lunes. 15.08.2022

La sociedad de este país está contemplando el desarrollo del problema catalán con una mezcla de perplejidad, indignación y preocupación. El nacionalismo radicalizado nacido a la sombra de Jordi Pujol y renacido al irredentismo gracias a una mezcla de mesianismo político y corrupción económica reta descaradamente al Estado, que reacciona con extraordinaria pesadez y una evidentísdima falta de reflejos. Y, en su tanteo de las posibilidades constitucionales de formalizar la secesión, plantea unas elecciones autonómicas a las que pretende atribuir un significado plebiscitario

El Partido Popular acude al 27-S con un líder radical, que lanza un mensaje plano de españolismo sin matices. La formación de Mariano Rajoy no busca el diálogo ni el pacto, no pretende más que defender estrictamente la legalidad vigente sin pararse a considerar siquiera que el Estado pueda haber cometido errores con Cataluña, que cuanto menos habrían servido de abono al independentismo.

El Partido Socialista presenta un proyecto de federalización del Estado, muy ambicioso, pero no ha resuelto el problema ideológico del Partido Socialista de Cataluña: el primer secretario, Iceta acaba de consentir que dos municipios catalanes, Terrassa y Castelldefels, se adhieran a la Asociación de Municipios por la Independencia. La dirección del partido en Ferraz brama pero no ha podido impedirlo

Podemos, por su parte, mantiene la ambigüedad. Ada Colau defiende como Pablo Iglesias el derecho a decidir —absurdo tópico en una democracia—pero no se afilia expresamente al soberanismo. El papel que jueguen Podemos y sus plataformas en este pleito será decisivo en toda España para esta organización, que suscita amores y odios intensos. Ciudadanos, en fin, es abiertamente antinacionalista y se mantendrá siempre en contra de la independencia de Cataluña. Izquierda Unida —Iniciativa per Catalunya-Els Verts en Cataluña— se mantiene en el mismo territorio difuso en el que se está moviendo Podemos.

Éste es el panorama político que se nos presenta. Y de cómo se plasmen hacia el futuro estas posiciones dependerán en buena medida los resultados de las elecciones generales, en las que está en juego la afirmación o la reforma de las bases fundacionales.

Perplejidad por Cataluña
Comentarios