viernes 27/5/22

En 1999, tuve que pedir la excedencia en la policía para presentarme en las elecciones de ese año al Parlamento Europeo y, al siguiente, en las generales al Senado. Policías, guardias, militares y jueces debemos dejar de ese modo el cuerpo si queremos ir a las urnas; independientemente de que salgas o no elegido.

De mi paso por la política tengo un par de sentimientos encontrados. El primero, entregar la placa cuando te vas a la incertidumbre; el segundo, recogerla tranquilo cuando, al cabo, regresas fogueado a la comisaría en el distrito Centro. Entre un periodo y otro aprendes que hace mucho frío fuera. En el circo político, orgánico o institucional, se puede ser honesto y trabajar de buena fe…, o un indecente sin ética. Ejemplos hay todos los días en el telediario a la hora de comer y, si te gusta el martirio, también en el de la noche. Se puede llegar a alcanzar incluso la sobredosis si no se tiene cuidado con el mando a distancia.

Viene este autopanegírico a cuenta de la plantilla de uniformados que pelean en la actualidad, o lo han hecho antes, la soldada como diputados en el Congreso. Una nómina de «políticos de paso», salvo excepciones, poco conocida.

En esta legislatura (la XIV) alcanzaron la butaca en la Cámara Baja los policías nacionales Pablo Cambronero, del Grupo Mixto; Felipe Sicilia, del PSOE; Ana Vázquez, del PP; y el guardia civil Juan A. Delgado, de Podemos. En la X legislatura ejerció de parlamentario Federico Cabello de Alba, comisario del CNP. Todos andaluces menos la gallega A. Vázquez. Se ve que, efectivamente, los extremos, aunque sean geográficos, terminan tocándose.

La milicia tampoco se salva del «veneno de la política». La presencia de militares en el Hemiciclo es un hecho de la mano de Vox, PP y PSOE. En la carrera de San Jerónimo se sientan Alberto Asarta, general de división del Ejército de Tierra retirado; Carlos Hugo Fernández-Roca capitán del Ejército del Aire en excedencia (acaba de regresar al servicio activo); Rubén Manso, teniente del Ejército de Tierra en la reserva; Rubén Darío Vega, capitán de Marina retirado; y Zaida Cantera, excomandante del Ejército de Tierra que en 2015 saltó a la primera plana de los medios denunciando acoso.

Las urnas le dieron la espalda, sin embargo, al ex jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad), el teniente general del Aire retirado José Julio Rodríguez Fernández. Después de presentarse por la formación Unidas Podemos a los comicios de 2015 y 2016, no logró en ninguna de las dos convocatorias el acta. En 2020, Pablo Iglesias le repescó del limbo político nombrándole responsable de su gabinete cuando era vicepresidente segundo del Gobierno. A cuenta de las componendas con Sánchez, el líder de Podemos tuvo de asistente a un general de cuatro estrellas.

Es costumbre aceptada que a los uniformados se les suponga el valor. Igual, por supuesto, que a un farmacéutico, a un albañil o a un caminero en ruta. Afortunadamente, ese concepto tiene ahora una amplitud de miras que va más allá del aspecto corporativo y el coraje en el conflicto. El valor es, al mismo tiempo, la decencia, la rectitud, la integridad… Virtudes que, bajando a pie de calle, te convencerían, amigo lector, para comprar un coche de segunda mano sin probarlo. ¿Encuentras acaso mejor ejemplo práctico? Así es el campo minado de la política. Nada nuevo bajo el sol.

Policías, guardias y militares en el Congreso
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