domingo. 26.06.2022

Atento y diligente lector. Precedida de una actuación musical, coreografía incluida, tan innecesaria como hortera y mediocre (doquiera domina el mal gusto) la final más esperada del fútbol europeo, disputada en París el pasado 28 de mayo, la ha ganado el Real Madrid.

Esta Copa de Europa —así llamada desde que se creó en 1955, nombre mejor y más apropiado que el de Liga de Campeones desde 1992— tiene igual valor que todas las anteriores conseguidas, pero quizá más mérito que todas ellas: eliminó sucesivamente al París Saint Germain —equipo que comparte con el Barcelona una desastrosa organización deportiva— a los enriquecidos por los magnates Chelsea y Manchester City y en la final al Liverpool. Casi nada.

Son ya 14 títulos los que atesora el equipo «merengue» de 17 finales disputadas; él sólo suma igual número que los conquistados en toda la historia de la competición por los clubes de Inglaterra. Como ocurrió desde 1966 hasta 1998, podría el Real estar otros 32 años sin ganar la copa y muy probablemente —a la vista del número de equipos que realmente tienen posibilidades de ser campeones— seguiría siendo el equipo más laureado.

En la victoria ha jugado un papel relevante el entrenador Carlo Ancelotti: profesional como la copa de un pino, discreto, y educado; caballero del fútbol, muy lejos de Mourinho el «broncas» que tanto erosionó la imagen del Madrid y muy lejos también del «divo» Guardiola, que no ha ganado tanto como parece pese a tener plantillas excepcionales hoy en el City y ayer en el Barcelona y en este al mejor jugador de la historia. Felicidades al Real Madrid como tal y a sus seguidores (entre los que no me encuentro: yo lo soy del Barça desde el momento en que fichó al fenómeno coruñés Luis Suárez Miramontes, hasta ahora único futbolista español que ganó un Balón de Oro).

Pero algunas cosas más te quiero contar que creo no carecen de interés: Que Ferenc Puskas es el jugador madridista con mejor promedio anotador de la competición: 0,86 goles por partido.

El húngaro, cuyo apodo era «Cañoncito Pum», vino a España mediada la década de los 50; no pocos de sus compatriotas jugaron también aquí deleitándonos con su fútbol, entre ellos Sandor Kocsis «Cabecita de Oro» y Ladislao Kubala uno de los mejores jugadores que ha dado el fútbol europeo. En la revista infantil «Pulgarcito», en la historieta titulada «La terrible Fifí» salía al final de la misma un personaje, «don Sordete» que siempre acababa diciendo: «si Kubala no juega, no hay nada que hacer». Que, en parte por negligencia y en parte por la dificultad intrínseca, siguen sin encontrar solución eficaz los graves problemas de orden público causados por los forofos que acuden al lugar del encuentro sin entrada para acceder al estadio.

Por cierto, y en este contexto, las aficiones de los equipos españoles que se desplazan fuera de España para ver y apoyar a su equipo, antes, durante y después de los partidos, tienen, salvo casos aislados, un comportamiento ejemplar. Que el himno de este torneo, cuya música leo que fue compuesta en homenaje al músico alemán G.F. Händel, está escrito en las tres lenguas oficiales de la Uefa (asociación del fútbol europeo): alemán, francés e inglés. La letra juega mezclando palabras y expresiones de estas tres lenguas; básicamente dice que estamos ante «una gran reunión o evento deportivo» y que los equipos participantes son «los mejores», «los campeones».

Siendo esto así, no estaría de más incluir también la española pues España es el país que más campeonatos atesora: 19 (14 del Real Madrid y 5 del Barcelona) y el segundo con más subcampeonatos: 11, solamente por debajo de Italia que suma 16.

Y finalmente, aprovechando que el Bernesga pasa por León, poner en conocimiento no solo de los futboleros, sino también de todo el mundo que el martes 31 de mayo, la Asamblea de la Real Federación Española de Fútbol votó prácticamente por unanimidad la subida del sueldo de su presidente, que quedó fijado en más de 600.000 euros anuales. En el fútbol existen no pocas majaderías; esta es una de ellas y no menor.

A propósito de la Copa de Europa
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