jueves 22/4/21

Reflexión desde la discrepancia: ‘La corona de espinas’

Estimado Sr. alcalde: Hace meses que deseaba mandarle este mensaje u otro parecido, pero tras haber leído ya dos informes de queja de los barrios, yo estoy en el Ejido, también sucio y abandonado, y tras sufrir el covid con sus secuelas que me han mantenido atado al mástil hospitalario de los goteros durante largos días e infinitas noches, aprovechaba el tiempo oyendo la radio y leyendo el periódico. Escuchaba y leía cómo usted, al llegar a la alcaldía, tenía y mantiene una obsesión que yo no había conocido en consistorios anteriores, de uno y otro color: «Cambiar Ordoño II». Usted me daba desde el primer día, y me sigue dando actualmente, la impresión de que León es solo y principalmente Ordoño II y su entorno. Y mira que yo valoro y quiero esa zona en la que he tenido mi despacho durante doce años, exactamente en Alcázar de Toledo.

Pues bien, su obsesión desmedida, sí, sí, obsesión parece, (¡puedo estar equivocado!), que le hace olvidar y abandonar (¿excluir?) a diario otros barrios y, en lugar de convertirlos en corona de oro para Ordoño, los tiene convertidos en una corona de espinas: el Crucero, el Ejido, San Mamés, San Esteban, la Inmaculada, Armunia, Puente Castro, Oteruelo… ¡Qué abandono en las aceras, en los muros pintarrajeados y sucios, en el bacheado de sus calles! ¿Para qué seguir enumerando, cuando los vecinos podrían empapelar su despacho con fotos de la abundante miseria con la que cada día se topan al salir de casa? ¿Por qué no emplear un poquito de dinero para una campaña de educación, que evite tirar papeles por la calle, o los billetes por todos los autobuses, que parecen papeleras sin barrendero? ¿Y qué hay de esos grafiteros que manchan las paredes del vecindario y no las de sus casas? La educación cuesta menos y es más efectiva que colorear el asfalto, nacido negro y hermoso de por sí ¿no le parece?

Yo, que nací en el Bierzo, pisé León por primera vez en junio de 1957, usted aún no había nacido; estuve dos día acogido precisamente en Armunia, cuando no estaba anexionada con León. Era un pueblecito del extrarradio. Luego volví los veranos de 1966 al 1969, permaneciendo, también en Armunia, todo el curso 69-70, cuando era alcalde pedáneo el Sr. D. José Velilla Oblanca. A usted acaso no le suene porque era muy niño. Pues el Sr. Velilla apoyó y facilitó la creación en su municipio de la que hoy es Facultad de Agrónomos, la puesta en marcha del Centro D. Bosco, toda una Escuela de FP, modelo y orgullo para él, para sus convecinos y hoy para todos nosotros; más tarde se sumó la rama femenina de las Salesianas; mucho antes, (1956), ya habían llegado los salesianos a la Fontana. La labor callada, pero eficiente, del bueno del Sr. Velilla (no sé si le habrán dedicado alguna calle, que bien mereció), contribuyó a poner el nombre de Armunia en los membretes de muchas cartas e hizo apetecible para León adscribir este pequeño pueblo de extrarradio como barrio a la ciudad de León, precisamente hacia el año de su nacimiento, D. José Antonio.

Pero le voy a decir más sobre la historia de este barrio hoy «abandonado y empobrecido». La Fontana fue el chalé de D. Miguel Díez Gutiérrez Canseco, prohombre leonés benemérito y bastante olvidado, que fue brazo importante en León de Miguel Primo de Rivera; fue presidente de la Diputación y luego diputado hasta la segunda República; fue el fundador de la Cultural Leonesa, y sus restos, con los de su Sra. esposa y los de Liselotte Peage Beinhorn, descansan en la cripta de la parroquia de San Antonio de Padua; su influencia en el ministerio de Fomento, con Primo de Rivera, colocó la estación ferroviaria de carga carbonífera en lo que hoy es parte de Armunia y lleva el nombre de barrio Canseco, como también lo llevaba la que hoy es avda. de Antibióticos, antes avda. de Canseco. ¿Ha visitado usted aquel rincón abandonado, lleno de zarzales y de escombros? No es agradable, ciertamente, pero el abandono es patente y es su responsabilidad limpiar o hacer adecentar elementalmente, ese rincón histórico, sin necesidad de gastar y volver a gastar euros en colorear Ordoño, que no estaba nada mal ni necesitaba volver a ser levantado.

Le digo esto, señor alcalde, para que usted, muy jovencito o recién nacido cuando Armunia era «autónoma», deje su obsesión por Ordoño y cuide la Historia de los otros barrios, Historia que se engrandece, antes de nada, con la limpieza y el aseo de sus aceras, de sus paredes y muros, con sus calles bien asfaltadas y libres de baches . Esos barrios no pueden ser un vertedero, (algunos lo parecen), en la corona de Ordoño.

León no sólo es Ordoño II y su entorno; los impuestos de todos nosotros, que usted administra, no pueden olvidarse de San Mamés, Armunia, la Inmaculada, San Esteban, el Crucero, Oteruelo, Puente Castro, ni del Ejido, ese barrio que era la «salida» (exitus), de ahí su nombre, por Puerta Obispo hacia las eras de la Granja. Por cierto, le recuerdo que, entre otros edificios con tejados de uralitas cancerígenas, está en nuestro barrio la nave dedicada al ejercicio y entrenamiento físico-deportivo, lindante con el supermercado Aldi, el nuevo polígono de la Granja y el actualmente en construcción ambulatorio sanitario del Ejido. Librarnos a nosotros y a todos los ciudadanos de León de este grave, aunque silencioso y silenciado, peligro, es más urgente y necesario que todos los colorines de Ordoño II.

Espero, señor alcalde, no haberle molestado con mi llamada de atención, pidiendo auxilio justo y merecido para el cuidado y decoro de los barrios que forman la corona del Rey Ordoño II, cuya avenida parece haberse convertido en el único reclamo para usted y su corporación. Vamos a repartir atenciones y servicios básicos y elementales, antes del regodeo central.

Reflexión desde la discrepancia: ‘La corona de espinas’
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