domingo. 27.11.2022

El pasado 11 de mayo, el alcalde de León, José Antonio Diez (PSOE), presentó el nuevo proyecto del equipo de gobierno para la peatonalización integral de la avenida Ordoño II y del primer tramo de la calle Alcázar de Toledo. La intervención plantea, en síntesis, la eliminación de la calzada para conseguir una plataforma única que limite el tránsito a peatones, taxis, bicicletas y VMP, eliminando de forma definitiva el acceso de vehículos privados (incluidos residentes) y autobuses urbanos. Este plan vendría a culminar la chapucera semipeatonalización impuesta poco después de las elecciones municipales de mayo de 2019, y se convertiría al mismo tiempo en la punta de lanza de un proyecto de peatonalización más amplio cuyos detalles aún desconocemos.

En un tiempo milagrosamente breve, el 15 de mayo la Junta de Gobierno Local aprobó el proyecto, anunciando su inminente licitación, con el objetivo de que las obras comiencen lo antes posible. Nos preocupan especialmente la falta de transparencia y la rapidez con la que se ha gestionado este asunto. Siendo este un proyecto de indudable interés general, ya que supondría la transformación definitiva de una de las calles más emblemáticas de León, nos parece que el Ayuntamiento podría haberse tomado la molestia de informar adecuadamente a los leoneses, y, dada la fuerte polémica y oposición que ha generado, consultar su opinión.

Dicen desde el Ayuntamiento que con este proyecto «se cumplen las premisas de mejora de la imagen de la ciudad (sic), garantía de posibilidad de uso de la vía para eventos, recuperación de Ordoño II como eje comercial, mejora de la accesibilidad, seguridad y movilidad peatonal y reducción de la contaminación atmosférica y acústica». Desde nuestro punto de vista, la mayoría de estos argumentos son un conjunto de falacias. En primer lugar, no hará más accesible Ordoño II, puesto que las personas con movilidad reducida que se servían de su coche o del autobús para llegar a ella no podrán seguir haciéndolo. Pretender un núcleo urbano exclusivamente para peatones supone privar a las personas con problemas de movilidad de su derecho de disfrutar de estas calles y de sus comercios. En segundo lugar, la seguridad y movilidad peatonal ya están aseguradas tras la última reforma de 2018, que costó 429.000 euros y amplió y modernizó las aceras. De esta manera, la nueva reforma vendría a aumentar un bienestar del que ya gozan los peatones a costa de excluir a un sector vulnerable de la población, al mismo tiempo que a dilapidar el dinero público (casi un millón de euros en tres años). En tercer lugar, creemos que la peatonalización no reactivará la actividad económica y cultural de la calle, puesto que a la dificultad de acceder a los comercios derivada de su peatonalización se sumará el largo periodo de cinco meses de obras, en un momento especialmente duro para la ciudad de León, en el que los comerciantes han tenido que cerrar sus negocios durante dos meses.

La crisis sanitaria y económica que asola a España amenaza con hundir en la ruina a miles de empresas, empleados y trabajadores autónomos. Con la ciudad en caída libre, la propuesta estrella del alcalde de León parece ser gastar 480.000 euros en un proyecto absolutamente innecesario e incluso perjudicial en las circunstancias actuales. Así lo han manifestado todas las asociaciones de comerciantes de León y la oposición política en el Ayuntamiento. ¿No sería mejor destinar ese dinero a ayudas sociales y a las empresas, o a atender otras zonas que sí necesitan una urgente intervención, como el barrio de San Claudio, la Palomera o el Campus de Vegazana? Otras muchas calles necesitan ampliar sus aceras, reasfaltar y mejorar su limpieza. Tampoco estaría de más recordar al alcalde su promesa electoral de un bono cultural anual para los jóvenes, que aplicado a librerías, museos, cines y espectáculos ayudaría a revitalizar este sector. El regidor parece empeñado en asociar su nombre a una quimera en lugar de ser recordado como el político que consiguió frenar la crisis asociada a la pandemia.

Por otra parte, si lo que quiere el Ayuntamiento es reducir el impacto ecológico y acústico que genera el tráfico rodado, existen otros medios más eficientes y menos dañinos, como la adquisición de autobuses eléctricos, la reducción de la velocidad de circulación o la habilitación de un único carril para autobuses y taxis, complementado con un ciclocarril, medidas que ya se están implementando con éxito en varias ciudades europeas como Bayona (Francia).

Por último, pero no menos importante, consideramos que la transformación estética propuesta, consistente en pintar de colores la nueva plataforma peatonal, romperá la hermosa imagen de unidad de la calle, generando un efecto discordante con la belleza e historicidad de la vía, corazón del ensanche burgués de la ciudad, restando además protagonismo a los edificios. Confiamos en que el Sr. Alcalde entre en razón y decida contar con los leoneses para la reforma de la ciudad que, no lo olvidemos, solo a ellos pertenece.

Peatonalizar, excluir, despilfarrar
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