domingo 13/6/21

Política barriobajera

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Así resumía el mítico actor norteamericano Groucho Marx la gestión de las cosas públicas.

La política española se ha convertido en un lodazal. El lodazal inmundo donde anidan toda clase de alimañas para librarse de los insectos del calor abrasador. El político debe ser o comportarse como un ser educado, cortés y con buenos modales. Pues no. En España, la educación política brilla por su ausencia.

Solo manifiestan cierto aire de burgués o burguesa en los aspectos físicos. En el vestir. No en vano tiene sueldos, dietas, coches y prebendas que les permite, inclusive, dejar un rastro de perfumes de las diversas marcas. No creo que sea Nenuco, más bien, de las marcas de renombre pudieran ser Calvin Klein. Giorgio Armani o Hugo Boss u otras que ignoro.

Estos patres conscripti cuando se sientan en la silla curul, hacen honor a su origen, carro de guerra, lanzan por su bocas fuego, dardos, improperios que rayan el insulto, la vejación. Y todos, parece ser que, han pasado por las universidades. Otra cosa es que hayan estudiado o hayan paseado los libros porque algunos y algunas debieron aprender gramática parda. Solo les hace falta bajar la corte celestial, cual o cuales cabreros que en lugar de llamar al rebaño con sus silbos lo acercan al redil con toda clase de improperios.

Me recuerda la época de la dictadura cuando en los bares había un letrero que decía prohibido blasfemar. Sí, tendrían que haber letreros por todo el hemiciclo, para que, unos, los ateos no rebuznen y los otros, creyentes, no blasfemen, porque están en el templo de la democracia. A los mal, llamados padres de la patria, solo les hace falta que en el Parlamento les pongan un ring y solvente sus enfrentamientos como los púgiles en el cuadrilátero. Siempre se cree que en el hemiciclo se va a construir, a programar y proyectar el progreso de un país. Pues no. Lo han convertido en un circo donde los protagonistas fundamentales son los payasos y toda clase de fieras. Aquí no se legisla, aquí se insulta.

El hemiciclo es una charanga donde un grupo de flautistas desafinan y atruenan. Se arenga, no como los romanos, ya quisieran ellos tener la oratoria de los senadores romanos o de un Cicerón cuando se dirigía a Catilina que se quería asegurar el cargo de cónsul mediante sobornos. Por cierto, también estamos en la compra y venta de esclavos. Se han puesto mociones de censura. Dicen que para dignificar la política. ¡Mentira! No. Para comprar voluntades y vivir como un patricio y tener a su servicio, quizás, esclavas o criados. ¡Vergüenza política!

Estos políticos están no para servir al pueblo sino para servirse a sí mismos. Estos políticos que nunca trabajaron. Estos políticos que se pusieron en la fila para alcanzar el poder no con sus esfuerzos sino con la mentira, el engaño, y la prebenda prometida con cargos suculentos regados con el esfuerzo de todos los ciudadanos, con nuestros impuestos, con nuestro sacrificio. Y unos pocos, que se presentan pulcros y con manos estilizadas ya que no saben que es un arado ni una pala, ni un pico.

Solo usan el taladro para agujerear las mentes deseosas de que les asignen un cargo ya que por sí son incapaces de conseguir un puesto de trabajo ya que ninguna empresa va a contratar a quienes, de antemano, van a convertirla en un desguace y la van a empujar a la quiebra y la ruina. Este es el político español, un pícaro, que engaña. Y la culpa la tiene el pueblo que, ciego, no ve las patrañas que cometen y, no se dan cuentan, que le están robando al pueblo, la fe, la ilusión y la esperanza porque, cuando el pueblo vota, muchos creen que va a ser un voto para el progreso.

Aunque hay muchos que no piensan así. Depositan un voto, a sabiendas, no con la cabeza sino con el estómago o con el zancajo y sabe que es un voto que aumenta el lodazal, pero lo que importa es que la mierda se extienda porque gracias a su olor, huyo del trabajo y busco la ayuda que me dan sin marcarla.

En las elecciones a la Comunidad de Madrid hemos visto la campaña electoral más crispada, mentirosa y barriobajera de cuantas se han presenciado en este país. Cuando un líder político, aspirante a presidente, insulta a otro llamándole públicamente traidor, irresponsable, felón, malvado, ególatra, ridículo, desleal, criminal o que le voy a cortar el cuello con un machete, mentiroso y otras perlas verbales, atracador a mano armada, que va a terminar en la cárcel, estamos ante un matón, más propio de los bajos fondos de la época de Al Capone en Chicago, que de una persona con un mínimo de civismo y educación. No sólo se está degradando como persona, sino que está degenerando el debate político al nivel de un bravucón y fanático hooligan o matón de barrio.

Estamos en la peor política y en el peor momento. Los muertos no importan, ni los que sufren el covid-19, solo importan los vivos y, de estos, los que nos interesan, son los vivales o vividores. Esta clase de políticos hay que desterrarlos y enviarlos al ostracismo.

Creo que necesitamos una regeneración ética, recuperar el debate, las buenas formas y el consenso. Recuperar la política, como actividad en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva, en quehacer ordenado al bien común, y no permitir que se convierta en un circo con comportamientos energúmenos y cavernícolas.

No va a ser fácil la regeneración política ya que quienes están en el tablero son personas sin escrúpulos, son bandas rivales. Parafraseando a Cicerón en sus Catilinarias: ¿Hasta cuándo, padres de la patria, vais a abusar de nuestra paciencia? Si seguís con esta política barriobajera sólo los estómagos agradecidos os van a vitorear y a agasajar. Esto no es democracia, es anarquía. El pueblo no merece estos políticos.

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