miércoles 14/4/21

Psicoanálisis, religión y derecho

Reconozco que el tema no es muy apropiado para esta sección de Tribuna. Pero me ha dado pie a ello, el artículo que el día 7 de febrero se publicó en estas mismas páginas bajo la firma de Antonio Leira y con el título de El paradigma psicoanalítico, cuya conclusión es la teoría de Freud que «definió a la religión, sea cual sea, como la neurosis obsesiva universal» (y que, el señor Leira, hace suya con absoluta rotundidad); y pretende crear «una sociedad donde los principios psicoanalíticos constituyan la base del proceder humano». Como hasta ahora ningún profesional de la religión ha terciado en estas conclusiones, me atrevo – aunque no sea mi campo el de la psicología pero sí el Derecho - a hacer algunas consideraciones.

Por de pronto la palabra paradigma es tan pretenciosa que el mismo diccionario nos dice que es un ejemplo a seguir, que es un modelo que se acepta y no se cuestiona.(una ilusión personalísima que no está acorde con las teorías actuales). El psicoanálisis es un método terapéutico intensivo y profundo que se centra en los factores de la conducta humana, problemas emocionales, conflictos individuales con respecto a la sociabilidad, etc. De forma que sobre estos dos conceptos admite que la nueva realidad humana debe seguir las pautas freudianas de que la religión es algo obsesivo. Lo mismo podría haber seguido a Nietzsche al decir que «las cloacas del alma se sirven del buen Dios».

No es nada nuevo, pues Freud siguió los pasos de Marx al decir que la religión es el opio del pueblo. La cita completa de 1844 es: «La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo». Como se aprecia es un pesimismo vivencial sin valor del espíritu. Es la vuelta a la nueva teoría materialista que dicen: el hombre creó el silex, más tarde inventó la rueda y un día dijo: voy a crear el alma; y así creó su propio Dios .Es un razonamiento muy elemental. Cuando Nietzsche dice que «Dios ha muerto», está reconociendo que antes existió y, por propia naturaleza de la psique, es decir de la esencia y de su energía. Si aplicásemos el razonamiento humano la energía ni se crea ni se destruye, permanece como relación del hombre y su Dios. En definitiva esto es la religión. Ésta existe porque el ser Supremo está presente. Lo demás es nihilismo o la destrucción de los valores tradicionales.

Por encima de todo tipo de doctrina, se encuentra el Derecho Natural, al que se considera como una serie de valores éticos y jurídicos por los que se ha de regir el hombre

La unión de la idea de la religión como neurosis de Freud y la del opio de Marx, da lugar a lo que se ha dado en llamar Freudomarxismo, como una especie de simbiosis entre el psicoanálisis freudiano y el marxismo antirreligioso. Un representante importante es Herbert Marcuse, aunque se ha posicionado, en alguna ocasión, en el sentido de decir de Freud «ha afirmado que los instintos, en su esencia más íntima, son conservadores» (Psicoanálisis y política, 169).

No obstante, por encima de todo tipo de doctrina, se encuentra el Derecho Natural, al que se considera como una serie de valores éticos y jurídicos por los que se ha de regir el hombre y que se constituyen en una serie de supremacía de derechos superiores y universales, anteriores y preeminentes al derecho escrito. Son en realidad una extensión de la esencia de la persona, con independencia de su voluntad, una naturaleza creada y asentada en el alma, aunque lo sea a «un dictado de la recta razón», al decir de Hugo Grocio. Por ello, no en vano se propugna que la religión sea un derecho que se contiene en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y que en su artículo 18 se dice: «Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión (…) libertad de manifestar su religión (…) la práctica, el culto y la observancia». De forma que no es un opio, ni es una obsesión, ni está sometida a psicoanálisis. Como relación con la divinidad es una esencia hacia otras dimensiones y como materia es un derecho.

Como se sabe la práctica de la religión no es moderna, sino que en la antigüedad ya existían religiones de distintas formas o dioses y que a partir de las llamadas «abrahámicas», se constituyeron el judaísmo, mandeísmo, bahaísmo, etc. En la actualidad existen unas 25 que la forman unos 7 mil millones de seguidores, entre ellos 2 mil millones y medio de cristianos y un 15 por ciento, del total de todas ellas, que se consideran sin religión. Está claro que no se trata de un simple y reducido psicoanálisis de la persona sino de una creencia y, aunque se diga que está regida por emociones, se contestará ¿qué es la esencia humana sino las emociones?

Si nos centramos en la religión occidental como es el cristianismo, la practicamos como un valor en sí misma. Para demostrarlo no voy a citar ni las encíclicas ni a los padres de la iglesia sino a nuestro Miguel de Unamuno que decía: «El cristianismo es un valor del espíritu universal que tiene sus raíces en lo más íntimo de la individualidad humana» (La agonía del cristianismo, 13). De tal suerte que si tomamos como referencia esta religión, mayoritaria en el mundo occidental, nos situamos en un colectivo de recta razón - sin obsesiones psicoanalíticas – que transitamos por unos valores supremos entre la esencia- el alma- y la deidad.

Nota Bene. El señor Leira reconoce en su artículo que estuvo en tratamiento en el Hospital Santa Isabel de León, con el diagnóstico de «psicosis maniaco-depresiva»·. Ha sido sincero.

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