miércoles 25/5/22

La perfección, si es que tal existe y asimilando el artículo de Alan Turing en 1950 sobre el poder del pensamiento que una máquina debería cumplir en el contexto de la propia cualidad humana, podría estar pareja al tipo de personalidad motivo del presente título. En un símil que derivaría en el Leitmotiv como un todo del proyecto humano y así mismo en la necesidad de conjuntar personalidades tan dispares y dislocadas hacia la primigenia, actual y necesaria como la humana, al mismo tiempo que selectiva y exigente. Dado que la naturaleza, excepto la humana, funciona por imperiosa necesidad, sin alternativas ni voluntades objetivas; inclusive, ni elecciones contradictorias al ser humano atávico. Será por tanto el propio ingenio procurado en el devenir del tiempo, en cuanto a la búsqueda de formas concretas y particulares en el afán de solapar carencias imprecisas por otras más de acorde con las vigentes, ¿sometimiento ininterrumpido hacia las fuerzas naturales? ¿ Iluminación, Karma, Eugenesia o incluso adhesión a la Inteligencia artificial incipiente?, pues todo ello pudiera ser un fleco de esa personalidad matizada y controvertida como anancástica, pues ella misma suscita un logro sobrehumano hacia el ego no deteriorado por conductas sociales cambiantes y falsas, así como su propia finalidad postergada.

Nunca estaré convencido de la personalidad perfecta en tanto sea comparativa con la instintiva de la naturaleza, o tal vez exenta de ella, tan solo con los atributos otorgados al ser humano y estipulados por nosotros mismos. Tan cercana se me antoja la idea, del no-pensamiento de la máquina, que en muchas ocasiones me reconozco en ella, en su propia identidad, como una forma de personalidad humana delegada y otorgada en tiempo o modo funcional del utilitarismo necesario, es decir, ese mecanismo de defensa en función de la propia extinción exclavista, pero deseada hacia un fin por y la preocupación patológica del perfeccionismo, orden y actuación, como jueces implacables de nosotros mismos, máquinas humanas perfeccionadas en matices mediocres hacia el resto y deseos exacerbados de superación y dispensa del error propio o cosas ajenas hechas a medias en dejación de dependencia, aún en lo más alto de la escala de valores proyectada.

Cualquiera que sea el proceder, por invariabilidad final, tributarios de esta nuestra sociedad a la que aborrecemos y criticamos sin medida, pero sin ella no sabríamos vivir ya que la necesitamos y deglutimos por todo y para todo. La posesión minorizada en escalafón por siempre ascendente hacia estaciones enhiestas y crispadas, el anancasticismo (de Ananké, deidad de la mitología griega, representante en necesidad hacia lo inevitable e inexorable, madre de Moicas, Gloto, Atagegésis y Artropos, hilantes y cortantes del hilo del destino de hombre y dioses), son el todo actual, en la agudeza que subsiste y entiendo que subsistirá en y hacia nuestra vida entendida.

El perfeccionismo del ser Anancástico, individual, colaborará en la consecución de ellos, dada su desconexión de lo terrenal más que nadie, afín a la máquina productiva y sin la inteligencia emocional hacia el resto de semejantes. Rendimiento total sin sentimientos o emociones, perfeccionista, mentalidad empresarial al 100% y desconectada de lo sociable, funcionalidad asimilada..... Pienso en su propia forma de función, como la famosa cinta de Moebius..., trabajo sin fin, consecución de objetivos, sin valores personales ni principios propios y propiedades matemáticas hacia el objeto no orientable. Mis conclusiones en el presente artículo. Se me antojan parejas ambas, es decir, Máquina y personalidad anancástica; tanto una como otra, están identificadas en consecuciones perfectas y lucrativas, sin salir de la regla que establece el funcionamiento de máquina y mente. La máquina por el pensamiento humano y la otra por lo humano del pensamiento, luego, ¿Puede existir diferencia en cuanto a su contenido?, ya aclarado su continente, entiendo por tanto que ambas forman parte de conjunto universal dejando aparte los matices humanos materiales o utilitarios ya que ambas como digo, están y estarán coordinadas. Los errores no existen en este tipo de personalidad, el fracaso es reprochado socialmente, las críticas de gestión serán insufribles y condenatorias, ya que todo forma ese conjunto de máquina perfecta en el ser humano y dispensado por él mismo, así mismo que dejará de existir la propia autoestima, equiparada al funcionamiento de la máquina admirable, perfeccionista y perfeccionada, sin un mínimo de margen hacia la personalidad anancástica. Hemos llegado a un punto de convivencia amañada entre lo personal y lo material, me pregunto, ¿de quién es la utilidad?

Cuando el propio ser humano crea y se recrea en su logro; su singularidad anancástica estará por siempre condicionada a ese vejamen fruto de su propia imaginación, como el Yo Total, aunque rentable en esta sociedad dispar y egoísta. El trabajo que sufre el ser anancástico, tiene su principio y fin en el arquetipo por él mismo creado, esa máquina que supondrá a todas luces un placer traidor y sin cortapisas, sin la espera de favores por ello, pues no me cabe la menor duda que él mismo está mejor programado desde su propia alineación, para contrariar a su voluntad y será por siempre máquina asimilada hacia el resto social, perfeccionismo estereotipado aunque indigente de un cambio radical personal, de pareja, amistad, familia, trabajo e inclusivo de necesidad terapéutica, dado que su potencial es tan valioso, que sus objetivos realistas ya están limitados desde el inicio. ¿Máquinas que piensan como los humanos?, pensemos por siempre, que ha de ser al revés, o entraremos en contradicción hacia probabilidad de al menos reírnos del destino que tenemos asignado, nuestra voluntad.

¿Personalidad anancástica? o la máquina excelente
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