miércoles. 29.06.2022

Hoy nos toca hablar de mentiras y el que dice muchas mentiras se le llama mentiroso y el que encadena una mentira tras otra, se habla de: sarta de mentiras. Prodigarse en mentiras continuas conduce a que muchos ciudadanos conviertan la mentira en justificación y la asuman como verdad. Decía Ortega y Gasset que el imperio de la política es, pues, el imperio de la mentira. No es lícito mentir. Últimamente se miente mucho en el debate político. Y normalizar la mentira en el debate político deteriora gravemente la calidad de la democracia.

El Washington Post se ha servido del The Fact Checker para constatar que el presidente Trump ha hecho durante todo su mandato unas 30.000 afirmaciones falsas o engañosas. No estaría mal que en España dispusiéramos también de un rastreador y someter al político a un detector de mentiras para comprobar y verificar que ha mentido o está mintiendo.

Hoy nos toca hablar de las mentiras del Gobierno y, por supuesto, quien está al frente no es otro que Pedro Sánchez. La oposición lo denomina unas veces, como Dr. Fraude, otras, como Dr. Mentira, también se le asigna como el Felón, en alusión al rey Fernando VII, que traicionó las libertades y derogó la Constitución de 1812. De ser el rey Deseado a cometer un acto de felonía, de deslealtad y de traición. Repito, la oposición llama a Sánchez, Felón, por las deslealtades ya que, de prometer, No, en varios asuntos de estado, los hechos son, Sí.

Los comentaristas políticos, sacan a relucir la última campaña electoral en el que se preguntaba a Sánchez qué iba a hacer con Cataluña, los presos, relaciones con los etarras, los asesinos y sus relaciones con los independentistas etc. La respuesta que se haga cumplir la ley. Como se preveía, por las encuestas, el posible resultado de las elecciones, hasta los más ingenuos, sabían que Sánchez estaba mintiendo y que, llegando al poder, la mentira la convertiría en verdad que significaba prevaricar

La escritora Ángeles Gervilla en su obra Pedro Sánchez. La mentira expone todos los engaños del actual presidente del Gobierno. Hay que partir de la base de que todos los políticos mienten. Todos falsifican deliberadamente la verdad para conseguir ventajas electorales, tanto en las campañas como fuera de ellas. Lo que ocurre es que jamás me encontré con alguien que alcanzase el nivel de mentiras de Sánchez y su gobierno. Han llegado a poner el listón tan alto que es muy difícil de igualar.

Pedro Sánchez ha indultado a los presos independentistas. Se ha asegurado que el Gobierno negocia la amnistía de estos presos a cambio del poder. El Gobierno acerca presos de ETA como contraprestación por supuestos favores políticos de Bildu. Y todo esto no es una interpretación tendenciosa de los hechos, ni una argumentación sesgada, ni una exageración. Es mentira. La mentira como arma política. Pedro Sánchez dijo que jamás pactaría con Iglesias. No dormiría así fuera. A los pocos días, con todos los medios de comunicación presentes, se dan el abrazo de la paz y forman un Gobierno de coalición.

Me gustaría creer al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cuando dice que no habrá referéndum de autodeterminación en Cataluña. Pero créanme que me lo pone muy difícil después de todas las mentiras que nos ha contado. Referente a los presos etarras, causantes de mucho dolor, siempre dijo que nunca habría perdón. La mayor traición es tener hoy como aliado a Bildu y se está preparando la salida de las cárceles de los asesinos.

El problema de Sánchez es su falta de credibilidad. Ni sus socios de Gobierno le creen. Hasta el propio Gabriel Rufián ha dicho que no descarta un cambio de opinión en el presidente del Gobierno sobre un eventual referéndum de independencia. Si lo ha hecho otras veces porque no lo va a hacer ahora, se preguntaba con cierta lógica el portavoz de ERC. ¿Por qué debemos de creerle ahora, después de que dijera que no pactaría con los independentistas ni concedería los indultos a los presos del procés?

Uno puede cambiar de ideas o de opinión, eso es absolutamente legítimo y muchas veces hasta deseable, pero lo que no se puede hacer es mentir permanentemente a la opinión pública. Y Sánchez lo ha hecho constantemente. Mucha gente confió en su palabra y le dio su voto. Quién iba a pensar, por ejemplo, que Sánchez utilizaría o se valdría de los votos de EH Bildu para ser presidente del Gobierno, después de los cientos de cargos socialistas y no socialistas que han sido asesinados por la banda terrorista ETA.

Hay ciertas líneas rojas que no deben sobrepasarse nunca y Sánchez no ha tenido ningún reparo en saltárselas para pactar a su izquierda con tal de mantenerse en el poder. Y lo seguirá haciendo siempre que pueda porque ese es el único objetivo que le mueve. ¿Cómo creerle ahora después de todas las milongas que nos ha contado que no habrá referéndum de autodeterminación?

El periodista Pedro García Cuartango escribía en ABC: Cuando se traiciona la palabra y se incumplen los compromisos, el activo de un político se queda en nada. Es grave no creer en la palabra de tu presidente. Cuando le escucho hablar no sé cuándo dice la verdad y cuando miente y esto es tremendo.

El problema es que en España la mentira no se penaliza ni se castiga, como si ocurre en otros países europeos, donde Sánchez ya hubiera tenido que haber dimitido como presidente del Gobierno.

En la campaña, Donal Trump afirmaba que las vacunas provocan autismo. Sus partidarios los asumieron como verdad absoluta. Pedro Sánchez dice que no pactará con los etarras, ni indultará a los presos, ni concederá la amnistía a los del procés, ni pactará con Bildu, ni con los asesinos etc. Pues bien, hay votantes que son ciegos, no ven, tienen el cerebro obtuso. Son adictos, fanáticos, están drogados. Que un candidato a la presidencia del Gobierno dice que la marihuana cura el cáncer, para el votante fanático, es verdad absoluta y la mentira siempre está en el contrario. En mi etapa de docente conseguí, con mis argumentos, que una alumna afirmara que las gallinas tenían dientes. Luego, no nos extrañe que tantas mentiras de Sánchez para el fanático sean verdad. Mentir a sabiendas es prevaricar y este Presidente prevarica a diario, pero hay muchos que creen la mentira. La democracia en España es obtusa y lo lamentable es que la mentira se ha institucionalizado.

Prevaricación continua de Pedro Sánchez
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