martes. 31.01.2023

Burla burlando las redes sociales han ido tejiendo un manto de Penélope y, queriendo o sin querer, están transmutando su función de «relaciones públicas», a la captura de audiencias de masas, o algo parecido. Es decir, el maravilloso estadio de la Informática (y no excluyo de él a los bienintencionados rederos, que seguro que los hay) es utilizado como campo de Agramante para que los moradores de este planeta jueguen, por medio de Internet, en dos grupos: unos, con «herramientas» tales como la investigación profesional, la libertad en la comunicación informativa y la búsqueda y decantación de la verdad, a toda costa. A este bando la gente suele llamarle periodismo, o digitales.

El otro grupo se presenta en la cancha frecuentemente con doble lenguaje, doble ropaje y doble intención. Y en cuanto a sus modos operativos, por lo regular y tras acontecimientos socialmente notables, podríamos identificar a los actuantes de las redes por sus técnicas variopintas, proposiciones llamativas, y enredos. Hasta es posible que este último vocablo haya servido a la gran masa de internautas para la denominación red social. También es cierto que, en ocasiones, asisten la razón y las razones a los usuarios de Facebook y Tuenti, pongamos por caso. La legalidad de las redes, es suya y contrastada en la Constitución, en el artículo 20. Ya hubo en 1978 quien escribió que esa facultad soberana facilitaba la intromisión en el trabajo especializado de los periodistas avalados por escuelas para comunicadores, públicas y privadas, que después devinieron en facultades universitarias. Pero ya se habían abierto las compuertas a muchos multimedia, valga la redundante expresión. Recuerdo que los partidarios de una profesionalidad informativa academizada argüían que, si las carreteras podían ser utilizadas por conductores de toda clase de vehículos, sin que ello implicase licencia para que dichos conductores pudieran construir calzadas a troche y moche, por qué razón la accesibilidad a los medios de comunicación era tolerada sin demasiada garantías ante el pueblo, y en detrimento de los periodistas per sé. El pensamiento es universal y libre, como lo es el antiguo adagio de que «cada cuál atienda su tienda».

La que nunca fue dudosa es la palabra, la herramienta más genial con que Dios dotó al hombre. No obstante, por ser útil a la humanidad y sobrenatural en su concepción, no se puede hacer con ella el uso que a cada cuál le venga en gana; como ocurre en determinadas redes. Ciertamente red no es periodismo; excepción hecha de los bloggs de debate con participantes identificados, y de las publicaciones digitales incardinadas en la órbita informativa habitual, de tránsito obligado por caminos eléctronicos. Los trenes expresos circulan por carriles por los que lo hacen los de mercancías…

Aunque no lo parezca, hoy es san Francisco de Sales, obispo de Ginebra, escritor y orador sagrado, doctor de la Iglesia y patrono de los periodistas. Lo de aunque no lo parezca no es una pulla sobre la marcha, sino un reflejo surgido de la coincidencia de la fecha compartida, la de hoy (por cierto, también festividad de Nuestra Señora de la Paz) con el día de los profesionales informadores. Nosotros, a diferencia de los mineros, con su santa Bárbara, los estudiantes con su santo Tomás de Aquino y España con su patrona la Inmaculada, somos lacónicos hasta lo inverosímil. No sabemos —ni contamos— si habrá reuniones, de más o menos fuste gremial, o mayor o menor carácter informativo. No hemos contado algo relativo a los actos en honor al patrono, sencillamente porque entre los folicularios no existió casi nunca un entusiasta clima del día de… los periodistas, en este caso. Por otro lado no es sencillo confeccionar un programa de celebraciones para quienes la hoja de ruta diaria no se adapta bien a los horarios de la gente en general. Alguna cena de compañeros, y a correr. A todos ellos, trabajo, noticias a pie de móvil, fuerza moral en la tarea y ninguna desacomodación en el año que acabamos de empezar. San Francisco de Sales no ha pensado nunca en escribirnos una carta de desafección. Él se siente muy reconfortado con su patronazgo y siempre nos acompaña en éstas y en aquellas situaciones comprometidas —o importantes— de cada cuál. Yo le estoy muy agradecido porque me ha deparado múltiples favores y sacado de muchos jardines. Además, todos los años tal día como éste me da tema para escribirles a ustedes, lo que resulta gratificante.

La red social no es periodismo
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