jueves. 02.02.2023
HOY, DÍA 24 se conmemora la festividad de San Francisco de Sales -obispo, fundador, doctor de la Iglesia, escritor¿ y periodista-. Pio XI le designó patrón de los periodistas. La historia de tan notable personaje incluye su infatigable cruzada a brazo partido contra las herejías calvinistas, en cuyo menester, todo hay que decirlo, obtuvo resonantes éxitos para la Verdad de Cristo. Y lo de «a brazo partido» no lo digo a humo de pajas, sino porque el propio santo confeccionaba a mano, uno por uno, los escritos que posteriormente repartía por calles y plazas, sin el menor complejo. Actuaba con idénticas formas a las que empleaba en sermones y charlas, cara a los fieles: con actitud serena, convicción espiritual y buen bagaje teológico. Con ardor de misionero; del que se sabe poseedor de la fuerza moral que la fe proporciona siempre a los hijos de Dios; y, por supuesto, en tareas de apostolado. Con energía y al mismo tiempo con templanza para con sus opugnadores, ya que violentas eran las maneras de los grullos alguaciles del príncipe-gobernante de turno. Como ustedes pueden apreciar, es un retrato fidelísimo del periodista cabal; incluso para quienes no compartan las creencias de San Francisco de Sales. Pues bien, la Iglesia celebra, sí, la fiesta de este singular periodista; pero lamentablemente no es imitada por sus patrocinados: nosotros los plumíferos. Una comida -el año que se organiza, que no son todos- y, ¿para qué más?... Pese a ello, ahí está, y estará siempre, la sombra protectora del patrón. Protección que, aunque en algún caso no sea solicitada, ni aun deseada, va a resultarle muy necesaria al trabajador de tan azacanado oficio en el desempeño de sus cada vez más comprometidas competencias; en un trasiego erizado de luchas, dificultades e intereses ajenos contrapuestos para el logro de una perla de rara belleza: la verdad. Siempre ha sido así. Aunque de todos modos resulte reconfortante que alguien nos ayude en el empeño... Ser periodista es -lo parece al menos en algunos casos-, bastante fácil. Periodismo acomodaticio, de rebote de otras ocupaciones; informador de horario según la reglamentación, y de «dar la vuelta» mecánica a lo de agencias; de refritar temas que suenan, de transitar por el filo de la navaja entre lo procedente y lo posiblemente sustancioso. Ese tipo de periodismo, y periodistas, se agazapa en las más insospechadas latitudes comunicadoras. Además, existe otra modalidad (respetable en un pequeño sector, y deyecta en su mayor parte), también llamada prensa cardíaca, vocera de chismes y celestineos. Se manifiesta cuasi omnipotente en los nuevos predios de la telebasura, y el cuché. Hervé Pascua, pensador, y colaborador de La Libre Belgique afirma: (¿) «La opinión, de suyo, es versátil, superficial; refleja el devenir y pasa con el tiempo. Pero esto le importa muy poco al desinformador, porque a sus ojos la verdad es puro devenir. Él se las arregla muy bien llamando mentira a la verdad de ayer, y verdad a la mentira de hoy (¿)». No a todo «eso», a los sucedáneos del Periodismo con mayúscula. Yo lo que pretendía, aquí y ahora, era referirme al periodista de resoluciones y contexturas éticamente sólidas. Convencido de su misión y de su vocación. Informador que, habituado a tensiones y opiniones enfrentadas, es sin embargo protagonista de una exigencia sociológica: alguien (por fortuna hay bastantes aspirantes) tiene que ser periodista de territorio normal, al servicio de la verdad quintaesenciada, con procedimientos humanos, sí; y de contrastada probidad. Porque perseguir el vellocino de oro de una verdad químicamente pura, es correr el riesgo de descuartizarla en la búsqueda de diferentes objetividades. Y no obstante hay que insistir en la conquista de la verdad entera e inquebrantable, solamente imposible en apariencia. En un trabajo que acabo de leer del filósofo y escritor J. R. Ayllón se pueden encontrar certitudes como ésta: «(¿) Es el sujeto quien debe adaptarse a la realidad, reconociéndola como es, de forma parecida a como el guante se adapta a la mano. Pero no siempre sucede así. El subjetivismo surge precisamente cuando la inteligencia prefiere colorear la realidad según sus propios gustos : entonces la verdad ya no se descubre en las cosas sino que se inventa a partir de ellas» (¿) Añadiendo el propio Ayllón los conocidos versos de don Antonio Machado : «¿Tu verdad? No; la verdad, / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela». La tuya, la de aquel otro; la del que está alto, la del que está bajo¿ Hacer periodismo integral -rectitud más convicción moral- es una ineluctable constante histórica, recreada a la sombra del derecho de gentes, que la humanidad ha hecho fluir como fluyen las olas del mar. Alguien, repito, tuvo que ser periodista¿ Sin pasar de la anécdota a la categoría, podríamos decir con Tierno: «Hemos aprendido a amar lo inevitable». En tanto que Bush, padre, sentencia: «Preferible es una prensa sin Gobierno, que un Gobierno sin prensa. De todo lo anterior se infiere que el periodismo debe ser ejercido con asunción de responsabilidades, preparación -mejor, si es universitaria- y cierta facultad olfativa. El periodista se hace, desde luego; y a fuerza de dotación cultural, memoria y sintaxis surgieron destacados periodistas. Se hace, sí. Y, sobre todo se nace para este cometido obsesionante y puñetero, ladrón y un poco esquizofrénico. Hace muchos años, durante mi etapa en Bilbao, la asociación de periodistas actuó de anfitriona en la Asamblea de la Federación Nacional. Hubo discursos, claro, y entre ellos los de los tres directores de los medios locales. Tengo en mi poder un recorte de la crónica del evento en el que se recogen aquellas intervenciones. Tras Antón Barrena, llorado compañero de El Correo , y de Manu González, que era el editor de La Gaceta del Norte , venían mis palabras : (¿) «No somos mejores -los periodistas de hoy-, en calidades humanas, literarias y profesionales, que aquellos que nos precedieron. Gracias a su esfuerzo en el duro banco de esta galera -término muy tipográfico- disponemos de mejores medios de todo tipo para ensanchar el mensaje claro y alto de la profesión periodística (¿)». En realidad, y como dijo el Newsweek en una ocasión, lo que hace grandes a los periódicos es el contenido, que nada tiene que ver con las máquinas¿

Periodismo y sucedáneos
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