viernes 27/11/20

Tribuna | Primero ruptura, luego dictadura (perdón, quise decir República)

«Urge impedir saltar la primera valla», frase con la que finalizábamos el artículo publicado recientemente con el título El pacto del pesebre. Nuestra llamada, así como muchas advertencias que hemos trasladado a la opinión pública a través de artículos, a la vista de los hechos, no consiguieron el fin buscado. Desgraciadamente, la valla se ha saltado, y ha sido Pedro Sánchez, con la soberbia que le caracteriza, quien lo ha protagonizado. Otros, desde la Transición hasta el ‘golpe’, oportunamente revestido de moción de censura, se dedicaron a acondicionar la pista haciendo concesiones a los, antes, nacionalistas, hoy, separatistas.

«La Transición y reconciliación han muerto; Franco y el Nodo han vuelto», frase en el penúltimo párrafo de nuestro artículo titulado Del franquismo al sanchismo. Saltar la primera valla suponía romper definitivamente con la Transición del 78 y con todo cuanto la misma representa. Al sanchismo poco le importa. El sanchismo quiere su propio régimen, volver al 34 y ganar la guerra que perdieron nuestros abuelos. Las ranas y renacuajos que forman parte del cortejo del escorpión están en ello. Algunos lo dicen en privado, otros lo manifiestan en tertulias, y hay quienes lo dejan por escrito: «Franco no ganó la guerra… Ganó una batalla». (V. Rodríguez Caro). De nuevo media España contra la otra media; división y ruptura propiciada por un perverso sanchismo cuya única, y oculta, pretensión es implantar un nuevo régimen totalitario, con ordeno y mando ejercido despóticamente por el sobrado ‘caudillo del PSOE’, donde tertulianos y analistas afines, y medios de comunicación adictos, tan necesarios, bien coordinados y engrasados, se comportan como elementos fundamentales al servicio del ¡césar! Un plan Redondo con el que imponer su argumentario y relato a la sociedad española, en la que «son los medios los que dibujan las ventanas a través de las cuales interpretamos la realidad» (V. Arranz). En su ejecución, mimetizan el modelo chavista reponiendo a Franco y el Nodo en versión Sánchez y la Tele-CIS.

El sanchismo quiere su propio régimen, volver al 34 y ganar la guerra que perdieron nuestros abuelos

Con Sánchez «estamos ante un hombre hecho para los telediarios y no tanto para la verdad o la congruencia» (A. Lardiés). Pronto entrará en competición con PI con sus respectivos ‘Aló, presidente’, el uno, y ‘Aló, vicepresidente’, el otro. En la autoentrevista (PS y PI preparan sus propias entrevistas) en TVE se describió asimismo como lo que forma parte de su naturaleza: ultra, radical y extremista, cuando acusaba a otros de plantear conflictos, divisiones y rupturas. Es lo que mejor sabe hacer: proyectar en otros sus miserias. Convierte en conflicto político lo que, según él mismo, antes era un problema de convivencia; su acción política en el partido, gobierno e instituciones consiste en dividir y depurar; y se alinea con el rupturismo frente al constitucionalismo, poniendo en peligro el actual sistema democrático y las libertades conseguidas.

El ‘hoy paciencia, mañana independencia’ proclamado hace cuarenta años por Jordi Pujol, cuyo objetivo político último era la autodeterminación y proclamación del Estado catalán, tiene su correlato con el ‘primero ruptura, luego dictadura’ (perdón, quise decir República), que, saltada la primera valla, quiere imponernos PS y el PS con todo su gobierno populista obnubilado, ‘ahora sí’, por el sanchismo, al que pesebristas y asaltadores de cielos veneran como si del becerro bíblico se tratase.

PS y el PS, siguiendo la senda iniciada por ZP, secuestra la marca PSOE, se alía con separatistas e involucionistas y rompe con los constitucionalistas: ‘primero ruptura’; para, seguidamente, arrinconar al poder legislativo, ignorar al poder judicial, someter a la fiscalía, dirigir la abogacía del Estado, controlar los medios de comunicación amigos y amordazar a los hostiles, laminar a la oposición y anular al Rey, que encarna en su persona la soberanía nacional, la unidad de España y el orden constitucional: ‘luego dictadura’, (perdón, quise decir República). Todo gobierno democrático, en un Estado de Derecho, ejerce el poder respetando leyes, instituciones y el control realizado por la oposición; lo contrario es castrismo y chavismo. Sin legalidad no hay democracia, y sin democracia sólo hay dictadura.

PS, el PS y su comitiva estigmatizan a quienes no comparten el credo progresista acusándoles maniqueamente de fachas y franquistas, cuando lo más parecido a Franco y al franquismo son Sánchez y el sanchismo, con la diferencia de que mientras aquél dio un ‘golpe’ para reconstruir, gobernar y poner orden; éste lo ha hecho para disgregar, desgobernar y alterar el orden, la convivencia, libertad, progreso y bienestar. Igual que Franco, «el ejercicio del poder para Sánchez no consiste en otra cosa que hacer desaparecer la sabiduría, el conocimiento y la inteligencia… Sustitución del saber por la ideología. Sustitución del conocimiento por el engaño. Sustitución de la inteligencia por la palabrería… Todas las acciones políticas de Sánchez bordean los límites de un sistema democrático… Vivimos a las puertas de un régimen autoritario» (A. Maestre).

Urgía saltar la primera valla (investidura), urge saltar la segunda (excarcelar a los delincuentes golpistas), después vendrá la tercera (nuevos estatutos catalán y vasco), seguidamente… ‘Primero ruptura, luego dictadura’ (perdón, quise decir República). La ‘O3R’ (?), objetivo nada casual ni reciente, es una maniobra política de medio alcance, pues un largo plazo sería demasiado tiempo para los republicanos más radicales. Sería el salto de la última valla. Algunos habrían conseguido su objetivo: romper con el presente para volver al pasado. ¿Es ese el objetivo de la mayoría de los españoles?

Tribuna | Primero ruptura, luego dictadura (perdón, quise decir República)
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