jueves. 02.02.2023
NO ERA, como suponía, una hoja volandera de El Corte Inglés, de Carrefour, de Toys «R» Us o de E. Leclerc, anunciando que hoy abren sus centros comerciales. Estamos en vísperas de que concluya la gran orgía navideña del consumo. Abrí el buzón y me encontré no con una hoja volandera, sino con un panfleto partidario: el número 1 editado por el grupo de concejales del PP en el Ayuntamiento de León. Como en los mejores tiempos de la clandestinidad, cuando los rojos eran expertos en «vietnamitas», no en rotativas, con El Mundo Obrero o El Socialista , los ediles azules leoneses salen del zulo para denunciar un «León sin pulso». Se invierten los papeles. La revista, si así puede considerarse, eleva al paroxismo el desencanto de la pérdida del poder municipal. Tiene la misma dosis de sectarismo que antaño las publicaciones rojas, aunque con más brillo y color. En su alarde de papel satinado y cuatricromía, hasta incluyen la foto de una vaca de madera, desmochada y con la cruz gamada en su lomo, que decora uno de los márgenes del Bernesga. La foto no es de ayer, ni de hace semanas, ni de seis meses. El deterioro está documentado desde hace dos años. Entonces sobrevolaba el río la gaviota y no crecía la rosa a la vera del muro. El grupo de concejales del PP en el Ayuntamiento de León ha abrazado lo que es consigna general en la política de nuestro tiempo: lo que no se publicita, no se vende. Hace unos días, el grupo popular en el Consejo Comarcal del Bierzo puso el grito en el cielo porque su presidente, González Saavedra, utilizara la institución con fines electoralistas al presentar un calendario. El argumento para la denuncia fue que asistió la diputada socialista Amparo Valcarce, que volverá a ser candidata en marzo próximo. En plena psicosis electoral, se la cogen con papel de fumar. No echan la vista a su interior. No dudo que el Consejo Comarcal del Bierzo buscó rentabilidad política, como tampoco que el Consejo de Ministros ha estado, y está, al servicio del PP. Y eso es más grave e intolerable. Los medios públicos se están hartando estos días para anunciar que bajan los medicamentos, en algunos casos hasta el 60%, y silabean en voz baja que sube el recibo de la luz, el peaje en las autopistas o los sellos de correos. Yo no celebro que bajen los medicamentos, quiá. Tendría antes que ponerme enfermo. De todas formas, para campañas subliminales de propaganda, ambas confeccionadas y sustentadas con dinero público, dos ejemplos: 1) Ministerio de Hacienda: Bajan los impuestos, sube el bienestar. Montoro sólo es concreción. 2) Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales: Trabajamos por crear más empleo, por garantizar las pensiones, por los jóvenes, por la igualdad de la mujer, por el respeto de la pareja, por la maternidad y la familia, por los inmigrantes, por los discapacitados y por hacer la vida más fácil a nuestros mayores. «Lo nuestro son las personas». Zaplana aspira a altos vuelos. No ha dudado en otorgarle la campaña publicitaria al ex-portavoz del Gobierno, Miguel Ángel Rodríguez, aunque sea bajo el epígrafe de «urgencia». El PP entiende como nadie sus siglas: publicidad, política y, además, suma otra: propaganda.

PP: Publicidad y política
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