jueves. 02.02.2023
Estaba acurrucado en un portal de la calle Gil y Carrasco. Dormía o tiritaba, no lo sé, sobre cartones que utilizaba de colchón. En el marcador electrónico de una farmacia de Ordoño se reflejaba -dos de la madrugad- 5º bajo cero. El frío cortaba como cuchillo albaceteño. Me lo cuentan y lo creo a pies juntillas. Desde la televisión del Gobierno se insistía en el temporal de nieve. Era como un anticipo de apocalipsis climatológica. Fue la noticia estrella del fin de semana. Una campaña de libro: primero sembraron el caos y después exhibieron los medios para combatirlo: máquinas quitanieves, movilización de efectivos de Protección Civil, toneladas de sal, grúas, ambulancias, policía de tráfico, todo bajo control. Ha sido una forma sibilina de apagar algo más la necia desidia en la gestión de la crisis del Prestige. De ocultar la negrura absoluta para que no prospere la comisión de investigación sobre la mayor catástrofe ecológica de Europa, que afecta a Galicia, a Cantabria, al País Vasco y a Francia. El Gobierno ha nombrado, en el último Consejo de Minsitros, a un histórico de casi todo para agarrar al problema por los bajos y retorcérselos hasta que vomite toda la porquería y salve una situación crítica. Ha nombrado, con categoría de Secretario de Estado, a Rodolfo Martín Villa, un paramés de 68 años, ingeniero y magnífico gestor, para que saque las castañas del fuego. Rodolfo Martín Villa se subió a un coche oficial con 21 años y todo hace suponer que morirá sentado en él. Es un hombre de Estado. O eso le suponen todos los estamentos del país, menos la UPL, para la que continúa siendo el gran traidor provincial al integrar a León en Castilla. El aparataje mediático insiste en desviar la atención ciudadana. Utiliza por igual el temporal de frío y nieve que la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. No es suficiente. Por una sola razón: Porque periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. El periodista tiene la responsabilidad de poner a flote todo lo oculto, a riesgo de molestar al poder, no de entrar en la nómina de la propaganda. Un ilustre diputado provincial me contaba hace un par de días su desencanto institucional en el Palacio de los Guzmanes. Es de derechas y suplicaba el retorno de una figura como la de Agustín Turiel, capaz de poner sobre la mesa la política y no dejar la institución en manos de la cúpula funcionarial. Es una fuente más. Otra cosa distinta es el amigo. No estoy de acuerdo en ver siempre el lado malo de cada situación. A veces, desde el derribo se puede construir una obra nueva. Las elecciones municipales y autonómicas están a cuatro meses vista. Una vez que se derritan estos carámbanos, los partidos cerrarán sus candidaturas, las que quedan, porque las fundamentales ya tienen sitial. El cierre de estos procesos son los más complejos. Cualquier militante, hasta el más torpe, se considera capacitado para ser concejal de su pueblo. O corregidor. Y hasta entonces querrá a su lado a un propagandista, no a un periodista.

Periodismo y propaganda
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