jueves. 30.06.2022

A propósito de la Cuna del Parlamentarismo

Cuando en el mes de abril del año 1188 Alfonso IX de León convocaba a Curia Regia a los representantes de villas y ciudades además de a la nobleza y el clero, seguro que no se imaginaba la trascendencia de dicha decisión, aunque sí era consciente de que para que un gobernante pudiera asentar su poder sobre bases más sólidas, precisaba ampliar la base de estamentos que lo apoyaban.

En pasadas jornadas se ha venido celebrando en nuestra ciudad un congreso bajo el título de Congreso Nacional de Participación Democrática: León, Cuna del Parlamentarismo. Del Parlamento al Referendo con un cartel de participantes entre los que se anunciaba la participación de personalidades relevantes del mundo de la política y la literatura como son la exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, el jurista Pérez Royo, el leonés del año Rogelio Blanco o quien fuera director general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, así como de los escritores Merino, Mateo Díaz o Aparicio. En el mismo expresaron sus pretensiones de —repito sus palabras—, «avanzar en calidad democrática en nuestro país» y para ello utilizaron como base de impulso la calificación otorgada a León de Cuna del Parlamentarismo.

No discuto y aún aplaudo iniciativas como esta en la que se puedan proyectar fuera de nuestras fronteras la importancia que aquellas «cortes» de 1188 y el rey Alfonso IX tuvieron y tienen en el origen de los sistemas parlamentarios.

Pero sí me gustaría hacer notar que si otras ciudades e incluso países contaran con un reconocimiento semejante en su historia, no me cabe duda de que extraerían de él una difusión mundial y un provecho de los que nosotros carecemos. De hecho, la Carta Maga de Juan sin Tierra ha conseguido ese eco al que me refiero siendo posterior (1215) a los Decreta leoneses y por supuesto de menor relevancia en cuanto a las normas y leyes dictadas por nuestro rey Alfonso, ya que la famosa Carta Magna se trataba poco más que de un acuerdo de paz entre el propio Juan y barones rebeldes contra el despotismo del monarca inglés. Acuerdo que por cierto, nunca se cumplió. Como también se quiso atribuir ese mérito al Althing islandés cuando fue un parlamento al que solo acudieron poderosos nobles y del que no se conoce actividad legislativa alguna.

Con lo expresado quiero decir que a la difusión y puesta en valor de este hito con que contamos los leoneses le han faltado los apoyos necesarios para impulsarlo al lugar que merece.

Es justo reconocer que durante la alcaldía de Emilio Gutiérrez se realizó una meritoria labor divulgativa y es cierto también que con el actual alcalde José Antonio Díez se están llevando a cabo iniciativas importantes en aras de conseguir ese objetivo. Pero vistos los resultados podemos concluir que los esfuerzos realizados hasta la fecha han sido insuficientes.

Los motivos que han influido en este pobre resultado puede que sean varios y diversos pero sobre todo considero esencial para otorgarle ese carácter universal que le corresponde el apoyo de instancias superiores, del que ha carecido y carece. Por una parte la extraña Junta de Castilla y León que padecemos no se implica como debiera (a veces incluso da la impresión de que le gustaría dirigir sus esfuerzos a ocultarlo).

Y tampoco desde los gobiernos centrales se le ha querido prestar la atención y el apoyo de los que hablamos, cuando un reconocimiento como el de considerar a nuestra ciudad Cuna Del Parlamentarismo es un hecho histórico de una importancia extraordinaria para León pero también lo es (o debería serlo) para toda España.

Por ello extraña aún más la falta de implicación de administraciones que debieran ser las primeras interesadas en difundirlo y apoyarlo.

A propósito de la Cuna del Parlamentarismo
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