sábado 27/11/21

Oigo decir de un conocido epidemiólogo, el Dr. Gestal que «los chicos no aguantan más» y que hay que facilitar pronto a los chavales los contactos interpersonales». Y añade: «Los jóvenes son muy importantes en la difusión de la infección por su mayor interacción social y descuido en el cumplimiento de las normas de prevención».

Señor Gestal, no me convence su opinión aunque la frase parezca una realidad. Los jóvenes (que se prestan al ambiente que contagia) están siendo culpables de la velocidad galopante de la pandemia en España en esta quinta ola, ola que para llevarle la contra una vez más al señor Simón, no es una olita, ni una ola plana, sino un señor puerto que estamos comenzando a subir y que es más alto que los anteriores.

Que un epidemiólogo de fama haga estas declaraciones, no es nada académico. Estos días están apareciendo declaraciones parecidas y demagógicas. No culpamos a «la juventud», juzgamos a una parte de esa «juventud».

La situación, se reproduce cada vez que nos confiamos, es decir casi siempre. Todo empezó con el levantamiento del estado de alarma, que coincidió con la liberalización de la mascarilla, con el final del curso escolar y universitario, con el inicio del verano, con los viajes fin de curso, con los movimientos vacacionales y con la «ansiedad» por salir y salir a toda costa, como si mañana no fuera a amanecer y nos pudiéramos perder algo.

Se nos abre la puerta y se nos dice: «portaros bien». No seré yo quien ponga en duda que los que más ganas tenían de salir (como hemos comprobado) son los jóvenes de entre 15 y hasta 30-40 años, aunque matizaré que solo una minoría, no más de un 5%.

Para ser sincero también pensé que debiera ser para algo más que concentrarse, apelotonarse sin mascarilla, con un vaso de alcohol en la mano y mucha estrechez (no hablo de la mental, sino de la física). No me olvido de los domicilios particulares.

Y como era de esperar, llego la quinta ola dominada por población joven y no vacunada. Gente que tenía muchas ganas de salir y a los que les habíamos dicho que la enfermedad en ellos era leve, que producía menos hospitalizaciones… que casi eran inmunes, como que ellos no iban a enfermar. No sé si antes de salir, sabían dónde iban a dormir esa noche y con quien: padres, cónyuges, hijos, hermanos, abuelos… Parte de la culpa es de hecho de los jóvenes (de algunos, vuelvo a matizar), tenían ganas de salir y «salen». Con la recomendación del Gobierno, «culpable primero» por la relajación o abandono de las medidas que nos estaban funcionando.

Preguntas:

1. ¿Habría que intensificar la vacunación en las franjas de edad más bajas y revacunar con segunda dosis sea al coste que sea entre 60-65?

2. ¿El brote de contagios en jóvenes hace prioritario completar las dosis de los mayores?

3. ¿Es necesario proteger a la población en riesgo?

Las tres preguntas se responden con un sí absoluto. Y como «decisión política que no sanitaria», (ya tomada y puesta en práctica) pensaron que tal vez sería mejor «permitir» una explosión de infecciones porque «total» y según palabras de quienes nos están «informando», producen en los jóvenes escasa hospitalización y mortalidad. Siguiendo esta «premisa» de nuestros políticos, los jóvenes se contagiarán pero no llegarán a los hospitales, porque tienen menos riesgo de enfermedad grave y su forma de enfermar es por lo general «asintomática». Esta forma de percibir o de decirnos a todas horas que la enfermedad en los jóvenes es «poco grave», está jugando y mucho en su contra.

Sigo con el razonamiento político (que no sanitario). Todos estos casos nuevos nos permitirán (se dicen ellos entre sí) de paso ahorrar «unos millones de vacunas» y «unos millones de euros». Si me siguen, esto que estoy exponiendo es mí forma de percibir como se están sucediendo los hechos.

Mi opinión es totalmente contrapuesta. De esta forma además «salvamos» la hostelería y al sector turístico que ya nos hemos dado cuenta es el sostén de nuestra economía. Naturalmente de la hostelería solo me refiero a la «bullanguera», la del ruido, la de la jarana y la de las copas sin el adecuado control. De la irresponsable, en una palabra. Al ritmo que lleva la quinta ola, las hospitalizaciones, las UCI y las muertes van a ser de nuevo insufribles.

La incidencia acumulada sobrepasa con creces los 300, lo cual supone un «riesgo extremo». La presión sobre las Unidades de Atención Primaria está comenzando a ser asfixiante, aumentará la presión hospitalaria, de los rastreadores, mejor no hacer comentarios. ¿Ha sido un riesgo poco ponderado? ¿De dónde salió la idea? ¿Sabremos la «historia del por qué de las últimas actuaciones sobre la pandemia? ¿Sabremos si levantar la veda solo ha sido una decisión política? Yo no tengo dudas de donde ha salido. La considero pura «estrategia política», elaborada con astucia. Maquiavélica.

Mientras esto sucede, el señor Simón y la señora Darias nos cuentan que «es difícil valorar qué medidas se deben de tomar» para frenar la explosión de la pandemia. Eso sí, dicen «que las medidas sean coordinadas», pero no dice por quien…Señores lo tienen fácil, pregunte a cualquiera de la calle y tendrá la solución: imponer medidas restrictivas, incluso el toque de queda si es preciso. Lo de apelar a la responsabilidad de los jóvenes para frenar los contagios es de mal gusto. El mal ya está hecho, debemos reconocerlo y minimizarlo. No había ningún factor favorable para suspender las restricciones.

Noticias: Una buena noticia: Nada indica que precisemos una tercera dosis de vacuna. Otra buena noticia, de los estudios se desprende que la inmunidad puede durar años. Otra buena noticia el ritmo de vacunaciones parece bueno, con un lunar: los fines de semana. Y una cuarta buena noticia: dos dosis de Pfizer pueden con la variante Delta.

Una mala noticia: la mayor trasmisión en los grupos no vacunados hace más probable que el 10% de vacunados que no han conseguido inmunidad (como si no se hubieran vacunado) tengan más probabilidades de infectarse. Este 10% está en las edades mayores. Tenemos idea de cuantos mayores que consideramos vacunados no han quedado vacunados? Pues nada menos que el 5-10%, como «medio millón».

Otra mala noticia la inmunidad colectiva parece ser que no se alcanzará hasta que no nos aproximemos al 100% de vacunados. Debemos confiarnos a la inmunidad celular o inmunidad propia, personal para poder si acaso librar algún caso.

Soluciones: Me da que tardías, pero: vacunar, vacunar y vacunar, a quien llegue, de la edad que sea, a la hora que sea, incluidos los fines de semana. Sin pausa.

Y luego el que sea dado al rezo, que rece, otros esperaremos… otro gesto de la ciencia… y de los sanitarios,

Los 75.000 euros del señor Cantó darían para contratar «algún vacunante». Creo yo. Y medidas restrictivas. Las que sean…

¿La quinta ola, ha sido «estrategia» política?
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