puerta cerrada. Luego, sorprendiendo a todos, el Papa se arrodilló ante ellos y les besó los pies, rogándoles que construyeran juntos una paz duradera en su país. Con este inesperado gesto de humildad, el Papa mostró su profunda preocupación por alcanzar una paz sostenible en Sudán del Sur, que permita al país construir un futuro más estable.

La situación actual en Sudán del Sur tiene una historia muy compleja. Antes de 2011, la nación que ahora se llama Sudán del Sur formaba parte de Sudán, entonces el país más grande de África. Sudán se había visto envuelto en una de las peores guerras civiles de la historia africana, una guerra de 40 años, entre el gobierno de Jartum en el norte, predominantemente árabe y musulmán, y los rebeldes en el sur, predominantemente africanos, aproximadamente el 60 por ciento cristianos. En 2005, las dos partes llegaron a un acuerdo de Paz Integral en Naivasha, Kenia. Como parte de ese acuerdo, seis años después, en 2011, los ciudadanos del sur de Sudán votaron en un referéndum que aprobó oficialmente la creación de un país independiente.

Aunque había muchas esperanzas de una paz duradera en la nueva nación, pronto aparecieron los conflictos. Sudán del Sur cuenta con 10 millones y medio de habitantes y con 64 grupos étnicos principales. Entre muchas de estas comunidades existen tensiones tradicionales, particularmente entre los Dinka, el grupo étnico más grande, y los Nuer, el segundo más grande. Históricamente, la región no ha podido depender de un gobierno central fuerte, y el conflicto ha sido un medio común para resolver las rivalidades entre comunidades. Se creía que Sudán del Sur podía ser económicamente viable debido a sus importantes recursos petroleros. Sin embargo, desde la independencia, sus líderes étnicos y políticos rivales han estado desviando el dinero del petróleo para sí mismos, dejando pocos beneficios económicos para el pueblo.

Después de la independencia en 2011, Salva Kiir, miembro del grupo étnico Dinka, se convirtió en presidente y Riek Machar, Nuer, en vicepresidente. La composición del gobierno pretendía ser representativa de la diversidad del país. Pero las luchas internas entre Kiir y Machar llevaron al país a una guerra civil en 2013, cuando estallaron enfrentamientos callejeros en Juba, la capital de Sudán del Sur. Aunque la lucha fue interrumpida por acuerdos de alto el fuego, pronto volvieron los enfrentamientos, en los cuales se cree que murieron unas 400.000 personas. Además, cuatro millones de sudaneses del sur se convirtieron en refugiados o desplazados internos.

En 2018, Machar y Kiir firmaron nuevamente un acuerdo de paz. Pero, aunque la situación ha mejorado, la violencia interétnica continúa, como nos lo recuerda el trágico suceso del 16 de agosto de 2021, cuando un grupo de misioneras católicas sufrieron un atentado en la carretera de Juba. Dos de ellas fueron asesinadas. El presidente Kiir culpó del atentado a los grupos que no firmaron el acuerdo de paz.

Ante esta realidad, el Papa Francisco llegó a Sudan del Sur con tres objetivos principales: Promover la paz como medio para aliviar la pobreza; denunciar la situación de los pobres que sufren la guerra; y dar a conocer la tragedia de muchos miles de personas desplazadas de sus hogares. Uno de los resultados de la guerra es la situación de pobreza que sufre el 66% de la población, porque no pueden cultivar sus tierras ni criar ganado al verse obligadas a huir de sus aldeas. Al continuar alentando un proceso de paz, el Papa espera que los horribles efectos de la guerra desaparezcan y que los ciudadanos de Sudán del Sur tengan una oportunidad real de construir su futuro. El vínculo entre la guerra y la pobreza es clave para comprender la segunda razón de la visita del Papa, que es continuar un proceso que comenzó con su famoso gesto en el Vaticano en 2019. Hablando a los líderes de Sudán del Sur entonces, el Papa les dijo: “Habrá desacuerdos entre ustedes, pero que tengan lugar ‘en la oficina’ mientras, frente a su pueblo, se dan la mano; así seréis transformados de simples ciudadanos en padres de la patria”. Fue entonces cuando el Papa se arrodilló y besó los zapatos de los líderes, incluidos Kiir y Machar.

Otro objetivo de la visita del Papa era el encuentro ecuménico con los otros cristianos de Sudan del Sur. De hecho, este viaje es una “peregrinación ecuménica”. Existe una estrecha relación entre el Papa, el arzobispo de Canterbury y el moderador de la Iglesia de Escocia. Los tres están profundamente comprometidos a trabajar juntos por la paz en Sudán del Sur. La relación entre estos tres líderes refleja la realidad del país, donde las iglesias cristianas están unidas en la búsqueda de la paz. Al hacer el viaje junto con otros líderes cristianos y continuar abogando por la paz, el Papa Francisco ha convertido su viaje a Sudán del Sur en un auténtico encuentro ecuménico, pero también en un acto político. El Papa no es un político. No tiene influencia política sobre los líderes de Sudán del Sur como otros agentes sociales. Pero puede organizar un retiro para ellos, rogar por la paz y propiciar un diálogo político entre el gobierno y los grupos en guerra, que no habían firmado el acuerdo de paz de 2018, construyendo una paz más integral.

Aunque el enfoque de este viaje era pastoral, también se puede esperar algún rendimiento político. El Papa Francisco fue a animar al pueblo de Sudán del Sur a proteger su paz ganada con tanto esfuerzo, con la esperanza de que su presencia refuerce los procesos políticos que tanto se necesitan para asegurar el futuro de esta joven nación.

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