miércoles. 01.02.2023

El notable incremento de las quejas registradas en el Ayuntamiento de León sirve de termómetro para medir el enfado creciente de la ciudadanía por la falta atención hacia servicios e infraestructuras que son básicos. Llama la atención que la mayoría de esas reclamaciones —más de 4.000 el año pasado— llegan por deficiencias en materias como el alumbrado, el asfaltado de calles o la deficiente conservación de aceras que acaban convertidas en auténticas trampas para las personas mayores. La estadística de las quejas, que será hoy analizada en una comisión municipal, evidencia que existe un problema grave en la conservación en la ciudad. Un aumento tan notable en apenas 24 meses evidencia que algo se está haciendo mal y que no todo puede achacarse a la crisis. Es verdad que hay problemas económicos que impiden afrontar proyectos nuevos pero el Ayuntamiento falla en lo que sí es factible, en el aprovechamiento de sus recursos para facilitar la vida a los ciudadanos.

A los evidentes problemas generados por los fallidos planes de asfaltado se unen incontables baldosas que se mueven en las aceras, barandillas rotas, fallos en la recogida de residuos o jardines descuidados que se ponen de manifiesto en esos cientos de quejas que llegan por carta, a través de llamadas telefónicas o por correo electrónico.

El trabajo en el día es clave en una institución como un Ayuntamiento. Su dejación de funciones genera un deterioro creciente que cuanto más tarde en solventarse más se estará complicando.

Quejas ciudadanas, un termómetro de la ciudad
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