jueves 26/5/22

Antes de entrar en materia, en este caso el flamante libro de Afrodisio Ferrero Pérez Guzmán el Bueno. La grandeza de un héroe, debo precisar que no puedo ser neutral en mi opinión personal sobre el autor y su obra. Porque, además de compaisano, soy amigo y admirador de este ilustre hombre del Páramo que, según la norma de nuestro común director en el antiguo ABC, el extremeño Pedro de Lorenzo, no querría alcanzar ningún galardón en la vida si, para obtenerlo, tuviera que renunciar a su condición de extremeño. Pues igual A.F., como tantas veces lo ha demostrado, aquí en versión leonesa, el autor del, entre otros, Amarás a tu Tierra.

En su faceta de profesional del periodismo (diarios Pueblo y ABC, RTVE, etc.), ¿no será nuestro colega y amigo el trasunto de aquel Afrodisio que el gran Luis Mateo Díez dibuja, en el ámbito de un periódico local, en su novela, traviesa, desopilante y cargada de retranca leonesa, Las Estaciones Provinciales (1982)? Esta elucubración podría apoyarse en el hecho de que no es fácil encontrar por ahí a muchos otros Afrodisios; y, desde luego, ninguno semejante al nuestro.

Aprovecho aquí la hospitalidad de Diario de León para contar una anécdota que recuerdo del ABC en su sede secular de la madrileña calle de Serrano —primeros años de 1970—, donde ambos manteníamos una especie de mano a mano a la hora de publicar artículos relacionados con León. Yo no sé si tiempo antes el astorgano Lorenzo López Sancho habría convidado alguna vez a sus compañeros de redacción con las afamadas mantecadas de su pueblo, pero lo que sí puedo afirmar es que fue A.F. el introductor de los nicanores de Boñar entre sus colegas del periódico. Todo empezó una tarde, cuando convidó a sus compañeros —que nunca los habían probado antes— a esos exquisito hojaldres. Y desde aquel instante su consumo se hizo viral —como se dice ahora— y raro era el fin de semana que un ordenanza de la casa —un ‘propio’, le llamaba AF— no se desplazara a buscar los nicanores hasta la minúscula pastelería Boñar, en la calle Coslada (clausurada hace algunos años).

Porque a la postre este libro significa en la bibliografía consagrada al héroe de Tarifa el equivalente iconográfico que representa el monumento, esculpido por el segoviano Aniceto Marinas, levantado en la glorieta de su mismo nombre

Pero para ir abriendo boca, ¿qué es en realidad este —muy meritorio— trabajo de A.F.? Juguemos primero, entonces, a un juego de sinonimias: ¿es una excerpta, un epítome, un florilegio, una antología, un enquiridión, una pandectas, un ‘Espasa’ sobre esta figura imperecedera de nuestra historia (o tal vez metahistórica)? Del Guzmán emparentado con aquellos «Guzmanes de Castilla» que Cervantes enaltece en El Quijote y que en el inconsciente leonés se interioriza como un elemento inseparable de la geografía capitalina. Porque a la postre este libro significa en la bibliografía consagrada al héroe de Tarifa el equivalente iconográfico que representa el monumento, esculpido por el segoviano Aniceto Marinas, levantado en la glorieta de su mismo nombre.

Como es de esperar, algunos dirán que la tarea intelectual del paramés parece ‘discutida y discutible’ si damos por buena la conocida y esplendorosa cogitación de ese coterráneo nuestro, asombro de los siglos, J.L. Rodríguez Zapatero (aunque en nada comparable al Guzmán, el Bueno, naturalmente) que Ferrero rescata en el contexto de la memoria histórica, en nada parecida a la que dejó nos diseñada dicho presidente emérito del Gobierno de España.

Se desprende del propósito que anima la ímproba tarea del presente ensayo —que eso es a la postre, el ‘Guzmán el Bueno...’— que el autor bracea entre el mito o la leyenda y la realidad histórica, documentada, del protagonista de una gesta ‘presencial’, —es decir, lo contrario de virtual— que bien podría inspirar cualquier tragedia de Shakespeare. La gesta y mucho más el gesto de un héroe —leonés, no lo olvidemos— que brilla con luz propia en el panteón universal de virtudes y valores como Nobleza, Honor y Lealtad.

Y aun dejando de lado el talante apologético del libro todo, no basta con su somera lectura para ponderar el fruto y la calidad de la información que contiene esta novedad editorial (Ediciones Unión Leonesa. Madrid, 2021. Con textos preliminares de Isidro González García, Luis Alonso Luengo y María Arrabal Murciego Álvarez) que Afrodisio Ferrero —también jurisperito— acomete con el loable afán de ponernos al día, o de visibilizar —algo hoy tan de moda—, a uno de los leoneses con mayor proyección en todo el orbe cristiano. Y a partir de eso, que los entendidos abran un sano y constructivo debate sobre la figura —cuerpo y alma— de, Guzmán (Alonso Pérez de), el Guzmán el Bueno inmortal de toda la vida. Y a los que no aprendamos la lección magistral que Afrodisio Ferrero Pérez nos brinda, a lo largo de trabajo, pues digo yo que deberemos aplicarnos el dictado del conocido anónimo popular: «...por ahí se va a la Estación».

Por qué llamamos Guzmán cuando se dice Afrodisio
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