El principio del atizador

Vivimos momentos dominado por la incertidumbre en el futuro, por las contradicciones cada vez mas frecuentes en las actitudes de nuestros gobernantes y por la constante divergencia entre las recomendaciones de los expertos, las decisiones de los políticos y el paroxismo de los gobernados. Aun cuando son muchas y muy diversas las razones que justifican esta situación, convendría bajar el diapasón y buscar mas asertividad en las decisiones, sobre todo en identificar y resolver los problemas.

Esta reflexión me lleva al episodio del que estamos cerca de celebrar el 75 aniversario ocurrido en una reunión en el Kings College de Cambridge donde estaban presentes los quizás mas ilustre intelectuales del momento: K Popper, L. Wittgenstein y B Russel y que termino mal, muy mal y de la que aun no tenemos a ciencia cierta lo que ocurrió y recogido por K Popper con « el principio del atizador». Bajo ningún prisma me gustaría que se entendiera que los debates que los ciudadanos escuchamos atónitos hoy día, ocurren entre personas de la altura intelectual de los que tuvieron lugar en el Kings College en 1946. Pero si 75 años después de aquella breve reunión con aquellos personajes , aun no sabemos a ciencia cierta lo que paso, parece razonable, que será muy difícil entender lo que ahora esta sucediendo.

Allí, en una reunión que escasamente duro 15 minutos y permítanme aquí simplificar enormemente lo ocurrido, se enfrentaron posiciones acerca del papel del lenguaje en el abordaje de los problemas filosóficos mas relevantes. Aquí, de nuevo la falta de claridad entre la urgente necesidad de la vacunación para superar la pandemia y el principio de precaución adoptado por las autoridades administrativas, esta creando una profunda confusión, y mucha desconfianza.

Se ha repetido hasta la saciedad que no solo en la lucha contra la pandemia, sino para entender los graves problemas de nuestra sociedad, estamos en el momento de la ciencia, en la necesidad de escuchar lo que los científicos aconsejan y de nuevo la decisión dominante es la utilización del principio de precaución por los políticos. Si entiendo correctamente, la evaluación de la (Agencia Europea de Medicamento) EMA entorno a la vacuna de Astra Zeneca pone de manifiesto que la posible incidencia en la aparición de los trombos de senos venosos o en el abdomen es un fenómeno muy raro. La presencia de efectos indeseados es normal en cualquiera de los fármacos de utilización diaria en al farmacología.

Baste leer el prospecto de cualquiera de ellos donde se cuantifican las respuestas indeseadas en frecuentes, poco frecuentes, raras, y muy raras.

En el caso que nos ocupa serían muy, muy raras. La recomendación de la EMA es que en este contexto, las ventajas de su utilización exceden con mucho sus posible efectos secundarios.

Esta discrepancia que no es única y que se extiende a otras decisiones, como es el caso de los confinamientos, se trasmite mal por nuestros gobernantes donde de nuevo domina la utilización del principio de precaución, típica actuación de los gobernantes como señala Claude Allegre, excelente científico y exministro de educación en Francia en su libro: La sociedad vulnerable. Describe «la incapacidad de los gobernantes para tomar decisiones en los problemas globales: se mueven entre el paroxismo o actuar tarde con medidas desproporcionadas». Es verdad que en muchas ocasiones han de decidir entre lo malo y lo peor.

Aquí no estamos ante la imposibilidad de resolver las contradicciones entre las posiciones acerca del papel del lenguaje en el abordaje de los problemas científicos mas relevantes. Se trata de poner en practica los métodos mas eficientes para combatir la pandemia.

Si el debate entre quizás los mas brillantes intelectuales hace 75 años no solo no llegó a conclusiones, sino que cada uno de ellos lo ha interpretado de manera diferente, y seguimos sin saber lo que allí paso, es esperable que nuestra controversia aquí tampoco tenga fácil solución.

Quizás tengamos que esperar otros cuantos años para entenderla. Pero por el momento cuídese y vacúnese, es el mejor tratamiento contra la pandemia.