jueves. 01.12.2022

Hace tiempo que llama mi atención la forma en que algunas personas utilizan las palabras y sentía el impulso de comunicar mis observaciones pero, a veces, me decía: «Es una oportunidad para poner en práctica el discernimiento». Todos pueden hacer esa observación. La pasada semana leyendo una biografía sobre un personaje de la época de la Segunda República comprobé que el autor de la citada biografía ya practicaba el uso de las palabras con sesgo, vamos a decir. Comprendí entonces que llevamos mucho tiempo con esta adulteración de los campos conceptuales de las palabras. Llegó a mi mente el uso de dichos populares que ponían de manifiesto como a través del tiempo se comprobó que con el lenguaje se podía manipular. También está el intentar tapar la verdad y digo intentar porque la verdad es. La verdad es luz y la luz no se puede apagar. El propósito del mal uso del lenguaje siempre tiene que ver con la verdad. Ocultarla, apropiársela, negarla, filtrarla, maquillarla… En estas observaciones, ojeando dichos populares me llamó la atención: «Llámotelo para que no me lo llames». Vemos la antigüedad del dicho por el uso del vocablo castellano llámotelo.

La intencionalidad del hecho de insultar como una autodefensa, es claramente manipuladora. Por similitud comprendí que igual que las palabras, también pueden utilizarse situaciones y hechos, para mandar mensajes al inconsciente, que no pasan por la mente consciente. Ejemplo: Si damos la orden de desenterrar al dictador, la gente va creer que somos muy demócratas. Desde un mirar más profundo vemos que esa visión del dictador tiene mucho de proyección del dictador que yo porto, que porta quien utiliza ese mensaje, persona o grupo político. Mandar mensajes al inconsciente con esa intención, denota claramente poco respeto y mucho deseo de imponer y manipular.

Otro dicho popular: Comentado: «Coge buena fama y échate a dormir. coge mala fama y échate a morir» Aquí se nos muestra que la mentira y la maledicencia pueden ser la capa que utilizan algunos para tapar la verdad de otros. Utilizar las palabras como verdaderas armas de guerra. Cuando la palabra sale del corazón expresa amor, equidad, armonía, verdad, pero cuando hay separación entre mente y corazón, puede estar usada para expresar juicio, descalificación, envidia, separación y lucha, en definitiva. Últimamente se está practicando un tipo de uso del lenguaje que conlleva, si tomamos conciencia, un estado de guerra, donde se presupone que está establecida una democracia real, donde los derechos deben ser respetados.

Algunos políticos insultan descalifican y mienten sobre su adversario, como si eso en campaña hablara de democracia. La libertad de expresión se está usando como todo vale. La apropiación de los significados de las palabras tambien vale. Ahora significan lo que algunos quieren.

Veamos algún ejemplo: Muerte digna igual a como yo quiero. Yo redefino la dignidad. Progresista igual distopía, involución etc. Yo digo lo que es progreso, lo que es avance. Inmunizar, utilizo el concepto para otro hecho, como inocular sustancias dañinas Estamos asistiendo al nacimiento de un tiempo nuevo. La ley de la lucha ya no tiene vigencia. Estamos viviendo los últimos residuos. Comienza en éste amado planeta una nueva edad dorada.

Estamos disolviendo códigos antiguos y esto, nos coloca en un proceso de despertar conciencia, de autoconocimiento y posibilita la respuesta segura a las preguntas: ¿qué soy? quién soy? La repuestas a estas preguntas, si son tomadas, hará que mi atención consciente, me ponga en guardia cuando no actúe desde quien soy.

Igualmente, como receptor me daré cuenta, discerniré desde donde habla aquel a quien estoy escuchando. Mi pretensión no es ser exhaustiva en este planteamiento pero para los interesados en el tema del lenguaje, les puedo remitir a especialistas de la talla de Carme Jiménez Huerta, lingüista especializada, escritora e investigadora. Así mismo, César Vidal, Amando de Miguel etc. Mi invitación es a poner atención a la palabra, a la coherencia entre lo que se dice y la verdad. Así mismo despertar nuestro discernimiento para que nuestra percepción no confunda lo real con la apariencia. En estos tiempos hay muchos campos en los que es patente la adulteración del lenguaje, pero destacan los modos publicitarios, los entornos políticos y la manipulación informativa, dirigida por intereses económicos y políticos principalmente.

Es momento de revisar nuestras creencias sobre quienes son portadores de información veraz, quienes son portadores de falsa información, y quienes de desinformación, ruido, con apariencia informativa, que pretenden transmitir miedo. Tradicionalmente, creíamos en una información, que considerábamos oficial. Estamos en tiempos nuevos, que nos exigen mayor responsabilidad, estar más atentos, más despiertos, más conscientes.

En la antigua Grecia había una gran búsqueda de la verdad, de la libertad verdadera y llevaba a las personas a priorizar esa búsqueda, la máxima: «La verdad nos hace libres» era como la guía para buscadores, la hoja de ruta para navegantes y es que, sin esa consecución, podemos ser pasto de los lobos, dependientes de los tiranos. En el Oráculo de Delfos jerarquizaban esa búsqueda de la verdad y para indicar la dirección de la búsqueda, decían: «Te advierto, quien quiera que fueres,/ tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza,/ que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas,/ tampoco podrás hallarlo fuera./ Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa,/ ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias?/ En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros./ Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses».

La perversión del lenguaje
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